Despierta, levántante

Yo estoy aquí (13º Domingo B, Mc 5,21-43)

Por Rita Carina Mendoza

Vamos a reflexionar en este texto, a partir de algunos momentos:

Punto de partida o primer momento:

Jesús en la barca, a las orillas del mar y una gran multitud a su alrededor, aparece el primer personaje, Jairo (un jefe de la sinagoga), que al verlo se arrodilla, pide, ruega a Jesús por su niña que está muriendo para a que la sane y le de vida.

Ante estas situaciones de dolor, de crisis, buscamos a Jesús como salvador y es en estos momentos justamente cuando nuestra fe inconscientemente se hace más fuerte y donde nuestra única esperanza es Jesús, reconocemos que es él quien tiene ese poder sanador y salvificador. Que es el único que nos puede devolver la vida y que es a través de nuestra fe, que Dios padre se voltea a escucharnos.

Recordando lo que dijo el Papa Francisco: “La fe de una persona puede mover hasta el corazón del mismo Dios. Ésta es una condición que todo cristiano debe tener bien afirmada”. Sería bueno pedir a nuestro Dios, como Jesús nos enseñó: que cada día aumente nuestra FE.

En un segundo momento:

Jesús, junto a Jairo y la multitud, se dirigen a su casa y aparecen nuevos personajes, unas personas que le dicen: “tu hija ya murió, ya deja de molestar al maestro”, a lo que Jesús oyendo y seguramente mirándole a los ojos a Jairo y con una ternura que sólo él puede demostrar, le responde: “no temas, basta que creas”.

En nuestra realidad, al igual que la realidad de Jairo, también existen personas que nos dicen basta. Que creen que para Dios existe una barrera como límite, la muerte, sin saber que Dios es el único que tiene el poder sobre la vida y la muerte (física, espiritual), estas personas que nos dicen y no se cansan de repetirnos… que algo ya no vale la pena, que no se puede, que dejemos de luchar por un imposible.

Es aquí justo en este momento en el que debemos volver a Dios Padre, que seguramente que lo que más quiere es que lo hablemos a través de la oración. Recordemos que él nos dijo: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Como Padre, él sabe lo que necesitamos, y nos espera con ese oído dispuesto a escucharnos y esa mirada tierna que nos dice que no tengamos miedo, que sólo tengamos Fe, que creamos y confiemos en él.

En un tercer momento:

Entran a la casa, Jairo, su esposa, Santiago, Juan, Pedro y Jesús, y al ver tanta gente que lloraba y gritaba, Jesús les dijo: “la niña no está muerta, sino que duerme”, y como se burlaron, las hizo salir.

Podemos ver cómo Jesús ante la pena y el dolor del pueblo, quiere calmar y consolar con unas palabras de aliento, pero es aquí cuando muchas veces nos negamos a creer que él pueda con algo que parece humanamente imposible, nos cerramos y decimos: ni Dios podrá con este dolor o con este sufrimiento. Así solamente actuamos como hombres de poca fe, hombres que duermen, que vemos sólo imposibles, y que nos dejamos vencer por el miedo. Ese miedo que sólo nos impide reconocer y a creer en Cristo.

Y es aquí cuando empezamos a sentirnos vacíos, generalmente los jóvenes caemos en el pecado de hacer o creer que nuestra verdad es la correcta sin ver realmente la verdad de Dios, y es allí cuando empezamos a sentir el vacío por la ausencia de Dios en nuestra vida.

Nuestro Padre nos demuestra que en cada día nos tiene presente y nos consuela recordándonos que a pesar de nuestras caídas, y de dormir constantemente, nos ama y se preocupa por cada uno de nosotros. Que sólo basta con entregarnos a él, y entregar todos aquellos sentimientos que nos perturban y alejan de él, de esa amistad incondicional que nos brinda.

El último y cuarto momento:

Nuestro Señor al ver a la niña, la toma de su mano y le dice “Talita kum” (niña, yo te lo ordeno, levántate), ella con tan sólo 12 años, se levantó y comenzó a caminar y después comió. Y los testigos que presenciaron este milagro quedaron sorprendidos.

Aquí vemos como Jesús se hace vida en una niña adolecente con tan sólo 12 años, vemos como con autoridad, con el Poder de ser el Hijo de Dios, no se cansa de repetirnos: levántense.

Una vez más nos demuestra que no existe el límite para Dios, ante las peores dificultades nos recuerda que todo es posible, si pedimos con fe.

Nunca nos dijo que algo es fácil (la vida, la familia, la adolescencia, la juventud, la vejez…), sólo nos dice que ante determinadas situaciones de la vida, que confiemos en su poder salvador y revitalizante, que creamos en él, para que nada ni nadie nos mate por dentro, sino aprender a resucitar con Jesús.

Amigo/a, levántate y repite como lo dice san Pablo: “en Cristo todo lo puedo que me fortalece”.

Rita Carina Mendoza
Parroquia Nuestra Señora de Loreto – Jujuy