Alto Comedero, comunidad verbita y misionera

Sus orígenes

El 13 de abril de 1996 llegaron a la localidad de Alto Comedero de la provincia de Jujuy, el Hno. Dionisio y el P. Esteban, ambos misioneros del Verbo Divino. La Congregación en efecto, haciendo una opción preferencial por los pobres, quería hacerse presente en aquellos lugares de frontera, necesitados de evangelización.

Alto Comedero, situado a 12 kilómetros de San Salvador de Jujuy, había surgido del asentamiento de gente proveniente del altiplano, de la quebrada y de Bolivia. Gente que buscaba una nueva realidad de vida y un futuro mejor para sus hijos. Así, el número de los pobladores creció rápidamente y en tan sólo diez años, la población pasó, de diez mil habitantes a sesenta y cinco mil. Esta explosión demográfica, ocasionó un gran número de problemas, pues no existían las infraestructuras adecuadas. Aún hoy, la población cuenta con solo una farmacia, un dispensario y un destacamento de policía.

Sin temor a equivocarnos, podríamos definir a la población de Alto Comedero, como la “gente del éxodo”, que vinieron a asentarse allí, con solo algunas pocas pertenencias y los corazones llenos de esperanza en un futuro mejor. Incluso hoy, podemos constatar que todavía el 80 % de las casas están es proceso de construcción y esto es signo de que también la comunidad está en proceso de construcción.

 

Comunidad Misionera

El proyecto original, había sido justamente, formar una comunidad religiosa “inserta” en este medio. Esto quiere decir que, los misioneros, querían caminar junto al pueblo, en un proceso de construcción comunitaria, que partiese de la gente misma, sin imponerles viejas estructuras de otros lugares que no respondieran a sus propias necesidades. A una realidad nueva se debía aplicar una pastoral nueva.

Tanto los misioneros del Verbo Divino como las Hermanas Siervas del Espíritu Santo se instalaron entre la gente, con el mismo tipo de casas humildes, viviendo como la gente y en medio de la gente. Las mismas personas del lugar ayudaron en la construcción, para que tuvieran un lugar donde vivir.

Así fue como durante los primeros años, la comunidad verbita se dedicó a caminar con la gente y a apoyarla en este proceso de construcción de los entramados sociales y comunitarios. Se apoyaron los proyectos de la gente, sin tratar de imponerles nada nuevo o ajeno a ellos mismos. A partir del primer año se comenzaron las reuniones por sectores en las diferentes barriadas. Se empezaron a crear proyectos de vida y de convivencia y a unir a la gente en torno a proyectos comunitarios concretos que ellos mismos elaboraban. El lema era: “Reunirnos para Unirnos”.

Al ser una comunidad inserta, que rompía con los tradicionales esquemas de parroquia y presencia religiosa, se la consideraba una comunidad revolucionaria y muy innovadora. Todo esto, obviamente, no era comprendido por ciertos sectores eclesiales.

No existía una sede parroquial, la pastoral se hacía en las casas. Se vivía y se compartía con la gente desde un plano de absoluta igualdad, se caminaba con ellos sin forzarlos y se tenía el oído más puesto en el pueblo que en las estructuras tradicionales de la Iglesia.

Hoy, la población de Alto Comedero, continúa teniendo expectativas para el futuro, con la esperanza de poder trabajar, para construir un mundo más humano, para ellos mismos y para sus hijos. Trabajan en muy diversas tareas: hay trabajadores “golondrinas” que siguen los cultivos del tabaco, de la chaucha o del tomate. Otros hacen changas de albañilería mientras que las señoras se trasladan diariamente al centro de San Salvador para trabajar como mucamas o niñeras.

Este deseo de progreso y de un trabajo digno está siendo minado por la política social y laboral que nos está tocando vivir. Los “planes de Jefes y Jefas de hogar” destruyen la cultura del trabajo. Reciben 150 pesos al mes y se despreocupan de buscar un trabajo digno. Muchos jóvenes que reciben estos planes abandonan sus estudios y proyectos de futuro al recibir del estado ese poco de dinero con el que pueden subsistir. Todo esto socava profundamente los proyectos del pueblo, para trabajar unidos por un mundo más justo.

Una de las características más notables de esta comunidad es su gran religiosidad. Es una religiosidad propia, de la gente, popular. La mayoría se confiesa católica y se debe resaltar que hay una masiva participación en la catequesis familiar. Se observa una muy marcada devoción a la Virgen María, sobre todo en las advocaciones de Nuestra Señora de Río Blanco y la Virgen de Punta Corral. El pueblo expresa su propia liturgia; es una liturgia casi paralela a la oficial de la Iglesia: triduos en las casas, novenas, procesiones, rezos etc. Ellos mismos, sin necesidad de nadie, organizan estas celebraciones. Otros importantes momentos de esta religiosidad son el carnaval, la fiesta de la Pachamama el 1° de agosto y el culto a los difuntos.

 

Parroquia Misionera

Después de seis años de presencia verbita, se decidió erigir una parroquia canónica, bajo la advocación de Ntra. Sra. de Loreto, patrona de la aviación militar argentina ya que allí cerca, se encuentra una base militar aérea. Como primer párroco, fue nombrado el P. Mariano Zakowicz.

Esta parroquia, es en realidad, una comunidad de comunidades, algunas de las cuáles, ya están caminando de manera autónoma, en lo pastoral. Ejemplo de ello son: Copacabana, San Martín de Porres, Loreto, Inmaculado Corazón, San Francisco Solano y Niño Jesús.

Hay que decir que Alto Comedero es también una comunidad muy misionera. Se han realizado tres misiones juveniles Verbitas y de las Hermanas Siervas del Esp. Sto. en este lugar con el lema “Ver, escuchar y sentir con el pueblo”. En estas misiones se realizó un censo y se visitó a las familias, viendo de cerca sus realidades concretas para poder responder adecuadamente a sus necesidades. Por otro lado el numeroso grupo misionero juvenil de la parroquia participa todos los años de las Misiones de Verano. En el año 2003 se erigió una gruta a San Arnoldo Janssen, que la misma gente construyó, esculpiendo una imagen, en honor al santo.

Alto Comedero es un buen campo para la promoción vocacional, porque la comunidad “inserta”, nos plantea una nueva forma de vivir en comunidad y una nueva forma de ser misioneros. Alto Comedero es un ejemplo de comunidad inserta, de comunidad verbita y misionera.