Celesltino Zbrun SVD

+ 16 de Junio 2004 (1929-2004) | 29 47 49 55 56

El P. Celestino Zbrun nació en Colonia Saguier, Castellanos, provincia de Santa Fe. A la edad de 11 años entró en el seminario de Rafael Calzada y completó sus estudios de Humanidades en el Colegio San José de Esperanza. Su noviciado, filosofía, teología y votos perpetuos los hizo en Rafael Calzada, donde también fue ordenado sacerdote el 8 de enero de 1956.

Por muchos años trabajó en la formación de la juventud en los centros educativos de San José en Esperanza, San Salvador de Jujuy y Cristo Rey de Córdoba. Su principal misión continuó siendo la formación en los seminarios de la congregación: Stella Maris, Entre Ríos, San José de Esperanza, Villa Allende, Alta Gracia, y por dos períodos en el noviciado de Bialet Massé en Córdoba.

Durante tres años trabajó en la formación del clero diocesano en el Seminario Regional de Catamarca. Trabajó por un breve tiempo en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en las afueras de Alta Gracia.

Sus servicios como religioso misionero fueron más allá del área de la formación. Siempre estuvo disponible como confesor y director espiritual, inspirando gran confianza en la gente a la que ayudaba. El P. Celestino fue un modelo de disponibilidad y aceptación de los trabajos que se le confiaban en la congregación.

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Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede producir frutos

El viernes 18 de Junio, por la mañana celebrábamos la Eucaristía de despedida de nuestro P. Celestino, seguidamente acompañamos su sepultura en el cementerio de la Congregación en Esperanza.

Este viernes, solemnidad del Sagrado Corazón, la antífona de entrada de la misa decía: “Los designios del corazón de Dios permanecen para siempre. Él salva a sus fieles de la muerte…” (Sal. 32, 11.19) Y en ese Corazón de Jesús, donde se manifestó toda la ternura y misericordia de Dios, depositábamos como semilla la vida de nuestro hermano para que también quede sumido en su amor eterno.

El miércoles 16 de Junio, cerca de las 11.10 hs., la hermana muerte visitó nuestra comunidad. El P. Celestino, ese día estaba en reposo a causa de la tos y de un resfrío fuerte que le había atacado, por la mañana el médico lo revisó, le recetó unos remedios y le aconsejó hacer cama.

Pronto le procuramos todos los medicamentos y a cada momento algún novicio lo visitaba en su habitación, le llevaban los alimentos y estaban atentos a sus necesidades, casi puedo decir que nos brotaba “mimarlo” porque pocas veces en el corto tiempo que estaba con nosotros lo habíamos visto así. Le conseguimos las “cositas” que le gustaba (manzana, queso, pan de salvado, caldito, etc.), estaba de buen humor, escuchaba música clásica (su preferida) y no manifestaba tener dolores a no ser la molestia ocasionada por la insistente tos por la cual hacía varias veces al día nebulizaciones.

Cerca de las 11:00 hs. comienza a sufrir como un ataque de tos, donde ya se notaba con muchas dificultades para respirar, ahí lo asistimos (un novicio y yo), nos miraba y volvía un poco a respirar normalmente, le administré la unción, mientras tanto el médico estaba llegando y en esos instantes queda como dormido y sentimos que su corazón dejó de latir. Comprendimos que era la hora de su Pascua definitiva.

Enseguida fuimos a avisar a los demás novicios que ya estaban en sus habitaciones y al momento estábamos todos alrededor de su cama. Ellos lo vistieron y le prepararon un lugar para velarlo en la capilla, mientras avisábamos a los cohermanos y disponíamos lo que íbamos a hacer.

Esa noche hicimos una vigilia de oración, rezamos, cantamos, su cuerpo que ahora velábamos era todo un sacramento que nos reflejaba el Amor de Dios. Y a la madrugada del jueves 17 de junio celebramos la Eucaristía, donde agradecíamos al Dios de la Vida el regalo de nuestro hermano “Tino”, su vocación religiosa-sacerdotal, su testimonio entre nosotros… pedíamos por su eterno descanso y recordábamos con emoción, gratitud y cariño sus gestos, palabras, imágenes que revivíamos y en ello encontrábamos consuelo y fuerzas para acompañarnos en esta situación.

Ese amanecer nos encontró así, resonaba en nuestros corazones las palabras que escucharon las mujeres cuando iban al sepulcro muy temprano: “No está aquí, ¡ha resucitado!” y teníamos la certeza en la fe que en esta última entrega consumaba su unión con el Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo.

Al P. Celestino le gustaba hablarnos de la Trinidad como una experiencia donde nos sumergimos y nos adentramos en su amor, como en una “ronda de amor” o en una danza de vida y comunión. Es este Dios Uno y Trino quien lo recogió y le regala el contemplarlo cara a cara como era su deseo ardiente.

Después de los trámites que pudimos hacer a primera hora de la mañana, estábamos listos para el traslado a Esperanza, en ese corto tiempo pudieron arrimarse hermanos sacerdotes, religiosos y religiosas cercanas, algunos vecinos y con un responso despedimos de nuestra casa sus restos que en una ambulancia que con algunos novicios emprendía el viaje a Santa Fe.

En Esperanza aguardaban sus familiares, amigos, conocidos, cohermanos, después de unas horas de oración su sobrino Neri (sacerdote diocesano) ofrece la Misa junto con todos los que estaban allí, venidos de diferentes lugares, y a la mañana del viernes en el templo de la parroquia-colegio San José su sobrino Reinaldo, a pedido del P. Provincial, preside la Eucaristía acompañado de más de 20 verbitas (sacerdotes, hermanos y novicios), Hnas. SSpS, fieles de la comunidad local, parientes y amigos.

