Jesús Reina en nuestro corazón

YO ESTOY AQUÍ (Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo – Jn 18,33b-37)

Por Ian Nercua svd

Este último domingo del año litúrgico nos invita a tomar conciencia el significado del Reino de Dios, celebrando la solemnidad de Jesucristo, Rey y Señor del Universo. Nuestro conocimiento sobre esto, nos ayuda de cómo extender tal Reino en nuestro mundo.

¿Qué entendemos por «Reino de Dios»? El Reino de Dios es un gobierno establecido por Dios. Dios ha elegido a Jesucristo para ser el Rey de su Reino. Es por eso que la fiesta de Cristo Rey resalta la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. El propósito de esta fiesta es recordar la soberanía universal de Jesucristo. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

El Reino de Dios ¿es una realidad solamente espiritual o solamente humana? La iglesia nos enseña que la vida del cristiano se mueve siempre entre dos frases de gran profundidad, «el reino de Dios ha llegado a ustedes” y «venga a nosotros tu reino», los que escuchamos a Jesús y cada vez que rezamos el Padre Nuestro. Eso significa que este reino ya ha empezado pero todavía no estamos inmersos totalmente en él. Cada vez que decimos en el Padre Nuestro “venga a nosotros tu reino”, estamos diciendo que nosotros, por nuestras propias fuerzas, no podemos llegar hasta Dios. Necesitamos de su salvación para formar parte de ese reino con un nuevo distintivo.

Ahora, ¿cuál es el desafío del evangelio y de la fiesta de hoy? Nuestra condición humana está muy enraizada en los “reinos humanos” y necesita que nuestra debilidad humana sea superada y completada. En nuestro mundo tan tocado por la injusticia, la maldad, la pobreza, la violencia y la división, ¿está presente el reino de Dios?

Así hoy, estamos llamados a extender el reino de Dios en nuestro camino. Desde los primeros momentos del camino Cristiano, nos recuerda la necesidad de nacer de nuevo, de pertenecer al pueblo de Dios, de formar parte de los apóstoles y discípulos de Jesús, y de identificarnos con el reino de Dios. Es en este sentido, el Reino de Dios también se refiere al cambio de corazón y mente por parte de cada uno de nosotros como cristianos, dando énfasis en el tema que el reino está en medio de nosotros.

Estamos llamados a evaluar nuestra relación particular entre Dios y las personas, empezando con nuestras familias, vecinos y los demás. No podemos actuar como algunos de nosotros que sólo se acerca a Dios porque tiene poder para sanar a mi hijo… me cure a mí… me devuelva la estabilidad de mi matrimonio… pueda recuperar mi empresa… pensando como si no estuviera metido en los asuntos del mundo y desobedeciendo sus enseñanzas, cometiendo injusticias, engaños y maldad. Debemos aceptar que Dios tiene autoridad sobre mi vida y mi existencia, que me eleva sobre los problemas cotidianos. Acepto a Dios como el Señor de mi vida, aunque las cosas de mi existencia diaria no salgan como yo quiera. La posibilidad de alcanzar el Reino de Dios fue establecida por Jesucristo al dejarnos el Espíritu Santo, que nos concede las gracias necesarias para lograr tal llamada al mundo. Ésa es la misión que nos dejó Jesús, como Iglesia.

Se puede pensar que sólo se llegará al Reino de Dios luego de pasar por la muerte, pero la verdad es que el Reino ya está instalado en el mundo a través de la Iglesia que peregrina al Reino Celestial. ¿Que estamos haciendo para ser parte de este Reino?

P. Aureenhor Ian Capuyan Nercua, SVD
Parroquia San Cayetano, Palpalá – Jujuy