Enrique Oggier svd

+ 26.07.2016 (1951-2016) / 51 73 74 77 78

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Enrique Alberto Oggier nació el 24 de agosto de 1951 en Villa San José, Departamento Castellanos, provincia de Santa Fe. Sus padres, Enrique Oggier y Elena Ruffiner, pertenecían a familias numerosas y piadosas del lugar.

Ingresó al Noviciado de Alta Gracia el 1º de marzo de 1973. Profesó sus primeros votos al año siguiente. Su profesión perpetua fue el 1º de marzo de 1977 y fue ordenado el 6 de mayo de 1978.

El 5 de julio de 1978 llega a México-Nicaragua, su primer destino misional, donde permaneció por cinco años. En Nicaragua especialmente compartió el sufrimiento de las familias y comunidades en medio de la revolución sandinista. Esta fue una experiencia que lo marcaría para el resto de su vida.

En 1988 regresó a Argentina y dedicó seis años de servicio en el área de formación, primero en el seminario menor San José de Esperanza y luego en el Postulantado en Villa Allende, Córdoba.

Tuvo un respiro pastoral en la república vecina del Uruguay, asumiendo la difícil tarea de anunciar el Evangelio en tierras abiertamente declaradas seculares. Muy pronto se ganaría el aprecio y la cercanía de los lugareños.

La tarea formativa lo reclamó nuevamente en Buenos Aires en 1998, para acompañar un grupo de estudiantes profesos en la casa de inserción de Rafael Calzada, Buenos Aires. Enrique fue muy apreciado por quienes lo han tenido como acompañante de la formación o como director espiritual.

Muy a pesar de su preferencia personal, en 2002 fue elegido Superior Provincial de la entonces Provincia Argentina Sur, servicio que ocupó por dos trienios. En esos años dedicó todos sus esfuerzos para liderar a los cohermanos y, como todo superior, debió pasar varios tragos amargos, más aun cuando su responsabilidad lo llamaba a tomar decisiones difíciles de digerir para su personalidad.

En el 2008, Enrique es nuevamente requerido para la formación y asume como Maestro de Novicios en Bialet Massé, Córdoba, por un trienio. Llegado a ese punto, como él mismo lo expresara, “yo ya no estoy para la formación”, solicitó un tiempo para realimentarse personal y vocacionalmente participando de un curso de renovación en Guatemala.

A su regreso, la provincia le solicitó que colaborara pastoralmente en la parroquia San José de Crespo, Entre Ríos, por un tiempo breve hasta que pudiera llegar un párroco asignado. Esa brevedad se extendió hasta la fecha y era casi innegociable para los crespenses la salida de Enrique. Si bien los parroquianos han mostrado cariño y cuidado por todos los verbitas que pasaron por esa parroquia, sentían por Enrique un cariño muy especial y lo manifestaron hasta los últimos días.

Hace unos pocos meses comenzó a sentir una hinchazón en la parte inguinal y, pensando que se trataba de una hernia, comenzó algunos estudios médicos. Muy pronto fue derivado al Hospital Austral (Bs. As.) para estudios más agudos. Luego de una cirugía en la que se le extirpó el ganglio inguinal izquierdo, se le diagnosticó un cáncer linfático, que hasta ese momento, se encontraba localizado y bajo control. Luego de la primera sesión de quimioterapia, Enrique regresó a la casa central (Buenos Aries) y pasó el fin de semana con la comunidad y con conocidos que lo visitaban.

Durante los estudios y el tratamiento, Enrique siempre manifestó muy buen humor, conquistando la simpatía del personal hospitalario. Él siempre ocultó la molestia de tantos requisitos médicos, pero colaboraba con todos los médicos y se mostró muy agradecido por cada uno.

El lunes 25 de julio 2016, comenzó a manifestar una descompensación general de su estado, por lo que fue trasladado de inmediato al Austral. Luego de una serie de estudios, le diagnosticaron un shock séptico y una disfunción multiorgánica que lo confinó a terapia intensiva. El 26 de julio de 2016, a las 07:00 hs., nuestro hermano y amigo Enrique fallecía en el Hospital Austral de Pilar, Buenos Aires. Su repentino deceso sorprendió a todos y por mucho tiempo será un hecho difícil de comprender y asimilar.

Su velatorio y entierro se llevaron a cabo en la ciudad de Esperanza (Santa Fe), en la comunidad San José. La misa fue celebrada el miércoles 27 de julio, a las 10:00 hs. Luego su sepultura en el cementerio congregacional de Esperanza.

Enrique se caracterizó por su sencillez y buen trato. Una persona cálida y de mucho respeto por sus interlocutores. Su tranquila personalidad inspiraba paz y lo hacía cercano a todos. Un hincha de Boca a quien le placía pasar horas mirando los partidos de fútbol, cuando su estado físico ya no le permitió protagonizar ese deporte dentro de la cancha. Tenía un gesto ante conversaciones fuera de tono que era como el sonido que emitimos para pedir silencio. Eso le acarreó el apodo de “espanta gallinas”, lo cual le caía bien como buen boquense.

