Hermano misionero en Ecuador

Roberto Duarte svd

Roberto Duarte es un hermano religioso que trabaja como misionero en Ecuador desde hace varios años. Allí, en ese país andino, está fuertemente comprometido en la promoción de la Justicia , la Paz y la Integridad de la Creación , porque está convencido que otro tipo de desarrollo es posible.

Llegué a Ecuador en 1995, interesado por el camino que la Iglesia había realizado en ese país para acompañar a las comunidades indígenas y campesinas. A principio estuve en una parroquia de la costa trabajando en Apostolado Bíblico y asistiendo a las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) en la organización comunitaria. Teníamos terrenos de cultivos comunitarios y emprendimientos como la elaboración de productos locales.

Luego me enviaron a comenzar una parroquia nueva en el sur de Quito, en un lugar que se llamaba “Caupicho”, lo que en quechua significa “aquí mismo” y allí estuve cuatro años, trabajando en la formación de laicos. Como yo era Hermano, no había peligro de que esa nueva comunidad tomara un tinte clerical. A partir del 2000 fui destinado a la Formación , para acompañar a los postulantes a la vida misionera. Pero al mismo tiempo, asumí en todos estos años, el compromiso de animar a mis compañeros verbitas, en el área que nosotros llamamos JUPIC, es decir “Justicia, Paz e Integridad de la Creación ”. En el fondo, eso no fue para mí un cargo sino una inmensa alegría porque toda mi vida misionera ha estado siempre impregnada de esta área pastoral que yo considero urgente y prioritaria. Ecuador es un eminente exportador de petróleo y de bananas, pero el uso de agro-tóxicos produce cada año inconvenientes de intoxicación. La deforestación y la pérdida de las fuentes del agua, han creado un desequilibrio ecológico peligrosísimo. Las comunidades indígenas están continuamente defendiendo su territorio frente a los intereses de multinacionales madereras.

Ecuador es un país coaccionado, amenazado constantemente por las políticas neoliberales, principalmente por la privatización de los recursos naturales. Pero Ecuador tiene una riqueza enorme que es un pueblo conciente y organizado que sabe frenar esas presiones políticas. Hace unos años atrás, las comunidades indígenas impidieron que se implementara el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

En ese contexto, hemos hecho la opción de trabajar en las comunidades urbanas de la periferia de las grandes ciudades, porque justamente queremos atender allí a los indígenas y campesinos que vienen a la ciudad en busca de un futuro mejor.

¿En qué medida la Ecología puede ser un campo de misión, hoy?

Siempre consideré a la Ecología como un estilo de vida, pero es verdad que ella es un urgente campo de misión hoy por los peligros que amenazan a nuestra gente. La principal especie en vías de extinción, no es el yaguareté ni la palmera sino el mismo ser humano que está intoxicando a su entorno y a sí mismo. En realidad, el estado de intoxicación del planeta es un espejo dónde podemos ver reflejada nuestra misma condición. Somos la tierra y no nos damos cuenta que al contaminarse los ríos del planeta, se envenenaran nuestras fuentes de vida. Por eso nos sentimos alienados y depresivos degradando nuestras propias relaciones humanas y nuestro entorno.

Para mí, la Ecología es en primer lugar una opción pastoral y un estilo de vida, para llevar una vida sana y plena, sin agentes externos contaminantes que deterioren nuestra existencia.

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Acabas de participar en un Encuentro panamericano de JUPIC ¿En qué consistía dicho Encuentro? ¿Cuál era su objetivo?

Cada encuentro nuestro tiene un eje o tema que nos convoca y en este caso la temática era “La cuestión de Género, la migración y la pobreza” Aquí pudimos compartir experiencias misioneras con laicos, Siervas del Espíritu Santo y Verbitas que trabajan en esta área de la Justicia , la Paz y la Integridad de la Creación. Estos intercambios son muy importantes porque nos enriquecen y nos alientan a continuar en esta misión. No se trata de grandes proyectos pero estos encuentros nos empujan a continuar defendiendo la Vida desde una óptica de fe y desde el Evangelio.

Los desequilibrios ecológicos como la deforestación y el calentamiento global, son la causa de problemas como la migración y la creciente pobreza en nuestro continente. Hay temas que son impostergables como la defensa de la tierra, del agua y del trabajo porque son cuestiones ligadas al futuro de nuestra humanidad. Creo que en este Encuentro, hemos logrado perfilar algunas perspectivas de trabajo en equipo para asumir más valientemente este compromiso misionero.

Las diferentes delegaciones fueron presentando sus distintas realidades y se notaba una marcada preocupación por las amenazas del monocultivo de soja transgénica que empobrece el suelo y lo desertifica. También nos preocupaban los agropesticidas empleados y la actual industria de la agroexportación que en lugar de generar recursos para el campesinado, engendra pobreza y migración. Esta es la razón por la cual la gente migra a las ciudades o al extranjero.

Todos estos temas están relacionados porque tienen las mismas causas profundas. Las conclusiones fueron de no desanimarse y continuar con la concientización en nuestras comunidades. También ir concretando de a poco un proyecto común que apunte a prevenir la migración y la pobreza, generando en nuestro continente mejores posibilidades de una vida plena. Nosotros estamos convencidos de que otro mundo es posible.

Entrevista y fotos: Mario Olea svd

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Correo de un misionero a jóvenes inquietos – ROBERTO DUARTE (Ecuador)

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