Iglesia cubana, espacio de acogida y libertad

Sergio Bertram SVD

Sergio Bertram ya trabajó como misionero en Cuba diez años en la década de los ’90. El año pasado, Sergio se reintegro al equipo misionero en Cuba, luego de seis años de ausencia, ocupando otra responsabilidad en México. Al volver a Cuba, Sergio experimentó la alegría del reencuentro con amigos y comunidades pero también tuvo que adaptarse a los nuevos cambios que la Iglesia y el pueblo cubano han vivido recientemente en la isla caribeña. Le preguntamos a Sergio cómo es la Iglesia y la misión en Cuba.

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El pueblo cubano vive con gran estrechez y limitaciones. Año a año aumentan las dificultades y se endurece la lucha por la supervivencia: comida, vestido, trasporte etc. Son muchas las limitaciones internas y las dificultades de distinto orden que se sufren en Cuba. En el pueblo cubano, se puede percibir una mezcla de orgullo, entusiasmo y deseos de participar en trabajos comunitarios, por otro lado; se nota el creciente desaliento, resignación e impotencia por el sistema de vida impuesto por el régimen revolucionario. Prensa, Radio y TV son controladas por el estado, siendo la información inspeccionada y politizada según los intereses del sistema.

Hay también una serie de acontecimientos de los últimos años que aun repercuten en la población y que refuerzan las posiciones de simpatía y de antipatía hacia el régimen castrista. Entre ellos, los balseros náufragos recogidos en alta mar y costas de JUL. que desatan una guerra ideológica entre cubanos. Otro es la guerra ideológica promovida por Castro que por una parte destaca logros y realizaciones y por otra parte subraya los errores del gobierno norteamericano.

Con respecto a la Iglesia en Cuba, ella tiene en general, un fuerte sentido comunitario. Fue también lo que más me impactó, cuando llegué la primera vez, en 1988. Y este valor permanece el mismo: la jovial interrelación entre las personas y las comunidades, el conocerse y la alegría de encontrarse. Las comunidades cristianas también lograron crear espacios de sencillez, alegría y libertad. Hoy las comunidades son bastantes más grandes en número de miembros. Lo que hace que el conocimiento personal sea un poco más difícil, pero sigue siendo muy valorado el sentido comunitario y de pertenencia comunitaria. Otro aspecto que me alegró es el creciente interés y aprecio por la Palabra de Dios. La Revolución cubana triunfó en enero de 1959, poco antes del Concilio Vaticano II (1962-1965). Desde entonces, el sistema comunista adoctrinó y prohibió, pero no logró borrar el sentimiento religioso ni la sensibilidad de lo divino en el corazón de la gente. Pero la población cubana carece en general de formación religiosa y no hay librerías religiosas en la isla. A comienzos de los 90, el gobierno permitió el ingreso de biblias al país y hubo Iglesias hermanas que donaron una cantidad enorme de biblias. Ciertamente sorprende gratamente el interés y la valoración que hace la gente de la Palabra de Dios. Es muy usada en las comunidades y grupos; y son muchos los que hacen una lectura diaria de ella. Así la Palabra anima y orienta en el camino de la fe de los cubanos.

¿Hoy, es posible vivir abiertamente el cristianismo en Cuba?

Sí, ahora es posible. Es cierto que el sistema político se declara ateo y que desde el comienzo de la revolución, se buscó de hacer olvidar la dimensión religiosa y el sentido de Dios. Hubo presiones que obligaron a muchos a no participar en las celebraciones parroquiales. Por ello, la gran mayoría del pueblo “nacido” con la revolución, creció sin formación religiosa. A veces el cristianismo que permaneció quedó reducido a prácticas piadosas. Sin embargo, siempre hubo grupos de personas (grupos pequeños pero convencidos) que siguieron participando en las comunidades y hoy su número es aún mayor. Lo constatamos con mis compañeros, otros siete misioneros verbitas, entre los cuáles hay otro argentino, el P. Héctor Arrúa, oriundo de Posadas (Prov. de Misiones). Creemos también que las exigencias de la situación política, obligan a los cristianos a ser más coherentes en la vivencia de su fe. Ciertas convicciones no vienen puramente del razonamiento humano sino del Espíritu de Dios que obra en el interior de las personas. Debemos pedir también esta fuerza y dinamismo del espíritu mediante la oración insistente y perseverante.

¿Qué sucederá luego de la muerte de Fidel?

Es una pregunta que muchos se hacen y a la que no es fácil responder. Siempre que desaparece un líder, se dan cambios. Cuanto mayor sea el líder, tanto mayor serán los cambios. No hay dudas que Fidel Castro es un gran líder y un hábil político que lleva gobernando la isla largos años (desde 1959). Es conocido mundialmente, admirado y querido por muchos dentro y fuera de la isla, pero también cuestionado y rechazado también por una parte considerable del pueblo cubano. Su desaparición seguramente traerá grandes cambios. Habrá, sin duda, un tiempo nada fácil de transición y de búsqueda de un nuevo liderazgo hasta comenzar una nueva etapa. Sería triste y penoso dejarnos llevar en ese momento, por sentimientos y comportamientos partidistas y revanchistas. Al mismo tiempo, en la isla, la Iglesia es reconocida como un poder moral y es valorada como un espacio de acogida y libertad. Estamos preparándonos para prevenir ese tipo de situaciones. Ojalá que busquemos cambios que sean siempre para el bien del pueblo.

Quería decirles también que durante todos estos años vividos en Cuba, sentí una fuerte comunión con la Iglesia , mediante personas y comunidades que me han acompañado en esta misión. Les pido que nos sigan apoyando con sus oraciones, no sólo a nosotros los misioneros, sino también a este cálido pueblo cubano. Dios quiera que podamos crecer en encuentro, conocimiento y comunión con Dios, para que maduren en nosotros actitudes de apertura, respeto y solidaridad entre los pueblos.

Sergio Bertram svd
Cuba

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Fuente: Revista «Misiones en el Mundo»