La Fe

YO ESTOY AQUÍ (19º Domingo C – Lc 12,32-48 / Sabiduría 18,6-9 / Hebreos 11,1-2.8-19)

 

Las lecturas de hoy nos hablan sobre nuestra fe. Suelo aclarar que la fe no es una cosa obligada. El mismo Jesucristo nunca obligó a nadie. El dio testimonio de la Verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza. Además, la Fe de acuerdo a las lecturas de hoy, es una actitud muy inteligente, porque por medio de la Fe recibimos por adelantado lo que esperamos poseer.

La segunda lectura nos dice que la fe es la seguridad de lo que se espera, y la prueba de lo que no se ve. De ahí que podemos decir que la Fe es un don de Dios, una virtud, es un acto de la voluntad. La Fe es un regalo de Dios y es también un acto humano. Como don de Dios, es posible creer por la gracia divina, que se manifiesta sobre todo en las inspiraciones que nos vienen de Dios mismo y del Espíritu Santo. Pero esas inspiraciones tienen que ser secundadas por un acto de cada persona, por medio de este acto esa persona decide creer.

Es así como, en libertad, el ser humano pone su confianza en Dios y cree en las verdades que Él nos ha revelado. El acto de Fe podría desglosarse en cuatro movimientos: 1) La gracia divina inspira nuestro entendimiento; 2) Nuestro entendimiento reconoce y se adhiere a la Verdad; 3) La gracia divina ilumina nuestra voluntad, 4) Nuestra voluntad decide creer.

Por eso queridos hermanos, el desafío para nosotros este domingo es vivir en la Fe, aunque por ahora no podamos ver claramente. A veces la fe puede hacerse muy oscura o débil a causa de diferentes preguntas que por ahora no tienen respuestas, esto pone en prueba nuestra fe.

Las circunstancias de nuestra vida pueden tornarse difíciles y en algunas situaciones nuestra fe puede debilitarse. En momentos como esos debemos seguir afianzando nuestra Fe. Es un proceso de nutrir nuestra fe. Y como esta es un regalo de Dios, tenemos toda su ayuda para que creamos en lo que esperamos y para que nuestra Fe no desfallezca nunca, aún en medio de las más complicadas situaciones.

Debemos tomar como ejemplo nuestra Madre María para saber qué clase de fe debemos lograr. Se trata de tener fe no solamente cuando me siento feliz y bien, sino más que nunca cuando transitamos malos momentos malos en la vida o momentos difíciles. La fe no puede ser una actitud momentánea o de algunos momentos; o una fe que va en marcha y contramarcha. La Fe tiene que ir acompañada por la perseverancia aun en situaciones que no comprendemos.

P. Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy