Dar con corazón abierto y generoso

YO ESTOY AQUÍ (32º Domingo B – Mc 12,38-44)

Por Víctor Hirch svd

Para las personas, dar es un acto que conlleva una dimensión del ser. No somos un árbol que da una fruta, después de madurar.

Para las personas, dar obligadamente nos pone frente a una situación de sumisión o sometimiento. Dar libremente nos pone frente al ejercicio de la libertad. Al dar libremente nos encontramos frente al por qué dar, cuánto dar, cómo dar.

Al enfrentarnos a nuestra libertad y a la reflexión profunda, se presentan una serie de desafíos: las motivaciones para dar. La imagen de la lectura del Evangelio nos pone frente a una anciana que aporta, da, colabora con poco, pero ese poco es todo. ¿Por qué lo hace?

La narración del Evangelio, no es una parábola, es un hecho. Se trata de un retrato de una situación. Veamos nosotros. Se trata a la vez de una invitación para nosotros, seguidores del maestro, a que observemos a nuestro alrededor: ¿Quiénes son los que dan? ¿Qué dan? ¿Cómo lo dan? La ofrenda de la viuda es una imagen contundente. Como sabemos, la viuda junto al forastero, los huérfanos, pertenecen al grupo de los más pobres y desheredados en el pueblo de Israel. Por otro lado, pone todo.

En numerosas situaciones vemos multiplicados los testimonios de personas que dan todo. En otro pasaje se nos recuerda que la ofrenda que más agrada a Dios es la de nuestra propia vida.

La reflexión cristiana gira en torno a esta dimensión de la ofrenda, del dar, del darnos y ofrendarnos. Y no es al revés, recibir, esperar de otros, centrarnos en nosotros mismos, sentirnos el centro del mundo, exigir que me entiendan, que me den, que me aporten a mí. Este es un signo de pobreza e inmadurez. Mientras que el dar, ofrendar, contribuir, estar atento a la realidad de los demás, es el mayor signo de madurez, no sólo como personas psico socialmente maduras, sino como cristianos maduros.

Al asumir esta imagen, nos situamos entonces desde la inmadurez hacia la madurez en nuestra vida espiritual. La actitud de desprendimiento es propia de personas maduras, de quienes pueden “donar”, “ofrendar” su vida.

Damos porque comprendemos que todo lo que tenemos es un regalo.
Damos porque comprendemos que somos parte y no somos los únicos.
Damos porque nos entendemos privilegiados frente a otros más desfavorecidos.
Damos porque deseamos contribuir para que otros tengan lo mismo que nosotros.

Y nosotros ¿qué, cuánto y cómo damos?

Por otro lado, adherimos a la promesa expresada en la primera lectura, para quienes se brindan con corazón abierto y generoso a los demás: «Porque así dice el Señor, Dios de Israel: «La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra»» (1Reyes 17,14)

Víctor Hirch svd
Hogar Madre Teresa de Calcuta – Quilmes