Dios se hace hombre, uno de nosotros

YO ESTOY AQUÍ (Natividad del Señor – Juan 1,1-18 / Isaías 52,7-10 / Hebreos 1,1-6)

En esta Navidad en todas nuestras comunidades vuelve a resonar la voz de profeta Isaías que dice: “el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz, porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, la soberanía reposa sobre sus hombros y se le ha dado por nombre: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la Paz. Su soberanía será grande y habrá una paz sin fin”.

Podemos acercarnos al misterio de la Navidad, a este Dios que se hace hombre, uno de nosotros, en Jesús de Belén se nos revela el amor, la ternura, la bondad de Dios. En Jesús vemos los rasgos del Padre que tanto amó al mundo, que nos entregó a su hijo único.

Queremos recibir este mensaje que se nos revela y participa como un mensaje lleno de luz y vida, el Verbo de Dios, el Verbo Eterno, entra de modo inadvertido en la historia de los hombres, en medio de la noche, en el silencio, en el margen. Desde allá nos trae un mensaje que abona nuestro suelo, nuestra tierra, y es tan urgente para que vivamos más y mejor. Él viene a fecundar y a hacer fértil nuestras vidas, nuestras entregas y nuestras relaciones.

La Navidad nos reencanta, cuando la vida se nos vuelve oscura u opaca, volvemos a acercarnos a este misterio que se alumbra y brilla ante nuestros ojos; nos reconecta con esta fuente que es Dios mismo, que nos participa su vida y nos vuelve a religar en una nueva hermandad, en su proyecto, en el sueño de Jesús que es el Reino.

Tomemos a Jesús en nuestros brazos, dejemos que Él nos abrace, y que nos llene el corazón con su paz y con su gracia. Dejemos que este Niño que nace, desde bajo, desde adentro, también haga germinar y produzca en nosotros frutos de vida, salvación, redención.

La Navidad nos vuelve más simples, más austeros, más auténticos, nos vuelve servidores, nos vuelve más humanos y más hermanos; en una sociedad ebria y aturdida de consumismo, narcisismo, de apariencias y de diferencias.

Pedimos que esta Navidad nos suscite asombro, admiración, y que podamos experimentar al Dios que viene a vivir entre nosotros y le pidamos que nos traiga su gracia y su paz. Que el Señor nos bendiga en esta Navidad, nos colme con su gozo y nos transforme en mensajeros de esta Buena Nueva, nos haga hermano de todos los pueblos y podamos seguir su vida y su misión.

José Luis Corral svd