Hugo Calis SVD, primeras impresiones en Kenia

Hugo Calis svd

Esta es la tercer semana que estoy en mi nueva casa, el Centro de Formación Común SVD de Langata. Aquí me recibieron al mejor estilo africano con la música, danza, comida y fiesta; la verdad superó mis expectativas. Aquí somos en total una comunidad de 32 personas, provenientes de 13 países en su mayoría africanos. En este momento 25 jóvenes en votos temporales estudian la teología y algunos de ellos se preparan para los votos perpetuos. Con ellos comparto los diferentes espacios comunes y también el trabajo, hay una pequeña granja donde cultivan verduras, un gallinero de donde recolectan huevos para el consumo diario, además unas cuatro vacas que producen leche para los desayunos; este espacio me hace recordar mucho cuando estudiaba en la EFA.

Langata es como el pequeño vaticano de Nairobi, más de cincuenta congregaciones religiosas coexisten aquí, también está el seminario diocesano; según las estadísticas, me decían que en este momento entre religiosos varones y seminaristas del clero diocesano que están haciendo sólo teología superan los 1.000, un verdadero semillero vocacional.

En este contexto es donde estoy viviendo, desde aquí todos los días voy a estudiar inglés al Centro de Lenguas de Nairobi (una hora de viaje en “matatus”, lo cual a veces se transforma en una verdadera aventura por la estrechez de las calles y la cantidad de gente que viaja); donde también la realidad se presenta pluriforme con alumnos provenientes de los más variados países del mundo (Irán, Ruanda, Turquía, Chile, Eritrea, Italia, Libia, Congo, Francia, España, Alemania, Somalía, Etiopía, Corea, China, Argentina, Brasil, Costa Rica, Moldavia, Colombia, Angola, Israel, México, Marruecos, Indonesia, de los que recuerdo). A todos nos une el deseo de aprender una lengua para poder comunicarnos y desarrollar nuestra tarea desde el lugar donde estamos insertos en la sociedad. Estoy muy feliz con este espacio, pues en poco tiempo son tantas las cosas que aprendo junto con la lengua, pues las clases dan para compartir costumbres, estilos, creencias de las culturas de cada uno; es un verdadero curso de inculturación y diálogo interreligioso; estoy aprendiendo mucho más de lo que podría haber leído en un libro, me siento gratamente sorprendido. Cuando digo que soy de Argentina, enseguida les viene a la lengua “Maradona”, y algunos añaden: “ha sido muy bueno jugando porque como persona deja mucho que desear”, no se reservan palabras.

Los fines de semana, como en todas nuestras casas formativas, aprovechan para compartir con las comunidades diferentes pastorales. Yo por lo pronto empiezo a recorrer con los muchachos los espacios donde ellos van y la verdad es muy bonito estar con este pueblo, participar del colorido de sus celebraciones, el canto y la danza al ritmo de la música en las eucaristías, no dejo de sorprenderme por la vitalidad y alegría que manifiestan en las mismas, con un estilo tan particular del ser africano.

Entre tantas cosas que me llaman la atención es interesante que en las diferentes homilías que escuché, los curas han puesto el acento en el cuidado del medio ambiente como defensa de la vida del presente y del mañana. Realmente se nota cómo tienen un respeto por los animales, los árboles, todo es sagrado.

Cuando uno recorre los locales de venta, se puede comprobar que en general para nosotros son muchos más baratas las diferentes cosas de la canasta familiar (comparando con nuestro devaluado peso argentino), pero para los kenianos es muy caro, el costo de vida es elevado para ellos; normalmente el salario común de un trabajador es de 12 a 25 dólares al mes; una verdadera miseria. La diferencia social está muy marcada, la riqueza y miseria son las dos caras de una misma moneda. A muchos europeos les encanta venir a vivir aquí porque pueden tener empleados, casas, y despilfarrar dinero sin la necesidad de tener que trabajar ambos en la pareja.

Son muchas las cosas para seguir narrando… será hasta otra oportunidad.

Hugo Calis SVD