Cambiar de actitud

YO ESTOY AQUÍ (31º Domingo C – Lc 19,1-10 / Sabiduría 11,22-12,2 / 2Tesalonicenses 1,11-2,2)

En el Evangelio, vemos a Jesús entrando a una ciudad, misionando, «mostrando el reino de Dios a la gente». Entre ellos estaba Zaqueo, un hombre de poder y sin necesidades, rico. Él no alcanzaba ver a Jesús, era pequeño de estatura y en el gentío quedaba oculto, poco visible. A zaqueo le interesaba conocer a Jesús del que tanto hablaban.

En nuestra vida, solemos tener momentos de confort, y otros no tanto, que nos atraen hacia una vida ocupada destinada a cumplir con obligaciones. Entonces ¿cuándo me abrazo a Jesús? Cuando termine, pague o consiga trabajo… ¿Qué hago a diario para que Jesús me reconozca entre tantos hijos del señor? ¿quiero buscarlo? Aquí vemos varios escenarios…

A Jesús, amoroso, quien vino por nosotros. A Zaqueo, un hombre, que vive según sus necesidades satisfaciendo su propio bienestar. Quien hoy tiene un gran interés en «ver a Jesús».

Y se esfuerza para llegar a Él. Una casa y una cena, dándonos la oportunidad de relacionarme tal como soy, donde se vivencia un encuentro personal que me hará cambiar mis propias estructuras y así pertenecer al pueblo de Dios.

Por otra parte, nos muestra la opinión de otros, que a veces nos definen y nos encajan en un marco personalizado, olvidando que todos podemos cambiar y reconstruir nuestra historia, convertirnos. No siempre estamos parados en el camino justo. ¿Cómo saberlo? ¿Quizás, conociendo lo que Dios quiere para mí?

Jesús se muestra, frente a nosotros, en la fatiga y las ocupaciones. Él vino por mí. Estemos atentos y dispuestos como Zaqueo, que ocupó de ser visible ante los ojos del Señor, quien lo sorprende llamándolo por su nombre. Al decir Jesús: «Zaqueo», confirma que nos conoce. Sólo espera que yo decida encontrarlo. Jesús hace posible ver al mundo desde la caridad y el amor que nos eleva frente al Señor.

Alejandra Goro
Parroquia Cristo Rey-Córdoba