El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz

Yo estoy aquí (Domingo de Pentecostés)

Por Aureenhor Ian Nercua svd

Estamos celebrando “Pentecostés”, cincuenta días después de la Resurrección de Nuestro Señor. Jesús nos había hablado de lo que estamos celebrando hoy en varias oportunidades y había asegurado a los Apóstoles que después que se va, vendría el Espíritu Santo para ayudarlos y fortalecer su ser hijos de Dios.

Es por eso que en esta fiesta de hoy querría recalcar los dones y frutos del Espíritu Santo para aprovecharlos y aplicarlos en nuestro peregrinar. Son regalos que el Espíritu Santo, va derramando sobre la Iglesia a lo largo de la historia y sobre cada uno de nosotros en particular durante nuestra vida aquí en la tierra. Según el Diccionario, un regalo es una cosa que se da gratuitamente en ofrenda. Y es así actúa el Espíritu Santo en nosotros, dándonos cosas gratuitas. ¿Y cuáles son esos “Regalos”? Son muchísimos. Consideramos primero los siete dones: el don de Inteligencia, el de Temor de Dios, de la Ciencia, la Sabiduría, la Fortaleza, el Consejo, y la Piedad. Los dones son infundidos por Dios, por eso los poseen en algún grado todas las almas en gracia.

El segundo regalo, consideramos los frutos del Espíritu Santo según Gálatas 5,22-23: “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, y dominio propio». Los frutos son productos de la obra del Espíritu y cuando el Espíritu Santo da sus frutos en el alma, vence las tendencias de la carne. Es decir, cuando el Espíritu opera libremente en el alma, vence la debilidad de la carne y da fruto, y fruto abundante.

Es por eso, que somos llamados a aprovecharlos para nuestro bien. El mundo está lleno de maldad y sufrimiento porque nos olvidamos de aplicar en nuestra vida diaria lo que hemos recibido en nuestro bautismo, el Espíritu Santo. Así que el desafío de la fiesta de hoy es volver a conocer estos regalos y aplicarlos en nuestras vidas como armamentos espirituales que vencen las maldades y sufrimientos del mundo. Nos recordamos que estos regalos del Espíritu Santo son dados para nuestra santificación, para ayudarnos en nuestro camino de ser verdaderos discípulos. ¡Viva el Espíritu Santo!

P. Aureenhor Ian Nercua SVD
Parroquia San Cayetano – Palpalá, Jujuy