José Keller SVD

José Keller SVD (1920-1994)
José Keller SVD (1920-1994)

Silenciosa presencia

La cepilladora estremece con su monólogo agudo e insistente. Saludamos con una mano en alto y una sonrisa. Para un listón más, atrapado por esa garganta metálica. El carpintero, notando nuestra presencia, desconecta la máquina. Aquí y allá compaginaciones de madera a medio armar.

– «Esto será un placard», nos dice mientras se seca la transpiración. José Keller nos invita a un rincón; una mesa de dibujo, proyectos, una carpeta oscura y ese aroma penetrante, a madera seca, confidencia de años y de monte.

– «Así que estamos de fiesta… un alto en la vida…».

– «Sí», nos responde el Hno. ‘Teódulo’ (nombre que eligió al entrar en la Congregación de los Verbitas). «50 años de profesión, es decir de mi consagración como religioso y misionero».

– «¿Por qué no nos cuentas algo de tu vida?»

– «Nací en General Pinto, provincia de Buenos Aires. Éramos once hermanos. Las dificultades económicas obligaron a Ignacio Keller, mi papá, y a Julia Weimberger, mi madre, a buscar otras tierras. Después de muchas penurias aterrizamos en Capioví (Misiones). Yo tenía diez años. Nos dedicamos a la agricultura y al ganado. En tropa arreábamos los animales desde Corrientes. Faenábamos para toda la zona».

– «¿Y cómo nace tu vocación religiosa?

– «Fue el padre Juan Lambrecht quien me invitó a estudiar en Azara en 1934, donde funcionaba el Seminario Menor ‘San José’. A mi padre no le agradó la idea. Yo lo consolé con esta frase: ‘Papá, si no me gusta vuelvo pronto’…». Allí estuve dos años. Luego en Villa Calzada, provincia de Buenos Aires, me introdujeron en el estudio y práctica de carpintería, a la vez que cursaba el postulado y noviciado, tiempo para verificar mi vocación. El 1º de marzo de 1939 ofrecí mi vida a Dios en bien de los hombres, comprometiéndome por los tres votos: de pobreza, castidad y obediencia, como Hermano religioso y misionero en la Congregación del Verbo Divino. En 1945 realicé mis votos perpetuos en Rafael Calzada.

– «¿Y qué hacen los Hermanos? se preguntan muchos…

– «Es una vocación silenciosa. Apoyamos con el trabajo de nuestras manos la obra misionera de la Iglesia. Por ejemplo, en Calzada los Hermanos estábamos en todas partes: en la imprenta, oficinas, tambo, gallinero, enfermería, huerta, educación, carpintería… La casa de Villa Calzada se autoabastecía. Yo me dediqué especialmente a la carpintería y tambo. ¡Cuántos muebles pasaron por nuestras manos!: pupitres, armarios, ventanas, puertas, altares… Todos estos trabajos generaron ingresos para mantener seminarios y enviar misioneros a todo el mundo. Durante el año 1962 pude perfeccionarme en Europa. Después de 35 años en Calzada, en 1970 me destinaron a Fátima, cerca de Posadas».

– «¿Qué lugar ocupa un Hermano misionero en una congregación religiosa como la Verbita?

– «Como escribiera alguien, el Hermano es el amigo del sacerdote, el confidente, el que apoya con su esfuerzo la evangelización; el corazón que reza y pide por todos. El Hermano religioso misionero se compromete con Dios y los hombres, consagrando su acción diaria, respaldada por la piedad, la lectura y la meditación. Como lo expresaba nuestro fundador Amoldo Janssen: ‘Los hermanos ofrecen oraciones y buenas obras, no como empleados, sino como hijos de Dios y por su amor. Así se santificarán y serán también padres espirituales de aquellos a quienes les será concedida, gracias a esta consagración, conocer y amar a Dios’.»

Sabemos por la historia, que por el trabajo silencioso de los Hermanos, que eran numerosos, junto a la misión de los sacerdotes, se hizo posible que Amoldo, desde la fundación de Steyl en Holanda, pudiera enviar a muchos para el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio y por la educación y sanidad promover a pueblos subdesarrollados.

– «Resumiendo: ¿Qué siente el Hermano ‘Teódulo’ José Keller en esta hora jubilar?»

– «Mi agradecimiento a Dios que me llamó a colaborar silenciosamente en la evangelización; mi gratitud a mis familiares y hermanos del Verbo Divino; gracias a tantos amigos y conocidos que compartieron conmigo trabajos, alegrías, sufrimientos y esperanzas».

– Hno. Teódulo, en tus Bodas de Oro de Consagración Misionera ¡felicidades y éxitos en el Señor!»

Nos despedimos, pero en el corazón llevamos la sensación de una presencia equilibrada y silenciosa que abraza a todos, porque en cada prójimo ve a Dios. Como expresa el documento de Puebla: «Los religiosos, llamados por el Señor, se comprometen a seguirlo fielmente, identificándose con Él desde las Bienaventuranzas» (Nº 742).

El 4 de diciembre de 1994 Dios lo llamó inesperadamente en Capioví, cuando estaba de paso visitando a sus familiares, falleciendo de un infarto al bajarse del vehículo.

(Fuente: “100 Años de la Segunda Evangelización en la Tierra Colorada”, Lorenzo Bovier SVD)

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