En estos días de acompañamiento pudimos recoger muchos testimonios, recuerdos, signos que nos hablan de una vida consagrada profunda, vigorosa y fecunda.

Muchos lo recordaremos como un hombre amable, cercano, generoso, bondadoso, para muchos fue un muy buen confesor, director espiritual quien tenía un don particular para la escucha, la comprensión y el consejo oportuno.

En las comunidades SVD nos acordaremos de él como un religioso muy fraterno, sabía gustar de la vida y los trabajos compartidos, las conversaciones y el mate amistoso que siempre brindaba. Era muy sensible y le dolía en el alma cuando entre nosotros faltaba el testimonio, había malentendidos, divisiones o algún hermano dejaba la Congregación o el ministerio.

Veo que el hecho que hayamos podido convocarnos cohermanos venidos de la provincia sur y norte, de Jujuy, Córdoba, Santa Fe, Ente Ríos, Buenos Aires es una muestra de cariño y reconocimiento hacia él y seguramente también su deseo de que crezcamos en unidad y concordia.

También siempre se mostró disponible para lo que le pedían, así asumió de los más diversos servicios (colegio, formación, parroquia, capellanía, etc.) y en todo ponía lo mejor de sí sabiendo que en todo debía darse sin mezquindades. Hombre práctico, de trabajo y sacrificios que también conoció de cerca sufrimiento y aprendió a vivir vecino de la enfermedad.

Creo que más allá de sus limitaciones y debilidades humanas ha vivido con mucha transparencia sus votos, cuando juntamos sus pertenencias nos encontramos con pocas cosas propias, (días anteriores había entregado a la caja de la casa su última jubilación) Todo lo comunicaba con franqueza y en sus compromisos no ponía ningún obstáculo. Si no me equivoco, parece que fue uno de los pocos en nuestra provincia que no viajó a Europa por algún motivo y pocas veces se mostró exigiendo algo para sí.

Entre nosotros hablaba con mucho contento y “nostalgia” de sus años compartidos como capellán con “sus queridas” Hnas. SSpSAP y de SSpS de la Casa de Retiros que le marcaron en lo más hondo de su ser. Celestino como hombre de oración, eucarístico, adorador y contemplativo podía transcurrir horas en la capilla del Noviciado como antes lo hacía en el Convento Divino Amor y por donde pasó.

Los novicios quedaban impresionados por su espíritu de oración, muchas veces se sentía irresistiblemente atraído a pasar largos ratos en la capilla, sentíamos que con los brazos levantados era un gran intercesor de todos nosotros que por ahí como jóvenes andamos más distraídos, inquietos o agitados.

Justamente el domingo anterior a su fallecimiento, en la fiesta de Corpus Christi, nos dejaba como regalo una hermosa custodia para la adoración eucarística que había reformado y embellecido, como él esta custodia es muy simple pero muy significativa. Cuando leemos este gesto nos decimos que ahí nos dejó su corazón y toda su recomendación, no dejó ninguna obra material importante sino lo más precioso: el deseo que siempre vayamos a Jesús, que nos enamoremos de Él, que volvamos a comenzar siempre desde Él que no defrauda y que como comunidad debemos vivir de la Eucaristía.

También nos impactaba su espíritu joven, abierto y siempre actualizado, leía las últimas revistas de noticias, de Vida Religiosa, pastoral, etc., informaciones sociales y de la Congregación, su último libro que estaba apuntando era “Fidelidad Creativa en la Vida Consagrada” que comentaba que lo atrapaba por su frescura. A los muchachos siempre le recomendaba lecturas, artículos, libros, con él se podía conversar de casi todo.

Sus homilías, reflexiones eran muy hondas, un sacerdote de la parroquia donde ayudaba nos compartía que le encantaba escucharlo porque se daba cuenta que lo que trasmitía eran cosas muy masticadas y rumiadas por él y que las sabía comunicar con espíritu y vida.

Sabía adaptarse extraordinariamente, en nuestro noviciado compartía llanamente con nosotros, sus picardías se conjugaba con su inocencia y nos hacía sentir muy acompañados; en sus charlas, clases de música, ensayos de cantos, sobremesa, recreación y en casi todo momento lo veíamos de buen humor. Su sola presencia irradiaba y creaba una atmósfera de calidez humana.

Era una riqueza contar con su compañía entre nosotros, tantas experiencias que había recogido en sus 75 años la pudo volcar con sabiduría; era un cofre abierto donde permanentemente salían vivencias que nos mantenían conectado con la memoria, las tradiciones y las raíces de nuestra familia Arnoldina.

Puedo decir, y sin exagerar, que Celestino en estos meses ha dejado en los novicios una profunda huella, que tal vez ni 10 años de formación, contenidos, programas, puedan lograr. En su vida pudimos leer el Evangelio y valorar, apreciar y querer la vocación cuando se la abraza con alegría y disponibilidad.

Dios reciba la ofrenda de su vida como simiente de nuevas vocaciones, que en fidelidad y perseverancia se vayan moldeando según el Corazón del Verbo y que con su intercesión nuestro servicio misionero produzca frutos de santidad y vida.

Todos conocemos su talento y pasión por la música y el canto, nos anima la esperanza que él ahora está asociado a la liturgia celestial aclamando a viva voz con los ángeles y santos al Cordero que nos abrió las puertas del paraíso y de la felicidad que no se agota.

Querido hermano Celestino: Gracias por tu testimonio de vida y descansa en paz y que tus tantas y buenas obras te acompañen al encuentro del Padre Eterno.

P. José Luis Corral svd y Novicios
Bialet Massé (Córdoba), 20.06.04

CELESTINO ZBRUN:
–Nace: 24 de Marzo de 1929
–55 años de vida religiosa
–48 años de sacerdocio
–Fallece: 16 de Junio de 2004

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