Él guía nuestros pasos, el de toda la Iglesia y la Congregación

Desde Filipinas.

Un año y dos meses es aún poco para poder ser parte de esta cultura, sobre todo por el aprendizaje de las lenguas. Pero, a pesar de todo, me siento motivado para poder desarrollar mi tarea aquí. Por ahora sigo con las clases de inglés hasta Octubre, en que comenzaré con la lengua local, el bisaya. Celebro la Eucaristía en dos comunidades religiosas, lo cual me permite practicar el inglés y poder decir algunas cosas en las homilías. Cada tanto recibo alguna corrección de las hermanas que me ayudan a mejor la pronunciación.

En fin, estamos cerca de la fiesta de Pentecostés, así que me gustaría compartir algunas reflexiones con ustedes.

Durante todo este tiempo de Pascua hemos leído, del libro de los Hechos de los Apóstoles, como el Espíritu Santo va guiando a las primeras comunidades.

Desde el principio, Pedro habla de la venida del Espíritu Santo ( Hch 2, 38). Esteban, el primer mártir, es elegido como uno de lo siete por estar lleno del Espíritu Santo ( Hch, 6, 5). Felipe es movido por el Espíritu Santo para ir al encuentro del etíope (Hch 8, 29). La primitiva iglesia se siente consolada con la presencia del Espíritu Santo (Hch 9, 31), y hasta los «gentiles» reciben el Espíritu Santo ante la predicación de Pedro (Hch 10, 45). Y así podemos pasar cada página del libro y descubrir la presencia del Espíritu en sus vidas y trabajos.

Pero, claro, no siempre nos es fácil dejarnos guiar por las inspiraciones del Espíritu Santo en nuestros apostolados y misiones. Pero es muy importante en nuestra vida religiosa misionera el saber que es Él quien guía nuestros pasos y el de toda la Iglesia y la Congregación.

Ojalá que podamos seguir el ejemplo de la primera comunidad y permanecer unidos en la oración, en la Eucaristía, y en la vida fraterna, para que no haya necesidades entre nosotros (Hch 2, 42- 45).

Les pido que en sus oraciones, cuando ya no tengan a nadie por quien rezar, entonces recen por mí.

Gustavo Aguilera svd
Filipinas