Escuchar a Jesús

YO ESTOY AQUÍ (16º Domingo C – Lucas 10,38-42 / Génesis 18,1-10a / Colosenses 1,24-28)

Continuamos reflexionando el evangelio según san Lucas. El texto para este domingo nos narra la visita de Jesús a sus amigos en Betania. La escena está en armonía con la primera lectura que presenta la visita de Dios a Abraham en Mamré. Ambos textos manifiestan de manera simple y transparente la actitud humana ante la presencia de Dios. Mientras Abraham se muestra solícito, atento a la visita, su mujer Sara permanece dentro de la tienda, quizá ocupada con sus tareas. En la casa de Lázaro, María es quien no descansa de la rutina diaria, mientras que su hermana Marta parece detener el tiempo y sólo se dedica a escuchar a Jesús.

Podríamos pensar que Sara y Marta representan a un grupo de cristianos y que en María y Abraham otros cristianos se ven más identificados. Pero también podemos traer todos los personajes y encontrar en ellos diversos rasgos y actitudes que nos ayuden a todos a reflexionar la Palabra.

La actitud de Abraham habla de hospitalidad y acogida. La misma nace cuando la otra persona ocupa el centro de mi atención y cuidado. Abraham se percibe como peregrino, no como dueño de un territorio. Su casa es sólo una tienda que cobija a la familia y la mantiene a salvo; no se siente amenazado por los visitantes. Sara, en cambio, muestra una actitud de reserva, casi de indiferencia, de distancia. Ella mira y escucha desde adentro de la tienda.

En el relato evangélico, Marta es quien se revela atareada, ocupada con sus quehaceres. Jesús es para ella ‘una’ visita más, una presencia más. Sus tareas la cansan, la agotan, la enervan y termina con el reclamo y el reproche.

María es quien ve en Jesús ‘la’ visita. Jesús es ‘la presencia’ que lo llena todo. Estar a sus pies es lo más importante en ese momento, y ese momento es único y eterno. Ella no muestra señales de cansancio ni quejas contra nadie. Sabe disfrutar del momento en la escucha de lo que su Maestro le enseña.

Es oportuno reflexionar sobre estos momentos únicos en los que Jesús pasa por nuestra casa, por nuestro recinto sagrado, por nuestra vida. Es oportuno pensar en las veces que creemos que nosotros somos quienes vamos a visitar a Jesús al templo, quienes vamos a buscarlo, quienes le hacemos compañía. ¿No será que en realidad nosotros necesitamos ir al templo? ¿No somos acaso nosotros quienes necesitamos participar y celebrar la eucaristía, dedicar tiempo para la oración y la meditación de la Palabra para no perder la sintonía con este Dios que nos habita? ¿No es acaso Dios mismo quien siempre sale a nuestro encuentro, que se nos adelanta, que nos llena de su presencia?

Quizá debamos también revisar nuestras actitudes para con Jesús cuando Él viene a nosotros en el hermano, en su Palabra, en la Eucaristía, en la comunidad creyente, en los más necesitados, en los ancianos y enfermos, en quienes sufren soledad, en los acontecimientos claves de nuestra realidad.

No es casual que nos encontremos llenos de nosotros mismos, de nuestros proyectos, de nuestros sueños, de nuestras preocupaciones… Jesús llega a nosotros y a veces le respondemos con prácticas rutinarias, con oraciones repetitivas y epidérmicas, con devociones que sólo nos hacen sentir bien a nosotros. Es más evangélico recibir a Jesús, escucharlo, brindarle nuestra atención, dejarnos aconsejar por Él, reconocer que sólo en Él puede descansar nuestra persona y saciarse nuestro interior. Más que ‘cristianos funcionarios’ somos ‘discípulos misioneros’ de Jesús; aprendemos siempre del Maestro.

P. Marcelo Cattáneo svd
Parroquia San José, Esperanza-Santa Fe