Hacer visible la bendición de Jesús

YO ESTOY AQUÍ (Ascensión del Señor C – Lucas 24,46-53 / Hechos 1,1-11 / Efesios 1,17-23)

Querría empezar con la historia de mi vida. Terminada la primaria estaba ya dos años aprendiendo la profesión de herrero, para ser más tarde conductor de locomotora a vapor del tren. Sí, a los 8 años como monaguillo decía “quiero ser sacerdote”, pero esa idea se me fue pronto. Pero un día cayó en mis manos una hoja de la revista de los Misioneros del Verbo Divino con la propaganda vocacional: “Dios necesita hombres, Él te llama también a ti”. Ese “también a ti” me agarró fuertemente en el corazón. Meses más tarde dejé el taller de herrero y ya teniendo 16 años entré en el Seminario Menor, junto a los chicos de 11 y 12 años. En ese tiempo sentí en mi corazón que Dios es tan grande que se puede comunicar conmigo.

Once años más tarde, ya tenía 27 años y me faltaban sólo 4 años para la ordenación sacerdotal, dudé mucho en seguir este camino. En mí, el 60 % me decían: Bernardo, búscate otra profesión. Al enterarse de esto, mi superior me mandó a una madre de familia, que ya había ayudado a varios seminaristas… Ella me animó a pedir el espíritu Santo, con mucha confianza y perseverancia. Después de meses de sufrir las dudas me sobrevino durante una caminata ese “impulso” de Jesús: “Puedes seguirme, así como sos, Yo te sostengo”. Esa experiencia me da fuerza y confianza en el ser sacerdote misionero hasta el día de hoy, que ya tengo 76 años. Es una experiencia de ser testigo de Jesús.

Hoy celebramos la Fiesta de la Ascensión del Señor, es decir, culminaron los 40 días de las apariciones a los suyos. Antes de irse les mandó a quedarse en Jerusalén y esperar el envío del Espíritu Santo (Pentecostés), que les ayudará para ser sus testigos en el mundo entero. Separándose se los suyo, levantó su mano para bendecirlos. Ese fue su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios, y sobre el mundo desciende su bendición. A los cristianos se nos ha olvidado que somos portadores de la bendición de Jesús. Nuestra primera tarea es ser testigos de la bondad de Dios, y mantener viva la esperanza que Dios no mira con ternura y compasión.

¿Cómo podemos ser hoy testigos de la bendición de Jesús para nuestra gente? Primero nos hacemos tiempo para meditar la Palabra: yo por las mañanas con el mate. Y Jesús también hoy nos abre la inteligencia para descubrirlo en nuestra vida y ambiente. Pero con su gracia hace falta el mismo esfuerzo para acercarme y conocer mi gente (yo ando en bicicleta).

Quiero compartir una linda experiencia. Los vecinos anotaron casi 20 chicos para la Primera Comunión y con la Catequesis Familiar. Pero viene sólo la mitad de los chicos y de las mamás sólo 2 o 3, no más. Varias mamás trabajan a estas horas. Animado por la Palabra visité y me costó bastante. Es muy difícil encontrarlas por las situaciones familiares y casas sin número o según Manzanas y Lotes. Pero resultó una hermosa experiencia de fe, el domingo, 12 de mayo. Aparecieron todas en la capilla, los chicos con un familiar, también papás. Juntos caminamos el Vía Lucis con sus 14 estaciones. Se formó una considerable procesión, que ya es un signo. Cada casa de los chicos era una estación, todos abrieron sus puertas y nos dejaron entrar a todos. Una hermosa experiencia para los chicos mismos. Y los padres se sentían honrados. Después de meditar cada estación (siempre una de las apariciones de Jesús Resucitado), se dejó el cuadro de color como regalo para la casa. Terminado la caminata del Vía Lucis en la casa más lejana y recibimos la Eucaristía. Después hubo para todos mate cocido y masitas ricas.

Nos llegamos a conocer más y a apreciarnos y querernos. Se notaba la alegría entre chicos y padres. Arreglamos también el horario de Catequesis: Padres y chicos al mismo tiempo, una hora antes de la misa de los domingos y se los espera con mate cocido y algo para “picar”. Eso es una experiencia para mí junto con las catequistas, de ser testigos de la bendición de Jesús, vemos también como las familias experimentan la bendición de Jesús. Por eso ESTOY AQUÍ, con alegría, y les deseo también recibir y hacer visible la bendición de Jesús.

P. Bernardo Hauswirth svd
Parroquia San Vito, Ezpeleta – Buenos Aires