Cristo Rey, bendícenos

Poder celebrar una fiesta patronal siempre resulta una Gracia de Dios, y más aún si esta celebración es causa o motivo para reunir a toda la comunidad y visualizar así, un signo concreto de comunión. Esto es lo que tratamos de vivir en nuestra querida Parroquia dedicada a Jesucristo, Rey del Universo, en Oberá.

Este año 2011, guiados por el lema “Discípulos y Misioneros de Cristo Rey comprometidos con la Vida”, seguimos profundizando en la vivencia del discipulado-misionero que nos propone el acontecimiento de Aparecida, Brasil. Durante la novena preparatoria a la Fiesta hemos podido percibir la belleza de reunirnos, de compartir la oración, la eucaristía, a los pies del Señor y, creo que esta experiencia fue decisiva para empujarnos con entusiasmo a la misión, ya que toda la comunidad parroquial, jóvenes y adultos, laicos y pastores, nos estamos preparando para realizar una Misión de Verano en el ámbito de tres comunidades de nuestra Parroquia. Se trata de una experiencia nueva que fue madurando lentamente y surge como una necesidad de renovar la vida religiosa en las comunidades que han sido elegidas para ello.

Por otro lado, la novena, además de reunir a las familias provenientes de las veinte comunidades pertenecientes a la jurisdicción parroquial y a los diferentes grupos de trabajo, equipos de pastoral y movimientos, ha servido para meditar sobre el maravilloso don de la “Vida”, que hoy, quizás más que en otros tiempos, se ve amenazado y exige de los discípulos y misioneros de Cristo un compromiso concreto y firme para valorarla y defenderla.

Así, guiados por cohermanos verbitas como Antonio Blöhsel, Biju Karimpoozhithazhe, Vitus Kango, Guillermo Hayes y nuestro párroco, el P. Luis Pizzutti, como también por sacerdotes diocesanos como el P. Armando Vera, y hasta nuestro querido P. Obispo Damián Bitar, hemos reflexionado sobre el valor de la creación y de la vida como don o regalo de Dios, nos hemos fortalecido con la oración para defender la vida y valorar cada una de las etapas de nuestra existencia, dedicando misas a los niños, los jóvenes, la familia, los abuelos, la comunidad y la sociedad toda mostrando nuestro compromiso con la vida.

La fiesta patronal nos reunió muy temprano en la Plaza San Martín para marchar en procesión hacia el Templo, haciendo pública nuestra expresión de fe y nuestra alegría. Al llegar al Templo celebramos la Misa Solemne, la única del día, dando gracias a Dios por tantas bendiciones recibidas y tan gratos momentos compartidos.

Ha sido un año muy intenso, donde hemos caminado bajo la tutela de nuestro nuevo obispo, hemos celebrado, además de las diferentes fiestas litúrgicas, las bodas de oro sacerdotales del P. Luis, diferentes actividades promocionando la vida y el Primer Encuentro Diocesano de Espiritualidad de la Divina Misericordia. Y es maravilloso poder cerrar el año litúrgico con nuestra fiesta patronal que nos abre camino a un nuevo ciclo que se inicia, nos prepara con el Adviento para celebrar el encuentro con el Dios-Niño en la Navidad.

La fiesta de Cristo Rey, luego de la misa, fue bendecida con una copiosa lluvia que, gracias a un hermoso tinglado construido para albergar a más de 500 personas, no fue impedimento para disfrutar de un sabroso almuerzo comunitario y de un festival musical con danzas típicas de esta zona de la provincia, hasta coronar la noche con el sorteo del automóvil y otros premios que todos esperábamos obtener.

Sólo queda dar gracias a Dios una vez más por este bendecido año que lentamente llega a su ocaso y abrir los corazones y las manos para recibir las bendiciones que, sin lugar a dudas, el Señor rico en misericordia y generosidad desea regalarnos en el año que se inicia.

Juan Rodrigues SVD