Darse en amor a todos

YO ESTOY AQUÍ (20º Domingo B, Jn 6,51-58)

Por José “Pepe” Ferreyra svd

En la obra de Juan, en el llamado libro de los signos (capítulos 2-11), el autor coloca dos señales de la revelación de su persona: la multiplicación de panes y su camino sobre las aguas. Luego de esto, presenta una multitud que busca a Jesús. A ellos les reprocha que lo busquen por necesidad de saciar nuevamente el hambre y no por haber interpretado los signos que realizara. A ellos y a los hombres y mujeres de todos los tiempos, Jesús les revela quien es él en esta analogía con el pan. En esta sección hay una afirmación contundente: «Yo soy el Pan vivo bajado del cielo». Esto requiere una aceptación desde la fe, adherir a este Jesús, su persona, su origen, su misión. No es cualquier pan como el que comieron hasta saciarse, es pan vivo que da vida para siempre, porque pasa por la aceptación de que es entregada en sacrificio redentor para la vida del mundo.

La alusión a la carne, su carne, hace referencia a su condición humana. Para el discípulo es fundamental aceptar esa condición que presupone la comprensión del misterio de la Encarnación. Es el hombre Jesús y es el Dios vivo que se entrega para la salvación de todos. No hay don del Espíritu donde no hay don de la carne. A través de ella el don de Dios Comer y beber son acciones de compartir; aceptación de una oferta que hace el mismo Jesús a fin de integrar en un banquete que produce vida.

Para los discípulos de la época de Juan, esto es una alusión a la Eucaristía que ya celebraban y donde se actualizaba la entrega de Jesús por la humanidad. Es el banquete en que se celebra la vida nueva del Crucificado Resucitado. Es el banquete que al celebrarlo realiza la permanencia prometida y hace la comunión de los que adhieren en una gozosa experiencia de fe. Es comida en la que se expresa el vivir en él, como acción que se profundiza en el largo camino del discipulado. Es comida que garantiza transcendencia y plenitud, para siempre. La adhesión a Jesús establece una comunión de vida. Es un acto que actualiza la presencia, su habitar entre los discípulos de una manera misteriosa, inconcebible para el que todavía no ha adherido en la fe.

Es la vida divina que se ofrece gratuitamente a quienes comparten la misma fe y trabajan para que la comunión no sea un acto ritual, sino comunión concreta, que se expresa en mejorar la vida de todos, asumiendo la palabra y gestos del Maestro. Como Jesús vino a darse a sí mismo para la humanidad, así también la invitación a los discípulos es darse en amor a todos. Debe considerarse así mismo como pan que hay que repartir. Esto supone renuncia a sí mismo, a poseerse. Hacer de la propia vida un alimento disponible para los demás, repitiendo el gesto de Jesús, y con la fuerza del Espíritu, es la nueva ley de la nueva comunidad humana. Esto se expresa en la Eucaristía, que renueva el gesto de Jesús. La nueva sociedad no se producirá por una intervención milagrosa de Dios. El amor de Dios se ha manifestado en Jesús-hombre y ha de seguir manifestándose por medio de los hombres, con esfuerzo y dedicación.

P. Pepe Ferreyra, SVD
Parroquia de Guadalupe – Bs. As.