Eucaristía, fundamento de la fraternidad

YO ESTOY AQUÍ (Corpus Christi C – Lucas 9,11b-17 / Génesis 14,18-20 / 1Corintios 11,23-26)

 

Cuando hablamos sobre la vida, hablamos generalmente sobre el alimento, el agua y otros bienes básicos que necesitamos para sostener, sobrevivir y continuar la vida. Antes siempre me preguntaba, ¿por qué hay muchas personas que se reunieron en la fiesta? ¿Qué hay en la fiesta? Primero, pensé que la razón por la cual se reunieron era la comida, pero me di cuenta que hay más que sólo el alimento, y esto es la presencia del uno para el otro, porque si fuera sólo el alimento, podríamos comer el mismo alimento en nuestra casa sin amigos o sin fiestas. Realmente, lo que nos reúne, son las charlas, las relaciones y la diversión del encuentro. Estos encuentros siempre aumentan o profundizan una relación, refrescan el corazón y también crean la amistad.

Entonces, no es extraño que Jesús en el evangelio de hoy (Lc 9,11b-17), también utilice la misma terminología o palabras para simbolizar su presencia con nosotros. Jesús viene a nosotros en el símbolo de pan y vino, porque como nuestra vida humana crece alimentándose, nuestra vida espiritual debe ser así también. Así, por lo tanto, la Eucaristía es el fundamento de la fraternidad como cristianos. Hay una frase famosa, en el Concilio Vaticano II, que nos enseñó que la Eucaristía es la fuente y cumbre de toda la vida cristiana. En “Lumen Gentium”, nos dice que “la Eucaristía nos da la fuerza para seguir adelante y al mismo tiempo es el punto alto –la cumbre– de nuestra vida cristiana”. Es por eso, que los otros sacramentos son orientados a la Eucaristía. Se puede ver esto cuando los niños reciben la Primera Comunión, llevan camisas blancas o vestidos blancos, que nos hacen recordar la vestidura blanca del Bautismo. La Eucaristía cumple lo que se comenzó con el Bautismo. Los otros sacramentos también culminan en la Eucaristía, por ejemplo, la Confesión y Unción de los Enfermos, existen para restaurar a la Eucaristía, o el Matrimonio, es signo del banquete nupcial del Cordero.

En la Eucaristía Jesús nos asegura y continúa proveyendo alimentos para nuestro camino como peregrinos de la fe de ser cristiano. Y el ofrece su Cuerpo y su Sangre a su Iglesia, se ofrece como alimento para satisfacer nuestra hambre espiritual. Por eso, hoy la iglesia nos propone el evangelio para recordarnos esa fraternidad que genera fuerza en cada uno. Y este nos recuerda que nunca debemos olvidar que Jesús es sacramentado, bajo las especies del pan y el vino, es nuestro gran alimento espiritual. La comunión frecuente y la participación en la Eucaristía son imprescindibles para nuestra salud espiritual, moral y ética. Cuando el respeto para la Eucaristía baje, también los otros sacramentos bajan: hay menos bautismos, menos confesiones, menos jóvenes que quieren casarse y por supuesto hay menos vocaciones al sacerdocio. Pero cuando hay reverencia para la Eucaristía, los otros sacramentos florecen.

P. Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy