Asamblea Provincial ARS – 2015

Llevada a cabo del 7 al 10 de septiembre de 2015 en Stella Maris, Entre Ríos.

Reflexión de la Misa de apertura

Hoy abrimos nuestra Asamblea Anual de la Provincia ARS (Argentina Sur). Estamos contentos de volvernos a encontrar, en este último año han pasado muchas cosas, cohermanos nuevos se han sumado a la vida de la Provincia, otros han partido al encuentro definitivo con el Padre, a algunos se les ha pedido nuevos servicios y en todas las comunidades hemos intentado vivir lo que como Provincia nos hemos planteado y lo que tras la última visita general hemos reflexionado en los distritos y casas. Toda esa vida, la de la gente con quienes caminamos, la vida de la Iglesia en las diócesis donde nos insertamos, los desafíos que se nos presentan, los traemos aquí junto a nosotros. Este año en el marco del año de la vida consagrada, y cercanos al próximo sínodo de las familias, estamos tomando el pulso de nuestra vida religiosa misionera y nos seguimos proyectando como Provincia para buscar juntos y realizar la voluntad de Dios.

En el Consejo Provincial muchas veces nos hemos detenido en medio de las urgencias que se nos presentan: informes, correos, proyectos, pedidos, cuentas… a preguntarnos ¿cómo estamos manteniendo vivo el carisma fundacional entre nosotros y cómo lo estamos trasmitiendo a las nuevas generaciones? A veces corremos el riesgo de ser ahogados por el funcionalismo y el pragmatismo, y así arrinconar en un costado esta dimensión fundamental que es el carisma que hemos recibido y el cual da sentido y orientación a todo lo que podemos hacer y no dejar que sea inspirador para sostener y acompañar nuestra vida y misión.

El carisma es cuestión de la inventiva y fantasía del Espíritu Santo y siempre nos reubica decentrándonos de nosotros mismos y de nuestros cortos planes y limitadas perspectivas. El carisma del Espíritu que impregnó y tomó toda la vida de San Arnoldo y de muchos otros que hasta nuestros días nos lo han testimoniado; no es un pieza de museo para mantenerlo intacto en una vitrina para ser contemplado de vez en cuando y nada más, no es algo que podemos aislar asépticamente para protegerlo que no se contamine. El carisma no se conserva teniéndolo guardándolo, reteniéndolo en formulaciones y en textos o discursos, el carisma hay que abrirlo, hay que vivirlo, hay que ponerle cuerpo, hay que exponerlo en el contacto con la realidad para que allí se encarne, crezca, se renueve. La realidad, las personas, las inquietudes y problemas de nuestra época hacen que el carisma se recree  y actualice y a la vez hace que esa misma realidad se trasfigure con la fuerza espiritual que el carisma lleva consigo.

Ojalá en estos días, en medio y detrás de todo lo que conversemos, esté esta preocupación de cómo el carisma está vivo entre nosotros y le somos creativamente fieles en este siglo XXI, cómo nos enseña a mirar más lejos y en profundidad en medio de las circunstancias y urgencias que debemos resolver.

Nos ponemos estos días delante del Señor a quien le hemos consagrado nuestras vidas, ponemos el oído del corazón junto al corazón de Dios para captar sus latidos. El contacto con Él nos devuelve a nuestro mejor lugar: de hijos, servidores, discípulos. Darle la primacía, él nos amó primero y nos precede siempre, esta certeza nos regala la auténtica humildad de saber que sin él nada podemos, que en vano nos fatigamos, que la pesca se vuelve infecunda, que la siembra no produce, de lo contario nos tornamos autosuficientes, gallitos que se las creen, buscadores de la propia gloria, somos “figuretti” llenos de sí y vacío de todo.

Estos días también son para escuchar y contemplar la Palabra en la vida de la comunidad, en la realidad, cuando experimentamos que muchas veces somos absorbidos o tragados por la pastoral o el ministerio… no nos damos cuenta que nos volvemos simples y meros funcionarios y el carisma queda tapado. A veces tenemos que apartarnos un poco más para que Cristo ocupe el centro, nunca somos nosotros el centro. Sin contemplación y escucha de la Palabra no nos abrimos a la novedad del Espíritu, a las sorpresas de Dios, perdemos entusiasmo y no podemos responder con generosidad enamorada.

También estos días son para crecer en fraternidad, este encuentro y todos lo que hacemos en cada distrito y en la provincia, son para afianzar nuestra identidad de familia, nuestros lazos y vínculos, no para sacarnos el cuero y para fomentar el terrorismo de los chismes. La misión es compartida, somos corresponsables de la marcha de la Provincia, somos un “nosotros”, sujeto colectivo que hace la misión. La comunidad es una gran escuela de discipulado, nos supone mucha caridad y unidad, perdón y aceptación. El primer y más elocuente testimonio vocacional que podemos dar es nuestra vida comunitaria. No somos nosotros los que elegimos a nuestros hermanos con quienes vivir y trabajar; pero sí somos nosotros los que podemos hacer la opción y tomar la de decisión de amarlos como son, con sus límites y potencialidades, con sus grandezas y miserias. El Papa les decía a un grupo de consagrados: si hay discusiones y diferencias no se preocupen, mejor el calor de las discusiones que la frialdad de la indiferencia, que es el verdadero sepulcro de la caridad fraterna. Dialogo, comprensión, respeto, ayudan a superar los conflictos. Y, de este modo, vamos en el camino aprendiendo a aguantarnos, a perdonarnos, a querernos.

Finalmente, intercambiaremos nuestros proyectos misioneros, las opciones, las prioridades, el plan de acción, las actividades que ejecutamos y planeamos; que en el fondo nos es otra cosa que mirar cómo servir más y mejor. Servir sin encapsularnos en lo que cada uno hace o cree que hace bien, sino escuchar la vida y la voz de las situaciones que nos rodean, para no pasar de largo donde Cristo nos llama, envía y espera, en esas periferias y últimos, donde debemos hacernos presentes y no borrarnos. No tomar distancia, una iglesia que no sale es una iglesia de “exquisitos”, sino abajarnos en el servicio para curar, lavar y vendar heridas, para atender y manifestar la ternura y misericordia de Dios, para cuidar y acompañar a las familias a los jóvenes y a los pobres.

Pedimos al Señor que no seamos religiosos mediocres, amargados y dormidos; que la misión no sea algo “chirle” porque la hacemos como un trámite o algo a lo que salga. Que nuestra fraternidad y amor mutuo sea sincero y sin fingimientos. Estas son gracias que juntos queremos pedir en esta semana que compartiremos al calor de la Palabra y en torno al fuego del carisma que el Espíritu ha encendido hace 140 años allá en Steyl y que vamos alimentando con nuestros leños, renovando el corazón de cada uno y alentando la cultura del encuentro en la solidaridad. Dios nos bendiga y fecunda Asamblea para todos.

José Luis Corral svd
Provincial ARS