Gestos de misericordia

YO ESTOY AQUÍ (4º Cuaresma C – Lc 15,1-3.11-32)

Por Ramón Noriega

1. El amor de Dios y la ingratitud del pecador

Nos encontramos ante una Lectura del Evangelio maravillosa, que es la parábola del Hijo Pródigo que nos identifica en relación directa con nosotros mismos, con el entorno y con Dios, además muestra la misericordia de Dios sobre el pecador arrepentido. No hay otra parábola que exponga tan hermosamente el amor de Dios y al mismo tiempo la libertad de opción que tiene el hombre frente a su vida y que Dios no interrumpe, sino que deja que todo fluya y fundamentalmente la espera, el arrepentimiento y el regreso.

2. ¿A qué personajes encontramos en la lectura?

Nos encontramos con varios personajes y actitudes frente a la visión de la vida; el Padre que sin lugar a dudas es Dios Padre, el hijo mayor y el hijo menor ¿pero a quienes representan?

Seguramente que el “hijo menor” representa a los “publicanos y pecadores” de aquella época, y actualmente representa a cada uno de nosotros quizás, o algún integrante de la familia, vecinos para no globalizarlo, de esta manera nos va despojando y mostrando nuestro interior.

El hijo menor se marchó a un país lejano. Se separó de Dios, aquí comienza un camino que seguramente todos transitamos cuando comenzamos a sentirnos seguros de nosotros mismos. Emprendemos una marcha hacia lo nuevo, alejándonos y vamos al encuentro de nuevos desafíos y esto nos lleva a alejarnos cada vez más de Dios. Buscamos satisfacer necesidades, que a lo mejor no son necesidades, sino deseos incontrolables que creemos que son normales y entramos en un vacío no de dinero, no quizás la falta de alimento y vestimenta, sino en relación con el entorno, con nosotros mismos. Pero en vez de reflexionar o escuchar a quienes nos aconsejan, vamos alejándonos más, y así huye el pecador de Dios y se pone lejos de é.

Pero el “hijo mayor,” ¿a quién representa? Algunos piensan que a los fariseos, esto no sería posible, porque en esta parábola el “hijo mayor” que está siempre en la casa de su padre y en todo le obedece. Por eso resulta más lógico identificarlo con “los Cristianos”. El “hijo mayor”, al modo humano, muestra no comprender los misterios de la divina misericordia. En esto puede haber una cierta ironía contra los cristianos. Pero también, los dos hijos pueden estar, sin más matices, por justos y pecadores.

3. El que vuelve a él (Dios), en busca del perdón, encontrara lo que busca

Así es, como esta parábola, nos muestra el modo y la forma que siguen los hombres al caer en el pecado. También nos hace ver con mucha claridad, la vida miserable que alcanza el pecador. Pero hay algo muy importante, que debe destacarse, esto es, el regreso del pecador a Dios, y cuando así sucede, nos encontramos con la infinita bondad y con la mayor de todas las misericordias, con la que Dios recibe a los arrepentidos de sus faltas y pecados. El que vuelve a EL (Dios), en busca del perdón, encontrará lo que busca.

Dice Jesús: “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó”, sale su padre y se compadecido, corrió a él. El beso es signo de perdón. La misericordia de Dios espera y ofrece el perdón. Cuando vuelve al padre, lo recibe con los brazos abiertos y no le pregunta nada, no le echa en cara su mala conducta anterior, no le recuerda que fue ingrato, al contrario, siente compasión y lo hace antes del arrepentimiento de su hijo.

Continúa diciendo el Evangelio: “El padre dijo a sus servidores: traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies”. Ponerle el vestido, el anillo y las sandalias, expresa probablemente, la restitución al estado de hijo en la familia, pero con atuendos festivos y de honor.

“¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado! Pero el padre le dijo: Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”.

La bondad de Dios con los pecadores es inmensa, sin distinción alguna, tiene sobre sí el perdón de Dios, “su Padre”. Así como el tema central es “el hijo pródigo” es también el permanente perdón de Dios. Siempre que nos alejemos de Dios, nos estamos alejando de la felicidad, de la fuente del amor.

Cuántas veces nuestro Padre Dios nos ha recibido como al hijo pródigo, con los brazos abiertos a la reconciliación, al perdón, a la paz y a su bondad. En verdad, no podemos hacer esperar más tiempo a Dios, dejemos abrazarnos por sus brazos, pidamos perdón con sencillez, humildad y confianza.

Ramón Noriega
Parroquia Sagrado Corazón, Picún Leufú – Neuquén