José Gallinger SVD

+ 13.10.2014 (1921-2014) / 21-37-39-43-44

José Gallinger SVD (1921-2014)

El P. José Gallinger nació el 13 de marzo de 1921 en Gascón, provincia de Buenos Aires, Arquidiócesis de Bahía Blanca. Sus padres eran José Gallinger y Ana María Kloster.

Ingresa al Noviciado de la Congregación del Verbo Divino, en Rafael Calzada (Buenos Aires), el 1 de marzo de 1937 y realizó su primera profesión religiosa el 1 de marzo de 1939, los votos perpetuos los emite el 01 de marzo de 1943 y en el año 1944 recibe la Ordenación Sacerdotal.

Fue profesor de Historia de la Iglesia y Pastoral, Prefecto de los candidatos en el seminario San Francisco Javier desde su ordenación hasta el año 1950. En el año 1950 es nombrado Maestro de Novicios en el mismo Seminario San Francisco Javier de Rafael Calzada. Entre 1954-1957 fue director de la imprenta Guadalupe en Rafael Calzada, simiente de la empresa editorial que conduciría con singular fecundidad y empeño tiempo después, durante dos décadas (1965-1985) en Capital Federal.

En dos períodos fue párroco de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Buenos Aires, barrio Palermo. Allí condujo un proceso de crecimiento comunitario que se tradujo en una prolífica actividad educativa y misionera. De la abundancia de su vida sacerdotal y evangelizadora da cuenta también el impulso fundacional con que dio origen a la Comunidad Fraterna Guadalupe (COFRAGUA), al Seminario de Teología para Laicos y a la Escuela Secundaria Comercial del Instituto “Arturo Gómez”. Además, se destacó como Asesor del Instituto Secular Apóstoles del Sagrado Corazón y de la Asociación de Hombres de la Acción Católica Argentina.

También ofreció su experiencia y su discernimiento a la conducción de la comunidad religiosa cuando fue elegido Superior Provincial de ARS (1976-1983) y Rector de la Casa Verbo Divino.

A lo largo de su ministerio ha realizado numerosas publicaciones, se destacó por ser un reconocido predicador de retiros y ejercicios espirituales dirigidos a laicos, consagradas/os y sacerdotes en diversos lugares del país y fuera de él. Su profundidad humana y sabiduría teologal se fraguó junto a su comprensión y entusiasmo del Concilio Vaticano como un nuevo Pentecostés para la Iglesia.

Desde el año 1998 residió en el Hogar San Javier de Rafael Calzada, desde allí  continuaba irradiando los dones recibidos. Como hombre modesto y sobrio, trasmitía su paz, hondura, delicadeza e integración personal. Disfrutaba de la vida comunitaria y espiritual que se comparte en el Hogar y de igual manera cuando recibía llamadas telefónicas y visitas amigas.

El P. José, muy querido y respetado por todos, fue “mimado” de un modo particular en este último año, cuando celebró sus 75 años de vida religiosa y 70 años de sacerdocio. La comunidad de los cohermanos, laicos y amigos, pudieron expresarle su cariño y gratitud en vida.

El 13 de octubre de 2014 por la mañana, lunes después del domingo de las Misiones que se celebra en Argentina, falleció en el Hogar San Javier.

Así partía el P. José tras una larga vida fecunda, hacía años se venía despojando de sí abrazando con simplicidad la fragilidad que los años y la enfermedad le proporcionaban, se iba conformando a Jesucristo en su ofrenda definitiva, pero siempre con una aceptación, lucidez y claridad que impresionaba a todos.

La misa de exequias concurrió como un contundente signo de comunión tal como era su amor por la Iglesia. La eucaristía fue presidida por el Obispo de Lomas de Zamora -Jorge Lugones-, acompañado por su Obispo Auxiliar -Jorge Vásquez-, el P. Provincial y el Consejero General -Gregory Pinto-, junto a muchos cohermanos SVD y clero secular, laicos de las comunidades por donde pasó y personas con quienes compartió su fe, su trabajo y su misión.

La Provincia de los Misioneros del Verbo Divino – Argentina Sur y la Congregación, tienen y tendrán un recuerdo agradecido por este cohermano que ha dedicado su vida religiosa y sacerdotal con celo espiritual y misionero en bien de la Iglesia argentina.

Agradecemos al Dios de la Vida el regalo de su persona, su testimonio y servicio entre nosotros. Pedimos por su eterno descanso y que el Señor le conceda el gozo de la eterna caridad.

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Testigo de la primavera

Recorrer las páginas que componen esta obra [1] es asomarse al entrecruzamiento de una biografía personal con el acontecimiento eclesial más significativo de los últimos siglos. La biografía es la del sacerdote misionero verbita, José Gallinger. El acontecimientio, el Concilio ecuménico Vaticano II.

El territorio que da cuenta de dicho cruce son las clases de antropología teológica que el padre José Gallinger dictó entre 1964 y 1995 en el “Seminario de teología para laicos” vinculado a la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de la Arquidiócesis de Buenos Aires, en el barrio de Palermo.

No sería del todo preciso decir que el planteo de su antropología sea puramente fruto del Concilio, porque José Gallinger forma parte de aquella generación que, además de “aplicar” el Concilio, tuvo como tarea gestarlo.

