Hablar y sentir desde su cultura: un desafío misionero

El P. Gustavo Aguilera svd, está visitando a sus familiares en argentina y nos deja algunas impresiones de su experiencia pastoral en Filipinas.

Les comparto algunas de mis experiencias actuales en Filipinas. En primer lugar, para aquellos que no saben, estoy en la provincia sur de Filipinas (PHS). El mayor apostolado aquí es la Educación. En nuestra provincia contamos con dos Universidades: University of San Carlos (USC) en Cebu (con un total de 24.000 estudiantes, entre estudiantes de primaria, secundaria y terciaria) y Holy Name University (HNU) en Tagbilaran, Bohol. En la ciudad de Tacloban, isla de Leyte, tenemos otra escuela con primaria y secundaria, cuyo nombre es Colegio del Verbo Divino.

En el 2012, después de haber trabajo algún tiempo en una parroquia en el interior y en la pastoral universitaria, pedí hacer estudios superiores. Mi pedido fue estudiar Biblia, Filosofía, o Misionología, pero el consejo provincial me pidió que estudiara Lingüística para estar profesionalmente habilitado para dar clases de español en la universidad, dado que hay una nueva ley nacional de educación que contempla la enseñanza del español en todos los niveles. Así que, en el verano del 2013 empecé la Maestría en Lingüística, lo que en Argentina sería el equivalente a una licenciatura. Si todo sigue bien como hasta ahora, en Junio de este año 2015 comenzaría con la tesis en base a una investigación previa que ya hice, cuyo título es : “Estudio morfológico de las palabras españolas que permanecieron en la lengua cebuana, sólo en el ámbito del hogar”.

Filipinas es un mosaico de culturas y lenguas. Según los datos actuales, existen entre 170 y 180 lenguas con sus gramáticas correspondientes. Cualquier filipino puede hablar por lo menos tres lenguas diferentes: Inglés, que es la lengua oficial, Tagalog, que es la lengua nacional, y la lengua del lugar propio de donde provenga. Como se darán cuenta, el tema lingüístico es un desafío misionero en sí mismo.

En tiempos pasados, los misioneros se hacían antropólogos y lingüistas para estudiar y evangelizar los pueblos a los que eran destinados. Hoy día estas disciplinas nos permiten, no sólo estudiar los pueblos y sus costumbres, sino entender su forma de ser, hablar y sentir desde dentro mismo de su cultura. Por ejemplo, durante las confesiones, cuando las personas empiezan a compartir sobre sus sentimientos o vivencias más profundas, lo hacen en su lengua local, no en inglés. Cuando trabajaba en la pastoral universitaria y no entendía aún la lengua local, experimenté muchas veces una gran limitación e impotencia. Después del tiempo, cuando ya supe su lengua, empecé a entender mucho más cómo son y qué sienten las personas con las que me toca compartir la vida y misión.

Me despido de todos y cada uno de ustedes, unidos en la misión que la Congregación y la Iglesia nos ha pedido allí donde estamos.

P. Gustavo Aguilera svd