Gracias Enrique por tu bondad, tu amabilidad, tus gestos de amistad y fraternidad, porque siempre estuviste listo para escuchar, acompañar y animar a tus hermanos y a la comunidad en su vida y misión. Nos quedamos con tu sonrisa y tu mirada serena y clara que ahora gozas en la presencia sin fin de Dios Amor.

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Imagen que Enrique tenía en su portada de Facebook, y un lema que representaba sus sueños y búsquedas

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Seguiremos caminando como él nos enseñó

Ayer miércoles 27 de Julio (2016) fuimos como comunidad a dar el último adiós a nuestro Párroco Enrique Oggier, pero allá se percibía que cada uno se sintió de otra manera, sentía que se despedía de un amigo, de un compañero o de un hermano, porque todos teníamos al menos un recuerdo especial de él: un apretón de manos de esos firmes y sinceros, un abrazo apretado y cálido, una palabra justa y serena, una mirada transparente y franca, dos oídos siempre listos para escuchar y entender, una risa fuerte y contagiosa… o una sonrisa sanadora, un «shhhh», un «dele para adelante» o un «hagan»… o una palmada entusiasta para animarnos a hacer.

Porque así era él, cálido y amiguero, sincero pero respetuoso, emprendedor y altruista, defensor de los que más lo necesitaban y un gran compañero, que a todo le ponía el hombro y el corazón, siempre preparado para servir y trabajar, sería por eso que siempre andaba con las mangas levantadas para ponerle manos a la obra.

Vino para quedarse un tiempito y fue más largo de lo pensado, pero mucho más corto de lo deseado. Dejó todo de sí, esa era la única manera que tenía de hacer las cosas, sin mezquindad, con la humildad de los grandes y la cercanía de un pueblerino entre nosotros. Y así se fue, con la paz de las metas cumplidas, con el paso largo y tranquilo, silbando bajito, como solía hacerlo.

Se fue al encuentro del Padre, pero se quedó con nosotros, dejó una huella que nunca se va a borrar, nos dejó una catequesis de vida y un Jesús amigo y hermano, para vivirlo y compartirlo. Hubo un antes y un después de su paso por la comunidad de San José, en Crespo.

En comunión con él, que ya está con el Padre, seguiremos caminando como él nos enseñó para cumplir nuestra misión, y no con tristeza, sino con alegría y agradecimiento pleno a Dios por haberlo tenido entre nosotros. Siempre va a estar presente en tantas cosas, en nuestro corazón, en cada mirada al cielo y en cada oración.

Hasta siempre, hasta cada momento querido Enrique.

Griselda Quindt
Parroquia San José, Crespo-Entre Ríos


El Misterio de la Muerte

La Pascua de Enrique me puso en otra dimensión.
Lo cíclico de la vida, la fragilidad humana,
El tiempo de Dios y el tiempo interno…
Las capacidades y las imposibilidades…

El poner medios y el sentirse desbordado…
El proceso personal y el peso institucional…
La libertad y la necesidad…
La fidelidad y la renuncia…

Ser conciente de lo que nos pasa y estar presente AQUÍ Y AHORA…
Atardecer sereno, trigal maduro, la hora de la cosecha…

Encuentro con Dios, mate listo, torta alemana, sonrisa tierna, ollitos pícaros en las mejillas, mirada transparente, hombre apasionado y entregado.

Padre, amigo, pariente y hermano… Acompañante, de esos que una se identifica y se refleja…
Escucha atenta, palabras esenciales, insistencia que comparte certezas…

Delicadeza y cuidado, cariño y espacio…
De fondo música valesana y sus últimas palabras: “Hasta  pronto…”

Hna. Patricia Blatter
(religiosas del Calvario)

Prima segunda de Enrique


Una de sus reflexiones en el microprograma «Yo estoy aquí».


Homenaje al P. Enrique Oggier svd en ocasión de los 125 años de la Parroquia San José (1891-2016), celebrada el 23 de octubre 2016 en Crespo-Entre Ríos, quien fuera párroco hasta su repentina muerte.

13 Comentarios

  1. Eduardo y Miguel

    Querido Enrique:

    ¡Un abrazón inmenso de gratitud en este primer aniversario de tu Pascua!

