La crisis y ausencia de la paternidad hoy en nuestras familias

Roberto Manuel Cáceres Pallavidino *

Antes de hacer hincapié en el tema, quisiera comenzar describiendo brevemente el panorama de la situación actual como los que nos toca vivir. En este constante proceso de globalización, el mundo ha experimentado profundas transformaciones tecnológicas, económicas, como también culturales y sociales. Estas transformaciones dieron lugar además, a que los roles y funciones, como la dinámica familiar hayan cambiado notablemente.

En verdad, no podemos negar que la Sociedad Humana transita por una profunda crisis de conceptos y por otra parte una jerarquización y degradación de los valores, debido a los cambios sociales y culturales imperantes.

Asimismo, debemos reconocer las magníficas ventajas de los medios de comunicación social como la informática y la televisión, para los miembros de la familia, desde los espacios informativos hasta programas de formación humana; pero debemos tener presentes los graves inconvenientes que muestran, como ser los programas cuyos contenidos, en la mayoría de los casos, de escasa calidad técnica y pocos formativos que causan una distorsión de la realidad y difusión de falsos ideales ó enfoques de la vida.

¿Quién podía imaginarse los permanentes ataques a que es sometida la familia, el matrimonio, el auténtico amor, la fidelidad conyugal como también el rol de los padres?, y de qué manera los medios de comunicación abordan con “ligereza” temas delicados que no son analizados seriamente. Se pretende tergiversar conceptos básicos sobre los cuales se sustenta el matrimonio y la familia, instituciones creadas por Dios y fundamentadas en la naturaleza humana. Además, se intenta convencer a las personas y a la sociedad de aceptar “nuevos modelos de familia” como exigencia de los tiempos modernos y son consecuencias de una cultura hedonista, de un fuerte individualismo y demoledor relativismo ético y moral.

Vivimos tiempos difíciles y observamos constantemente como la familia es atacada con gran agresividad por parte de la sociedad. Muchas de ellas, destruyen desde su mismo seno, quedando en la oscuridad profunda, en lo mundano, en lo pagano, en lo sin sentido, olvidando lo que es ser realmente “FAMILIA”. Ante esta lamentable realidad que nos rodea, es necesario asumir con valentía para defenderla, recalcando el significado y la importancia que tiene la familia en la sociedad y que no debe ser olvidado en los tiempos actuales.

Uno de los serios problemas de nuestra sociedad, que particularmente se cuestiona, se polemiza, es la ausencia del padre para sus hijos. Surgen interrogantes, si el papel del padre puede ser asumido por la madre ó por otras influencias masculinas, el efecto de no tener un padre para los niños y adolescentes es profundamente alarmante.

Resulta oportuno introducir una serie de conceptos, para una mejor comprensión del título a que se expone.

La palabra “crisis” proviene del latín “krisis”, que significa “separar-resquebrajar-romper”. Crisis es algo que se rompe y porque se rompe hay que analizarlo. La crisis tiene el sentido de conflicto que nos obliga a pensar profundamente, por tanto produce análisis y reflexión.

La palabra “paternidad” hace referencia a la cualidad del padre y “maternidad”, es el término que hace referencia a la cualidad de madre. En la actualidad, la palabra “paternidad” por extensión puede referirse a ambos progenitores.

La paternidad humana en su doble acepción paterna y materna proviene de Dios; en este sentido podemos decir que la paternidad y maternidad humana son vocación divina. Ese es su misterio y grandeza. Cuando esta verdad, se debilita, se ausenta o es sustituida por la indiferencia, la mezquindad, la falsedad, el odio, las tendencias doctrinarias y las nuevas corrientes ideológicas, brotan todas las flores del mal.

Otro concepto que merece mencionar y que ha perdido vigencia en estos tiempos es “la patria potestad” vinculada íntimamente a la institución matrimonial y familiar. Esta expresión hace referencia al concepto de “autoridad familiar”, de ahí podemos definir al conjunto de obligaciones y derechos que corresponden a los padres sobre los hijos. Así surgen la potestad disciplinaria, la potestad en el hogar y la potestad educativa. Al carecer esa “potestad” en el hogar dificulta ó agrava más aún otra cuestión relacionado con la educación de los hijos, que es la puesta de límites.

Nos hemos preguntado alguna vez, ¿si fuimos ó estamos preparados para ser padre ó madre?: evidentemente no. En un momento dado de la vida, pasamos a cumplir ésta difícil función de padre ó madre, pero no siempre con la formación, preparación, madurez y sobretodo concientización adecuada hacia la noble tarea a desempeñar.

Educar a un hijo, es un arte que requiere preparación, tiempo y dedicación. Es necesario cultivar el diálogo con cariño y preocupación diaria y ayudarles a desarrollar sus valores y virtudes para que vayan creando buenos hábitos en su vida que en el futuro no los haga tambalear.

