Descubrir nuestra vocación de profetas

Yo estoy aquí (14º Domingo B, Mc 6,1-6)

Por Alejandra Olmos

Hoy como siempre, la Palabra de Dios nos ilumina e interpela como cristianos. El Evangelio de Marcos, nos remite a un episodio de la vida de Jesús, que provocó en quienes estaban con él y lo escuchaban actitudes de asombro, escándalo y, por último, rechazo.

Luego de haber recorrido Galilea predicando el Evangelio y realizando milagros, Jesús regresa a su pueblo: Nazaret, y acompañado por sus discípulos, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar a una multitud que lo escuchaba.

La primera reacción fue la de asombro, pues reconocían una sabiduría que no respondía a estudios especiales, ni que hubiera frecuentado los círculos del saber. Luego el asombro se transformó en escándalo, pues se preguntaban ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María? Todos conocían a su familia, la cual no tenía nada de especial. Y por último devino el rechazo, pues no podían aceptarlo como maestro, con capacidad de enseñar en nombre de Dios, obrar milagros y curaciones. Ante lo cual Jesús reacciona diciéndoles: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”.

La pregunta que se impone es ¿por qué un profeta no puede ser reconocido en su propia tierra?

Por falta de fe. Nos cuesta creer que alguien a quien conocemos, es cercano, venga a darnos lecciones de vida. Nosotros también decimos ¿no es este el carpintero? Cerrándonos de esta manera a que la gracia del Espíritu que guía el accionar de los testigos de Jesús, llegue a nosotros con su poder transformador.

Esta falta de fe también se alimenta de los prejuicios con los cuales rotulamos a los demás, desvalorizando opiniones, consejos, o juzgando defectos o supuestas incapacidades de quienes están cerca nuestro. Los prejuicios no nos dejan reconocer a los profetas que Dios va poniendo en nuestro camino, para guiarnos hacia él.

Otra pregunta que surge al meditar este Evangelio es ¿Quiénes son los profetas hoy?

Sin duda, la Iglesia necesita de testigos de Cristo insertos en el mundo con los valores del Evangelio, en cada realidad que le toca vivir al hombre. Los profetas de hoy somos nosotros, que respondiendo al mandato recibido en el Bautismo y guiados por el Espíritu Santo, debemos anunciar la Buena Nueva y denunciar todo lo que a ella se opone.

Es por esto que debemos pedirle al Señor la gracia de la fe, este don gratuito y maravilloso que nos permite fiarnos de Dios y confiar en él; docilidad y apertura de corazón, para descubrir a los profetas que pone en nuestro camino cada día, desde el consejo, la escucha, el acompañamiento, el compartir… a través de los cuales el Señor nos anuncia su presencia en nuestras vidas y también para descubrir nuestra vocación de profetas, para comprometernos con los signos de los tiempos.

Prof. Alejandra Olmos
Centro Educativo Cristo Rey – Córdoba