El ejercicio de la memoria para construir el futuro

125 Años en Argentina

«Cuando comencé con la fundación de la Congregación,
la opinión general auguraba un seguro fracaso.
Quienes así pensaban, juzgaron correctamente,
dada la pobreza de mi persona.
Pero plugo a Dios que la obra fuera un éxito,
un éxito que nunca creí posible”.
(San Arnoldo Janssen)

El éxito en la perspectiva del Reino de Dios no es el mismo que en la perspectiva humana, pero, en todo caso, lo que perdura, crece, se multiplica, es lo que tiene vida. Y nuestro Dios es un Dios que ama la vida. Muchas generaciones de los Misioneros del Verbo Divino en Argentina, procedentes de diferentes culturas, nos encontramos y compartimos la vida y la misión, la Palabra y la Eucaristía.

Agradecemos porque el fundador en su sensibilidad pudo experimentar el contraste que existía entre los planes de Dios y la realidad. Dios le otorga esta gracia de hacer una lectura del Evangelio de forma novedosa y que se expandió a lo largo de la historia en el carisma del cual participamos. Un verdadero don del Espíritu para la Iglesia que se expande y desarrolla en tantos contextos, culturas y formas.

Hoy echamos una mirada a la historia que no es nostálgica, ni un puro arcaísmo, nada es repetible; sino una mirada esperanzadora que abre a nuevos horizontes. Evocamos el camino porque somos lo que narramos, nos narramos para ser. Tenemos la oportunidad de permitirnos ser lo que somos y llegar a ser lo que podemos ser porque sabemos de dónde venimos, dónde nos ubicamos y hacia dónde queremos ir.

Dice un autor, “Todo pasado discernido y asumido con amor es creador de futuro”. Recogemos los 125 años y rastreamos las huellas marcadas; podemos volver a los orígenes como a una gran cantera donde encontrar rocas seguras para seguir construyendo nuestra casa común. Es un viaje a la semilla, a los orígenes, donde no encontramos escombros sino, más bien, donde palpamos raíces y gérmenes que se han desplegado en los numerosos acontecimientos en el transcurso del tiempo.

En este año particular del jubileo verbita en Argentina, hacemos el ejercicio de la memoria, volvemos a narrarnos desde lo que los años han sedimentado, releemos y reinterpretamos el libro de la vida. Es como volver al útero materno para nacer de nuevo: “En verdad, en verdad, te digo, que el que no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3,3).

En la memoria pueden haber paréntesis, intervalos, silencios, esperas, olvidos, vacíos, hay nexos y saltos… pero siempre vuelven a emerger en su cauce para seguir su curso en el tiempo. Cada vez que hojeamos y revisitamos lo andado, hay cosas que nos resultan familiares y otras que nos sorprenden, porque nos eran desconocidas; se desocultan aspectos omitidos y se reafirman semblanzas señeras. Los hilos se entrecruzan y se vuelve a armar la trama.

Hoy miramos al pasado con gratitud y al futuro con esperanza, entrelazamos memoria y promesa, fidelidad y confianza, vivimos la tensión entre tradición y renovación, lo antiguo y lo nuevo, sin dejarnos diluir por lo que aparece ni quedarnos anclados en lo conocido.

Ser fieles al carisma, al hombre, a la historia, en definitiva, al Evangelio nos tendrá siempre en discernimiento para no caer en la trampa de una simple adaptación a la mentalidad y cultura dominante ni aferrados a lo acostumbrado.

Debemos ponernos a la escucha del Espíritu, dejarnos guiar por su soplo que nos abre a nuevos espacios y nos hace salir a nuevos caminos. Valoramos el pasado y preparamos el futuro desde el “código genético” que nos heredó el Fundador san Arnoldo Janssen y los pioneros en Argentina. Pedimos la audacia, creatividad y santidad de los hermanos mayores que nos antecedieron, para seguir escribiendo esta historia que no está cerrada ni concluida y donde todos somos protagonistas.

José Luis Corral svd

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