Callejeando la fe: evangelización sobre ruedas

Cuando asumí el año pasado el desafío de manejar un remis, les dije que realizaría una evaluación al final del año, bueno, ahora quisiera compartirla.

Si bien tenía experiencia de haber manejado en taxi durante un año y medio, estando como formador en Escalada, el remis es distinto, ya que no andás suelto por todos lados, sino que tenés que estar en determinadas paradas y esperar que te llamen. También son diferentes situaciones, en la anterior era formador, ahora soy párroco, pero creo que esto son sólo detalles que no hacen a lo esencial.

Estoy trabajando con el remis dos veces a la semana, martes y miércoles o jueves y viernes, de 6:30 a 14:30 hs. a veces un poco más. No me sobra el tiempo por lo demandante que es la parroquia, pero me gusta este desafío y esta experiencia que también es misionera, ya que me encuentro con muchas personas que no se acercan a la parroquia.

Muchos pasajeros me preguntan si lo que hago es compatible con mi sacerdocio, les digo que muchos consagrados, aparte de su ministerio, realizan trabajos diversos, algunos como profesores, maestros, representantes legales, otros como capellanes, etc. Y que lo mío es un trabajo quizás no muy común, pero ni más ni menos importantes que otros.

Cuando sube un pasajero, no le digo enseguida que soy misionero SVD, le suelo regalar una tarjetita con un texto bíblico, y le digo que es para que tenga un buen mensaje durante el día. A través de ello muchos empiezan a preguntar y otros hacen silencio.

Realizan muchas otras preguntas: ¿Pero ustedes no cobran sueldo del estado? ¿Les está permitido trabajar en un remis? ¿No tienen que estar todo el tiempo rezando? ¿Usted es cura católico? ¿Usted es un ex cura?

He tenido encuentros, ocasionalmente, con todos nuestros interlocutores, tanto en el taxi, como ahora en el remis:

Los pobres. Recuerdo un abuelo que vivía en una especie de ranchito, y se había hecho cargo de sus tres nietos, no viajaba en estos servicios, los llevaba caminando a la escuela. Ese día llovía y se vio obligado. No pude cobrarle. Y también aquella señora que pedía limosna a la salida de la iglesia de Santo Domingo y que abrió un pañuelito para pagar. Tampoco pude cobrarle.

Los buscadores de la Fe. Un científico, que me decía que el sentía que hay un ser trascendente, pero no podía darle rostro ni nombre, le interesaba el tema, por eso estaba en duda si era ateo o agnóstico. Le contesté que los cristianos vemos su rostro en cada ser humano, en cada necesitado y puede tener muchos nombres, le expliqué la diferencia entre ateo y agnóstico, que sí la sabía, y le respondí que era simplemente alguien en busca de la fe. Quedó agradecido con este nombre y se sintió identificado siendo un buscador de la fe.

Gente de otros credos. De todos los que se puedan imaginar, hasta un mormón que me pidió al final del viaje que entrara a su casa y allí me regaló el libro del Mormón.

Gente de otras culturas e ideologías. Recuerdo la muchachita venezolana, que cuestionaba duramente la existencia de Dios, o aquella mujer peruana, que deseaba ser monja.

Y no faltan las situaciones graciosas, como aquel hombre que afirmaba haber leído los Evangelios, y me decía: “Y como dijo Jesús en la Biblia: A la gente no hay que darle el pescado, hay que enseñarle a pescar”… ¡Ah bueno! Será que hay una nueva versión o traducción que me perdí. Y también varias veces, diferentes pasajeros, me han pedido que entrara en sus casas a bendecir el hogar o en un caso, una mamá a bendecir a su hijo con esquizofrenia, y me rogaba que le pidiera a Dios que tenga vida para cuidar de su hijo. En fin, podría seguir contando situaciones, pero me quedo por ahora con esto.

Finalmente, deseo iluminar este servicio con el texto de Felipe y el etíope (Hechos 8,26-39). El Espíritu que impulsa, un carro, una persona inquieta, un encuentro, un anuncio. “Levántate y marcha” y recordaba lo que dijo el Papa Francisco: “una Iglesia que no se alza y se pone en marcha, se enferma”. Estar siempre en camino.

“El Espíritu es el que llama, guía y moviliza”. Deseo dejarme conducir por él, y espero que el remis sea el carro donde anunciar la BUENA NOTICIA y que cada pasajero siga con alegría su camino.

P. Eduardo Porcheddu svd