    Todavía estamos impactados por tu inesperada partida… Nos ha invadido un profundo silencio de respeto, conmovidos frente al misterio y al mismo tiempo un agradecimiento profundo por tu Vida: fecunda, amiga, cercana, sencilla como el Pan… Alguien dijo una vez: “Enrique es más bueno que el pan!”, y te definió en tu esencia: tu bondad humana y existencial transparencia, tu mirada cariñosa y tus ojos de bienvenida, tu generosa hospitalidad y tu cálida atención, sea quien fuera el que te buscaba… Fuiste pan para much@s porque tu presencia inspiraba confianza y libertad, alegría y amistad, honradez para compartir vulnerabilidades, sufrimientos, preguntas, búsquedas y sueños…

    Tenías un don como pocos: el de “la escucha atenta con el corazón”, con sagrado respeto, frente a cada historia única y diversa que se abría de par en par…Y estabas allí disponible, enteramente presente, como si fuese el encuentro más importante del planeta!… Este nivel de profundidad y compromiso evangélico (tu modo de vincularte) te hacían diferente… Encontrarse con vos marcaba la diferencia: compartir el pan de lo esencial, lo más profundamente humano, lo divino en la fragilidad de nuestras historias… Y, además, sabías retirarte y despedirte en silencio, como un hombre que dialoga con Dios y confía en su acción fecunda…

    Fuiste para nosotros y para much@s inspiración en el servicio desinteresado al Pueblo de Dios; inspiración en la vocación religiosa-misionera; inspiración en ser pastor junto al pueblo… La palabra “hermana”, “hermano”, nuestro nombre pronunciado por tu voz inconfundible sonaba diferente, encendía la chispa que aún humeaba, junto a algún chiste o frase ocurrente que rompiese todo inmovilismo…

    Fuiste un contemplativo de ojos abiertos, como el otro gran Enrique Angelelli, “con un oído en Evangelio y el otro en el Pueblo”, nutriendo tu raíz en estos 65 años de presencia allí donde estuvieras: acompañando al pueblo durante la revolución en Nicaragua, en la vida cotidiana del noviciado, en la celebración de una pequeña comunidad, en una reunión congregacional, visitando las familias de un barrio en las parroquias, en los encuentros y servicios en CONFAR, en un retiro con compañer@s de Camino, honrando la memoria de los mártires de la Patria Grande, en El Salvador, Guatemala y nuestro país, en un diálogo gozoso con algún amig@, asistiendo con pasión un partido de fútbol, en la vida oculta de cualquier Galilea…

    No escribiste libros, ni levantaste templos, ni fuiste un funcionario religioso, ni te presentaste como un mesías que bajase líneas desde arriba… Tu presencia estuvo más en sintonía con la del Nazareno: discreta, simple, cercana, amiga, humana, confiando en los de abajo y en comunión con los ninguneados… Fuiste un testigo y hermano del misterio de Dios, que pusiste el cuerpo y el corazón para vivir un modo de ser Iglesia desclericalizada y una Vida religiosa más humanizada, centrada en el Jesús de los Evangelios, en las fronteras donde la Vida clama, en el rostro de los Bienaventurados, allí donde el Espíritu con aire fresco y juvenil indicaba el horizonte hacia el Reino, junto a quienes promueven un país, un continente y un mundo donde todas las personas quepamos.

    Muchas gracias por tu fecunda siembra, por tu simpleza y aroma a Pan compartido.

    Enrique, te queremos mucho, tu nueva presencia nos acompaña hasta que nos reencontremos y con una sonrisa te recordamos con una de tus frases: “¡Esto es muy fuerte!”.

    Con cariño, tus hermanos verbitas Eduardo A. Porcheddu y Miguel A. Armada.

  2. Rocío Álvarez (México)

    Amigo querido, gracias por todo lo que nos diste, por ser una imagen muy cercana a la de Dios, por mantenernos cerca de Él y por entregar tu corazón a cada instante. Vivirás por siempre en mi corazón, hasta que me toque volverte a ver. Que Dios te llene de su luz y su amor. Hasta siempre Manito querido. ????

  3. Carlos Soria

    Querido amigo: «Compartir el alma en una palabra. Entender el valor del refugio en un abrazo… acompañarse en el dolor… las luchas… los sueños… y los miedos»… Hasta pronto Padre Enrique… QEPD

  4. Mirta Sanchez

    Querido Enrique, cuánto camino compartido, cuántas búsquedas conjuntas, cuánta pasión por esta Vida Religiosa. Jamás conocí una persona tan «noble y buena como vos». Siento un dolor terrible. Se me fue el amigo del alma. Que desde allí donde estés sigas brindándonos tu luz y tu paz. Un abrazo fuerte para todos tus hermanos Verbitas a quienes tanto amabas. Hasta pronto. Que tu Pascua nos llene de esperanza.

  5. Arnoldo Alberto Márquez

    Todo lo que se dijo o se pueda decir, pienso que lo resumimos diciendo… hemos perdido un gran cura Verbita, un fiel reflejo misionero, un gran amigo de todos quienes lo hemos disfrutado en cada sermón o en algo poco común acompañandonos en charlas de Encuentro Matrimonial regalándonos sus testimonios de vida sacerdotal. Fue un regalo de Dios para la comunidad de Crespo, seguramente estará gozando de la gloria eterna. QEPD.

  6. Querido padre Enrique, tengo una angustia muy grande porque ya no podré verte, sabía que estabas delicado de salud y creí que un sabado de estos en los que no trabajara pasaría por la congregación, pues no pensé que el tiempo sería tan corto. El Señor ha requerido tu presencia, vela desde lo alto por nosotros en este valle.

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