En 1964 se vive el segundo período de intersesión del Concilio Vaticano II, preparatorio de la IIIª Sesión. Paulo VI, atravesando el primer año de su pontificado, publica la encíclica programática Ecclesiam suam en la que aborda el tema que define el espíritu conciliar: el diálogo que la Iglesia necesita, en todas sus dimensiones. El Concilio está buscando un rumbo definitivo y ya se hace lugar común la vivencia del mismo como “acontecimiento”.

Si atravesamos las lecciones de antropología del padre José Gallinger encontraremos un camino que va desde la Ecclesiam suam al Documento de Puebla (1979), pasando por la constitución dogmática Lumen Gentium (1964), la constitución pastoral Gaudium et spes (1965) y la encíclica Evangelii nuntiandi (1975). Es el trayecto marcado por esos hitos del magisterio –conciliar, papal y latinoamericano–, donde habría que incluir la encíclica Populorum progressio (1967), los Documentos finales de Medellín (1968), la carta Octogesima adveniens (1971), la Declaración de San Miguel (1969), la encíclica Redemptor hominis (1979) y el documento Iglesia y comunidad nacional (1981).

Es el tiempo de la renovación y el de la llamada “primavera conciliar”, signada por la decisión profética de Juan XXIII y Paulo VI –y con ellos de toda el aula conciliar– de ser “optimistas a conciencia” con respecto al humanismo moderno, de asumir positivamente el giro antropocéntrico de la cultura contemporánea y de pensar a la Iglesia como servidora de la humanidad. “Así lo esperamos para la humanidad entera, que aquí hemos aprendido a amar más y a servir mejor”, decía Paulo VI en su magistral discurso del 7 de diciembre de 1965, un día antes de la finalización del Concilio.

La antropología teológica del padre José Gallinger se desarrolla entre la fidelidad a los temas clásicos de la cuestión del hombre para la fe cristiana y la relevancia a la mirada sobre el hombre de hoy, dialogando con el pensamiento filosófico del siglo XX, y extrayendo de aquella fidelidad y de esta relevancia los desafíos concretos que a se le plantean a la Iglesia y a su misión en el actual contexto histórico. Por eso, su curso de antropología teológica expresa y a la vez construye –en su particular estilo– el designio del humanismo cristiano propuesto por el Concilio, atestigua aquella primavera conciliar y nos presenta al hombre como “el primer camino” a recorrer por las comunidades cristianas (ver Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptor hominis, 14).

Él hace suyas aquellas proféticas y poéticas palabras de Paulo VI: “Todo esto y todo cuanto podríamos decir sobre el valor humano del Concilio, ¿ha desviado la mente de la Iglesia en Concilio hacia la dirección antropocéntrica de la cultura moderna? Desviado, no, vuelto sí. La religión católica es para la humanidad: en cierto sentido, ella es la vida de la humanidad. Es la vida, por la interpretación, finalmente exacta y sublime, que nuestra religión da del hombre (…), y la da en virtud de su ciencia de Dios: para conocer al hombre, al hombre verdadero, al hombre integral, es necesario conocer a Dios… Y si recordamos cómo en el rostro de cada hombre, especialmente si se ha hecho transparente por sus lágrimas y sus dolores, podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo (ver Mt 25,40), el Hijo del Hombre, y si en el rostro de Cristo podemos y debemos además reconocer el rostro del Padre celestial: ‘quien me ve a mí, dijo Jesús, ha visto al Padre’ (Jn 14,9), nuestro humanismo se hace cristianismo, nuestro cristianismo se hace teocentrismo; tanto que podemos afirmar también: para conocer a Dios es necesario conocer al hombre.” (Paulo VI, Alocución en la sesión pública del Concilio Vaticano II, 7.XII.65).

Este es el espíritu que campea en sus clases, lejos del “invierno eclesial” –al decir de Karl Rahner– que luego se adueñaría de la “administración” de la herencia del Concilio Vaticano II, hiriendo aquel optimismo antropológico y profundizando, cada vez más, el abismo que parece separar a las manifestaciones oficiales del catolicismo de la cultura contemporánea.

Para quienes hayan sido sus alumnos a lo largo de más de tres décadas, estas páginas serán un tardío repaso y, a la vez, un cálido recuerdo. Y para quienes no lo hayan sido, quizás sean la ocasión para conocer a un maestro, asumir su pro-vocación y salir a buscar nuevos caminos.

Oscar A. Campana

[1] José Gallinger, Desde el hombre a Dios. Apuntes de Antropología Teológica, Buenos Aires, Alumnos y amigos, 2010.

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Artículo asociado: P. José Gallinger SVD – 75 años de Vida Religiosa y 70 años de Vida Sacerdotal

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11 Comentarios

  1. Pilar

    Gracias padre Gallinger por despertarnos a todos los de Misa de las 20 horas los domingos en Guadalupe y por hablar de Jesus asi como definir que comulgar era sencillamente unirse en el Amor de Jesus a los hermanos. Usted enseñaba a ser Espirituales por encima.D.E.P.

  2. Alberto Alvarellos

    Participé de las misas celebradas por el Padre José en Guadalupe, entre los años 1988 y 2010, Nunca un sacerdote me hizo vibrar tanto como el Padre José con sus homilías. Sus conceptos evangélicos, «bajados» a la realidad cotidiana eran verdaderas enseñanzas que uno conservaba en su corazón. Ya debe estar descansando junto al Señor que tanto nos enseñó a amar.

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