La etiología de ésta problemática es compleja, que a mi modo de ver, debemos tener en cuenta los factores ó realidades, que hoy hacen, que la función paterna se haya debilitado; el primero, el más grave, la ausencia real de los padres; existen casos innumerables en que las madres viven sólo con los hijos. Muchas veces los conflictos conyugales llevan a este distanciamiento, no solamente de la ausencia física sino de no cumplir con sus obligaciones de parte del padre; el segundo, una triste realidad, la crisis de la familia actual; los encuentros, desencuentros e incomprensiones de la pareja con sus angustias, desilusiones, dificultades y frustraciones que dan lugar a un incremento alarmante de separaciones de hecho, divorcios, uniones inestables, familias monoparentales y familias recompuestas; el tercero, la “Ley del divorcio”, que rige en nuestro país, plantea otra realidad cuya característica permite que el divorcio acepta la posibilidad de romper el vinculo y facilita a los divorciados nuevas nupcias. Es un fraude ideológico porque promete una felicidad que después no es tal. Promete la solución a un conflicto y no hace más que agravarlos y crear otros peores. Así se ha naturalizado el tema del divorcio, ante el menor conflicto, al no querer encontrar el cauce para resolverla, la pareja prefiere la ruptura del vínculo matrimonial ocasionando consecuencias graves como la pérdida del pilar familiar y trastornos psíco-afectivo y emocional en los hijos; el cuarto, los grandes avances en el campo científico y tecnológico dieron origen a una cultura que se quiere implantar en la sociedad, la introducción de las procreaciones asistidas; como ser fecundación in vitro, donación de esperma, clonación, embriones congelados, alquiler de vientre, etc., ha traído la disociación de las funciones del padre: “el pater” ó padre legal, no es el genitor; el quinto, la violencia del género, donde las situaciones de violencia contra la mujer física, psíquica y sexual son causales de separaciones y disgregación familiar que tiene como característica una desvalorización, sumisión y dependencia que son consecuencias de la situación de abuso. Por último, esa metamorfosis socio-cultural y en un mundo consumista dio lugar también a la emancipación económica de la mujer, donde las madres tienen que salir a trabajar debido a sus necesidades familiares de subsistencia que lo hace menos dependiente económicamente. Asimismo la mujer con el correr del tiempo ha conquistado grandes espacios laborales. Estas realidades, dan lugar a nuevas formas de paternidad con las que enfrentamos hoy. Estas situaciones han modificado la relación de padre/hijo y donde desde distintos ámbitos se cuestiona la figura y el rol del padre, lo que traduce no sólo una crisis de paternidad; sino además una crisis de parentalidad.

La ausencia de paternidad, es una crisis patente en nuestro mundo contemporáneo. El problema actual no es el número de disfunciones, sino el problema actual es el convencimiento en la “normalidad” de lo anómalo y de lo disfuncional.

¿Qué es ser Padres hoy? es la persona que el niño, adolescente, ó el joven necesita para desarrollarse normalmente. Es aquel que protege al hijo y a la familia; el que respeta a la compañera y a los hijos y el que no se avergüenza de su afecto y ternura, sino de la ausencia de éste. La presencia del padre ó de los padres en el hogar y su rol en la educación, tiene tanto peso, cuando falta difícilmente pueda suplirse.

Tanto el niño como el adolescente necesitan de un papá y una mamá que les puedan escuchar con atención, y un espacio adecuado para el dialogo, que es el hogar familiar. El hogar familiar considerada como la “escuela de las grandes virtudes”, es el lugar apropiado donde se educa, se adquiere, se aprende y se enseña en un clima de cariño y confianza. SE EDUCA, el amor, el respeto, la obediencia, la solidaridad, la caridad, la fraternidad; SE ADQUIERE, el buen trato, los hábitos ó buenos modales, la cordialidad, lo que conocemos como normas de urbanidad; SE APRENDE, a resolver los problemas y conflictos en conjunto apelando al diálogo e intercambio de ideas y opiniones y SE ENSEÑA, a conocer y amar a Dios. En esa “escuela del más rico humanismo”, se educa los valores que dan sentido a la vida, favorece el desarrollo del pensamiento, la capacidad para el análisis crítico y que puedan discernir y optar con libertad entre lo bueno y lo malo; lo indigno y lo digno; lo importante y lo ridículo y lo esencial y lo frívolo.

Así, un hijo educado, en esa escuela, será el día de mañana, una buena persona, un buen ciudadano, un buen cristiano y un buen padre de familia. Cada uno de nosotros, somos frutos de una familia unida y bien formada ó disgregada ó rota.

Otro de los males de nuestro tiempo es la carencia afectiva, ausencia de diálogo, y la falta de amor que sienten y viven hoy los niños y adolescentes. Ya no hay tiempo para comunicarse, para dialogar e intercambiar ideas, experiencias, y temores entre los padres e hijos; pero sí hay tiempo para la televisión, la computadora y otros entretenimientos. Ya no hay tiempo para escuchar a los hijos ó a la esposa o viceversa; pero sí hay tiempo para aumentar las horas de trabajo y salir con amistades u otras distracciones y/o diversiones. Es una realidad que se constata a diario. ¡Qué verdad!, a las palabras de la Madre Teresa, la santa de Calcuta en su oportunidad dijo: “Pienso que el mundo está de cabeza y está sufriendo tanto porque hay tan poquito amor en el hogar y en la vida de familia. No tenemos tiempo para nuestros niños, no tenemos tiempo para el otro, no hay tiempo para poder gozar el uno con el otro… el amor comienza en el hogar, el amor vive en los hogares”.

