Compartiendo desde Filipinas

Gustavo Aguilera SVD (centro)

Seguramente muchos de ustedes no me conozcan, así que paso a presentarme. Me llamo Gustavo Aguilera, oriundo de Avellaneda, zona sur del Gran Buenos Aires. Tengo 42 años y trabajé como profesor de Filosofía por 16 años antes de entrar en la Congregación. Fui ordenado el 23 de Agosto del 2008, y desde hace un año y tres meses me encuentro en Filipinas.

Filipinas es un archipiélago de más de 7.000 islas. Políticamente esta dividido en tres grandes islas. Luzon, Visayas, y Mindanao; en las cuales se hablan 170 lenguas diferentes. Pero las más habladas son el inglés, lengua oficial o franca, y el tagalo o filipino, lengua nacional. Además, en cada región se habla la lengua propia. Como yo estoy destinado a la provincia sur (PHS), la lengua mas hablada en la región es el bisaya o cebuano.

El mayor apostolado SVD en toda las Filipinas es, sin duda, la Educación. En nuestra provincia contamos con dos Universidades: University of San Carlos (USC) en Cebu City, Cebu (que, a su vez, cuenta con cuatro campus, con un total de 24.000 estudiantes, entre estudiantes de primaria, secundaria y college) y Holy Name University (HNU) en Tagbilaran, Bohol.

Hasta el momento, vivo en la comunidad SVD de la Universidad de San Carlos. Mi tarea consiste en perfeccionar el inglés, colaborar en las misas en algunas comunidades religiosas que se atienden desde la casa y confesar a los estudiantes cuando se lo requiere. En Octubre iré a Davao, una ciudad que se encuentra en otra de las islas, Mindanao, para estudiar la lengua local (bisaya) Después de seis meses del curso, iré a algunas de las parroquias SVD que se encuentran en Agusan del Sur, también en Mindanao. Después de un tiempo de experiencia pastoral allí, mi idea es volver a Cebu y poder trabajar en algunos de los centros educativos, dada mi condición de profesor. Pero, claro, para eso tendré que hablar bien inglés.

El gran desafío de vivir en un país tal lejano, para mí, es el aprendizaje de las lenguas y de esta manera poder interactuar bien con las personas. Pero entiendo que mi trabajo misionero pasa por mi presencia, mis gestos, mi actitud frente a lo nuevo.

En fin. Espero que, a partir de ahora, en sus oraciones, cuando ya no tengan mas nadie por quien rezar; entonces recen por mi y por mi misión en esta parte del mundo.

Gustavo Aguilera svd