Jorge Gottschalk SVD

Jorge Gottschalk SVD (1883-1980)

No se borrará jamás de la memoria de quienes lo conocimos, en tiempos artos difíciles de Eldorado, en Misiones, población nutrida del Alto Paraná. En la práctica separada de Posadas, la capital de Misiones, ya que sólo las unía vía posible, el río. De caminos, ni hablar. Él bendijo mi matrimonio, teniéndome como huésped, y más tarde bautizó mi primer hijo. Estos son los recuerdos que guardo, profundamente agradecido, por los servicios recibidos del pastor humilde, pero firme a todo avatar para defender y propagar las enseñanzas de Jesús.

Al final de una curva de la llamada ‘Picada Maestra’, la que surgía a once kilómetros de Puerto Pinares y a la vera de la cual se extendía largamente la población de aquellos años, hablo de los treinta, se erguía la iglesia católica atendida por el padre Jorge Gottschalk. A pesar de ser minoría en número y medios frente a diversos credos de distintos orígenes, el sacerdote misionero se hacía ver en todo el departamento de Iguazú, que comprendía lo que hoy son: Eldorado, Iguazú, Manuel Belgrano y San Pedro.

En 1928, el P. Jorge fue el primero en radicarse en Eldorado y logró desenvolverse a pesar de incontables inconvenientes. Gracias a la herencia familiar que le entregó su madre, desde Alemania su tierra, levantó la primera casa parroquial. Consiguió tiempo después la ayuda de un joven entrerriano, de apellido Hein, ex estudiante de magisterio, que comenzó a dar clases en esa escuelita parroquial, a un grupo de niños de modesta condición, los que fueron reduciéndose en la medida que, desde 1932, crecía el poder del nazismo en Alemania y su influencia se hacía sentir en Eldorado, porque desde la Capital Federal se hizo muy poco para evitar la infiltración. El P. Jorge se quedó sin apoyo a medida que aquella prédica tenía cada vez más fuerza entre los colonos, un tanto por temor a las delaciones y más que nada por la lenidad del gobierno nacional.

Así fue un día, aunque mi escuela quedaba muy lejos, en zona de monte, en que recibí la orden de la Inspección Nacional de Escuelas -todas nacionales entonces-, de acompañar a un inspector que llegaría en fecha fijada para tomar examen a los niños de la escuela privada del P. Gottschalk, un total de once niños, hijos de paraguayos, obreros de la yerba. Los chicos alemanes o descendientes, habían sido poco a poco retirados del colegio por aquel silencioso temor existente a la denuncia y al “vacío” que le hacían los compatriotas a sus papás.

Llegué en un camión cargado de yerba canchada. Eran veinte kilómetros de picada desde mi escuela. Acompañé al inspector llegado de Buenos Aires a evaluar a esos pocos niños de la escuela parroquial. Me ofrecí ese día para acompañar al inspector en el examen que debía tomar en otro colegio privado, donde se olfateaba la infiltración de la política que, predominaba en Alemania.

El inspector, argentino, gentilmente me hizo saber que “son muy buena gente” y agradeció mi propuesta de colaboración. Total… eran 80 ó 90 alumnos que examinaría, y lo hizo solo. Mis colegas de escuelas nacionales de la colonia, cercanas al kilómetro 11 de Eldorado, tenían dudas sobre la seriedad de ese examen con un solo examinador y la apreciable cantidad de alumnos que “pasaron” en una mañana.

El buen P. Jorge me contaba su preocupación, porque habiendo pasado montado sobre su blanco caballo -el único medio de trasladarse como no fuera a pie-, había presenciado que los niños con su maestro llegado de Europa, adicto nazi, realizaban entre los árboles ceremonias de ritos germanos y paganos, con fuego y danzas.

Estoico viajero

Todo el extenso departamento de Iguazú era visitado por lo menos una vez al año. La vuelta duraba un mes, pasando por Irigoyen, San Pedro… No había caminos, salvo picadas o sendas por el monte. El P. Jorge brindaba consuelo, ayudando espiritualmente a esas familias que escribían una historia diferente. El misionero compartió las naturales molestias de la cálida selva subtropical, con temperaturas extremas, con plagas animales y vegetales.

El P. Jorge había nacido en Bad Lendeck, Silesia, en 1883, en una familia piadosa, con diez hijos. Hizo estudios religiosos en el seminario de Breslau y fue consagrado sacerdote el 22 de junio de 1907. Ingresó en el Verbo Divino en 1914 y fue destinado a la Argentina en 1920. Ejerció su apostolado en Buenos Aires y Entre Ríos. Como se necesitaba un sacerdote que hablara alemán, en 1928 se trasladó a Eldorado, donde permaneció once años.

En esta incipiente colonia vivió tiempos muy penosos, máxime cuando ya en 1934 no vaciló en defender la verdad evangélica frente a fanáticos que, querían “la sustitución de la cruz de Cristo por la cruz esvástica”, tema que él tenía presente en cada homilía. Esta actitud firme le valió el alejamiento de la mayoría de sus paisanos alemanes. En el kilómetro 9 sólo se mantuvo adicta la familia de Francisco Stark, que luego se fueron a vivir a Posadas.

En la Colonia Eldorado, cada domingo trataba de celebrar la misa en cuatro o cinco lugares, bastante distantes entre sí. En los buenos tiempos lo acompañaba algún paisano o también algún criollo, aunque estos eran los más pobres. Cuando había un quinto domingo al mes, visitaba alternativamente el Km. 28 de la denominada Picada Maestra -hoy ruta 17-, y algunas veces mi escuela en Valle Hermoso, compartiendo la mesa sencilla de un maestro, en medio del monte.

En testimonio a la verdad, debo decir que transitó todos los caminos para llevar la esperanza y auxilio cristiano sin una queja, alegre por poder transmitir a gente sencilla las enseñanzas de Cristo. Aún me parece verlo, montado en su caballo blanco, de cola larga, paciente como su amo.

En 1939 se alejó de Misiones, rumbo a Entre Ríos. Estaba ya disminuido en su salud. Estuvo en Valle María, y por dos décadas más en el Leprosario Fidanza, cerca de Paraná. Cuando cumplió 70 años como misionero de Dios se encontraba en Esperanza, provincia de Santa Fe. A esa celebración, el 22 de junio de 1977, asistió Mons. Jorge Novak, obispo de Quilmes y unos treinta concelebrantes. Cumplía entonces 94 años, casi completamente ciego y apenas oía. Dios lo llamó el 12 de julio de 1980.

Tuvo el privilegio de servir al Señor con la verdad, la justicia y la confianza en sus designios, siempre sincero y entrega total en sus manos. Fue un ejemplo en todos los aspectos que se quieran analizar de su persona. Lejos de su tierra natal, en ambientes raros y hasta propensos a desanimar a cualquiera, el P. Jorge Gottschalk supo dar testimonio fiel de lo que creía y anunciaba. Al recordarlo no puede menos cada uno que le conoció, que elevar un ruego para el pastor más humilde y más satisfecho de haber hecho el bien, brindándose siempre entre los hermanos de cualquier comunidad, por más diferente que esta fuera.

José Antonio Margalot
Profesor

(Fuente: “100 Años de la Segunda Evangelización en la Tierra Colorada”, Lorenzo Bovier SVD)

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