Esta falta de comunicación, afecto y acogida dentro de la familia hace que los niños y adolescentes sientan sus necesidades básicas como el amar y ser amado, trayendo como consecuencias funestas de esta frustración la fuga, la violencia, el alcohol, la delincuencia, la droga, la prostitución que son guiados por “pandillas ó tribus ciudadanas” de adolescentes ó jóvenes de su misma edad.

Todos los matrimonios enfrentamos problemas típicos que sobrevienen a la convivencia, como el horario de trabajo, la falta de trabajo, asumir mayor carga laboral, los hijos en la escuela, la atención familiar, el dinero, el cuidado de la casa y otras cuestiones. Y casi todos los problemas tienen su solución. Muchos afrontan y superan estos problemas, otros no, al no encontrar en el hogar la equidad en las tareas de la casa, la sinceridad, la reciprocidad, la flexibilidad para comprender sin enjuiciar y la comunicación mutua y fluida.

Como lo dije en el comienzo, la paternidad transita por una crisis, ¿cómo afrontarla?. La experiencia cotidiana y la sabiduría de nuestros mayores nos aconsejan que debamos afrontar con serenidad a la hora de reconocer una situación; con valentía a la hora de dar los pasos adecuados y con equilibrio que nos lleve a “desinflar” situaciones de conflictos que hagan difícil cualquier cuestión a resolver.

Cuántas veces nos hemos preguntados: ¿cómo lo educaremos?, ¿qué haremos con ellos?, ¿qué haremos por ellos?, ¿cómo los prepararemos para la vida?, y otras tantas que nos angustia y acrecienta nuestros temores. Es lógico. Es humano. No nos tiene que asustar el miedo ó dar la espalda a los problemas. Ante las dificultades no debemos claudicar y recobrar el protagonismo de padres cristianos comprometidos en la misión de educar y cuidar a nuestros hijos y transmitirles nuestra herencia de pautas formativas que nos legaron nuestros padres y abuelos. Pero debemos recordar el ejemplo de Jesús y hacer como Él: pedir a Dios su ayuda, sin lo cual no podemos hacer el bien y seguir adelante.

La Iglesia Católica, nos enseña que la función de educar a los hijos compete y compromete a la pareja conyugal, cuando en la vida real no se observa lo mismo. Si desde un principio se hubiese tenido en cuenta la importancia que desempeñan los cónyuges en la formación de los hijos, hoy la situación no sería la misma.

Formar y educar a un hijo no debería ser tomado nunca como una “carga” que le compete al padre ó a la madre, sino una verdadera misión cristiana que les compete a ambos cónyuges: papá y mamá. La paternidad es una de las experiencias más hermosa en la vida del ser humano. Educar es crear personas. Es creer en ellos. Es crecer y aprender con ellos.

El mundo de hoy, nos ofrece diversos modelos de personajes, de familias, figuras mediáticas o ídolos como guía ó ejemplo a imitar; pero en estos tiempos convulsionados, la familia sigue teniendo su modelo la “Sagrada Familia de Nazareth”. Dios nos dejó un modelo perfecto de vida familiar que para nosotros los cristianos católicos es un permanente ejemplo a seguir y contemplándola podamos aprender e imitar todas sus virtudes humanas. Aprendamos de San José, “el esposo de María”, de la cual nació Jesús (Mt 1-6), como un hombre trabajador, buen esposo, piadoso y padre solícito y fiel; de María, la Santísima Virgen, la Madre de Jesús, como mujer servicial, cariñosa esposa y de Jesús que era hijo obediente, respetuoso, cariñoso y dócil para con sus padres.

Cuando asumimos esta misión de padres educadores supone una prueba de fuego, los cuales tendremos que asumir decisiones y responsabilidades con aciertos y errores.

La crisis nos invita a hacernos humildes, a reconocer nuestra debilidad, a aceptarla y hacernos responsables. Enfrentar los desafíos que nos plantea la sociedad actual, no es tarea fácil, tampoco no debemos cruzar los brazos, pero sí, debemos asumir con una actitud comprometida esa difícil y noble misión poniendo la mirada “en lo que puedo” y no en “lo que no puedo”.

Agradezco a Dios, de tener a mis padres compartiendo mi vida de familia, ellos en los años de mi infancia y juventud, me enseñaron con afecto y cariño las cualidades necesarias para formarme como persona.

Finalmente, de todo lo expuesto, es una contribución a la sana reflexión y no pretendo más que ayudar a descubrir la crisis, analizarla y como evitar que la crisis se produzca.

* Vice-Presidente Federación Unión de Padres de Familias – Congregación Misionera Siervas del Espíritu Santo. Presidente Unión de Padres de Familias Instituto “La Inmaculada”. Apóstoles – Misiones – Argentina.