Dejarnos conducir por el Espíritu

YO ESTOY AQUÍ (6º Pascua C – Jn 14,23-29 / Hechos 15,1-2.22-29 / Apocalipsis 21,10-14.22-23)

 

La palabra de Dios, en este sexto domingo de Pascua, nos da la respuesta a muchas dudas e interrogantes que la gente hace sobre la Iglesia: ¿Cuál es la fuerza de la Iglesia, de dónde brota su vitalidad? ¿Qué hace que esté siempre viva y fuerte, aunque sea odiada, rechazada, perseguida? Aunque existan muchos malos cristianos, ¿por qué la Iglesia no se derrumba? ¿Por qué a pesar de sus grandes divisiones y de los enemigos tan poderoso que tiene y ha tenido en la historia, ella permanece y sus enemigos pasan?

La respuesta nos la da el libro de los Hechos de los Apóstoles: “La fuerza de la iglesia, la vida de ella, su energía, su vitalidad, se llama Espíritu Santo”. La iglesia no saca su fuerza del espíritu religioso o de la piedad de la gente, la Iglesia saca su fuerza del espíritu de dios que habite en ella.

En el evangelio de este domingo, nos muestra otro papel del Espíritu Santo en la vida de cada uno de nosotros, es actualizar el mensaje de Jesús. Él nos va desempolvando las páginas olvidadas del evangelio. Él va fecundando las semillas sembradas por Jesús. Él se encarga de iluminar y movilizar las conciencias de quienes buscan la verdad, y sugiere, “inspira”, tantas obras buenas que realizan los corazones generosos. De este Espíritu Santo recibiremos una nueva “dosis” de espiritualidad, es decir, de sus dones, en la próxima solemnidad de Pentecostés, que es el “broche de oro” de la Pascua del Señor.

La conclusión, ¿Qué hace el Espíritu Santo en la vida de la Iglesia?

1. Da vida y fuerza a la iglesia.
2. Actualiza el mensaje de Jesús.
3. Ilumina y moviliza las conciencias de quienes buscan la verdad.
4. Inspira tantas obras buenas que realizan los corazones generosos.

Que el Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que cantemos de alegría, ahora y eternamente, la presencia del Dios uno y trino.

P. Julián Mujur svd
Parroquia Ntra. Sra. del Rosario de Pompeya – Santa Fe