En el año del Mundial de Fútbol y en el Bicentenario

Para jóvenes y no tan jóvenes…

El P. Mariano Zakowicz, desde Jujuy, en el trato cotidiano con la gente de Alto Comedero y con la experiencia de años (49 de sacerdocio), nos habla de UNA DOSIS DE HUMANIDAD AL DEHUMANIZADO MUNDO – AREÓPAGO FUTBOLERO. Como San Pablo que desde el Areópago de Atenas anunció la Buena Noticia de la Vida Nueva en Jesús Resucitado.

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A raíz de lo que significa un equipo y un torneo largo de fútbol, se me ocurrió transferir el evento deportivo a la Vida real, diaria, del hombre y de la mujer que, desde la mañana hasta la noche, “juegan” su partido por el pucherito o un tamal…

1. Todo comenzó allá lejos, cuando un entrenador, versado en la materia, a raíz del intento de tantos otros “chambones”, que pretendían organizar el equipo humano en base al poder, a la ambición, a la competencia, al soborno, al exitismo, a la venalidad, han llevado a la humanidad de un estrepitoso fracaso a otro peor aún, abandonándola en las puertas del mismísimo infierno…

El mentado entrenador, versado en la materia, venido del más allá, resolvió entrenar a las personas, individual y socialmente, de acuerdo a las reglas del juego que Él mismo se impusiera. Reglas pisoteadas hoy por la competencia tan comercializada como desleal.

2. En efecto, antes de “hacer rodar la pelota” (su Propuesta), en la cancha de la historia, se sometió voluntariamente a ensayar en su propia carne lo que pretendía ofrecer luego a la gente.

En cuarenta largas y extenuantes jornadas, en soledad y en condiciones inhóspitas en las que no escasearon los “peros”, logró la plena satisfacción y aprobación del Dueño soberano: la “recuperación del Proyecto Original”.

3. El inicio no pudo ser más incierto. Logró rejuntar a 12 -doce- iletrados personajes. Como primera condición les propuso que lo acompañaran a luz y sombra, día y noche, lo vieran, lo escucharan, le preguntaran, con una doble finalidad: establecer un roce entre ellos y un paciente descubrimiento de su Persona y su Propuesta… ¡Menuda pretensión!

La convivencia diaria fue dando pequeños pasitos. De un rejunte de individualidades interesadas a un grupo en el que cada integrante se descubriera importante, sin ser el más importante ni el competidor de los demás. Cada cual aportaba lo propio al conjunto.

Tres largos y pacientes años demoró semejante empresa. El anticipado término de su “gestión integradora”, la “poderosa contra” lo relevó despiadadamente, remitiéndolo a “otra cancha”, a otra constelación, para que dejara de poner palos en las ruedas del sistema vigente.

Los doce, por más que el mismo entrenador les había anticipado una y otra vez su trágico final, desilusionados, quedaron a la deriva hasta que un nuevo técnico, invisible y de una extraordinaria eficacia, logró, no sólo reagrupar a los dispersos… Logró infundirles el secreto, la mística, la energía que encierra el fracaso desde otra óptica. Dura realidad de reconocer y aceptar: ¡¡Morir para VIVIR!!

4. Bajo su conducción, los doce descubrieron la personalidad del primer entrenador, y la viabilidad de su Propuesta, estilo y reglas de juego.

La presentación en sociedad, cincuenta días después, sorprendió a propios y extraños, al punto de contagiar masivamente al atónito auditorio a plegarse a los doce y a vestir su casaca: “la cristiana”. Sorpresa. Admiración. Contagio.

Surgieron nuevos técnicos, aprendices, descubiertos y promovidos por el Espíritu animador del Proyecto. Técnicos enviados a armar “otros equipos”, de diferente mentalidad y cultura, con idéntico objetivo: Rehabilitación y protagonismo individual y colectivo.

Desde un país, avasallado política y militarmente, exportaron la mística, levadura de marca cristiana, con aire fresco a continentes y países, conocidos y desconocidos, cercanos y lejanos.

5. Hoy, una “camiseta” multicultural, emblema de un proyecto integrador de hombres y mujeres, a pesar de los desleales oportunistas y hasta venales traidores, los hubo y los habrá, invita a sumar puntos. El empate y la derrota también sirven antes de la pitada final, incluido el tiempo suplementario, cuando el Dueño soberano organice el festejo de la vuelta olímpica y la consabida coronación del trofeo obtenido en el Equipo y por el Equipo.

He luchado en buena ley. Sólo espero la corona que el insobornable Juez me tiene preparada…

Teniendo presente a Pablo de Tarso en su recurso pedagógico a imágenes lúdicas, he intentado actualizarlas, a partir de la Persona y Práctica misionera del Técnico Divino-Humano.

Mariano Zakowicz SVD

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Fuente: Boletín Parroquial Nº 56, Parroquia “Cristo Rey” Oberá – Misiones