La pedagogía de crear lazos y desatar nudos

Mc. 7,31-37

Por José Luis Corral svd *

El relato del milagro del Evangelio que hoy meditamos, cargado de significado simbólico, puede ayudarnos a aplicarlo al acto educativo en el que participamos comprometidamente y en la construcción de la nueva pedagogía en la cual nos queremos implicar.

1. Los personajes – Actores / receptores

El sujeto con el cual interactúa Jesús, es un sordo y con dificultades de hablar, alguien con incapacidad para escuchar y para comunicarse, aislado, anulado e impedido de vivir integrado. Se pueden percibir otras múltiples consecuencias: carencias, dependencia, temores…Figura de quien sólo puede oírse a sí mismo, retrata el encierro y bloqueo a la relación dialogal, reclusión en la propia soledad y apartamiento de toda obra colectiva.

Esta persona inválida es llevada por otros hacia el encuentro con Jesús, son otros los que hablan y piden por él. Jesús escucha, ve, siente, considera y acoge.

Los otros, incluidos en la categoría de “la multitud” o “la gente”, luego serán los que se admiran por la transformación y acción desplegada en el sujeto “pasivo” que habían conocido, ahora validado y habilitado para la misión de aprender y emprender su camino.

2. Las acciones – Transformaciones / movimientos

LA ACOGIDA Y LA ACEPTACIÓN COMO PUNTO DE PARTIDA

La narración pone de relieve la atención y preocupación de Jesús por este “inválido-invalidado” y ya en este detalle podemos empezar a dejarnos inspirar en nuestro quehacer educativo.

– Jesús pasaba por la región pero allí se detiene ante esta situación. No pasa de largo, le dedica tiempo, no sólo le roza de un modo superficial. Le piden que le imponga las manos y Jesús va mucho más allá. No sólo complace una solicitud con deferencia sino que crea un clima de intimidad y condiciones de encuentro. Su tacto y contacto lo muestra sumamente delicado y atento. Hay una mutua disponibilidad a curar y a ser curado.

– Jesús lo separa de la multitud, lo aparta, le interesa su individualidad y singularidad, lo saca de la masificación y personaliza la relación. Le proporciona calma y sosiego, lo libera de la perturbación de la presión, control, tutela opresiva y dependencia de los demás. Lo que le va a suceder se oculta a la multitud y acontece en la intimidad de su ser personal y único cuando es atendido con comprensión y amabilidad.

– Jesús lo toma consigo y se concentra en esa enfermedad que le impide vivir de manera sana y saludable. Lo toma en serio y se compromete a fondo.

¿Pasamos por las vidas de las personas a quienes acompañamos como un transeúnte más o sabemos permanecer con tiempo, atención y dedicación? ¿Consideramos a cada uno en su diversidad y singularidad o somos proclives a uniformar y homologar? ¿Nos detenemos a conocer a las personas con sus necesidades, intereses, carencias y capacidades? ¿Vinculamos enseñanza-aprendizaje con los contextos de vida cotidiana de cada sujeto?

Este gesto de “acogida y reconocimiento amoroso del otro”, nos trasmite una gran enseñanza y terapia para nuestros días, ya que en general la frialdad e indiferencia se han tomado los espacios y tiempos de nuestros andares, lo que nos lleva a ignorar los dolores y sufrimientos de quienes están a nuestro alrededor.

EL PROCESO EDUCATIVO-SANADOR Y CREADOR

Jesús hace la curación del inválido en un proceso donde él mismo participa y asiste. Hay gestos encadenados: toca los oídos, toca la lengua con saliva, suspira y finalmente pronuncia una palabra. Hay una comunicación total y personal, hay entrega de sí, aceptación, reciprocidad, paciencia y tiempo, hace algo por el otro y pide que el otro haga su parte. Vamos por parte…

a- Destapar oídos

– Jesús le mete los dedos en los oídos en una acción cuidadosa, benéfica y curativa. Introduce los dedos en sus oídos y trata de vencer esa resistencia que no le deja escuchar a nadie. El dedo de Dios actúa, tiene fuerza para la vida, el dedo indica la fuente y despierta la fibra adormecida o anquilosada. Le toca con sus dedos los conductos auditivos de sus oídos atrofiados, para concederle el gran sentido del oído para que pudiera gozar de la gran sinfonía del universo. Jesús comienza sanando el oído.

¿Sabemos educar el oído, guardar silencio respetuoso y escuchar limpiamente desde la profundidad de nuestro ser para sintonizar con el centro e interioridad del otro/a? ¿Qué guión de vida escuchamos y seguimos, qué libreto nos enchufaron en las orejas? ¿Percibimos el “dedo de Dios” sanando nuestras sorderas y disipando lo que nos hace ruido?

Hoy padecemos la realidad de la incomunicación que vivimos en el mundo y en nuestro país, sordera generalizada que nos ahogan en un “diálogo de sordos”, cuando no hay voluntad de escucharse, lo que en definitiva se convierte en la emisión de sonidos guturales que no hacen conexión. Ello nos impide encontrarnos, reconocernos, respetarnos y aprender de nuestras propias realidades. Esa es sin duda una gran enfermedad de falta de audición que no es congénita, sino que se ha ido instalando con el tiempo, como un virus poderoso que ha involucrado los medios de comunicación, la globalización, la vida política y hasta la vida familiar. La descalificación y el descrédito, el insulto y la ofensa no nos dejan oírnos a nosotros mismos ni a los demás.

b- Destrabar lenguas

– Jesús le toca la lengua con saliva para que se desenvuelva sin miedo y le comunica fuerza y vitalidad. Con su saliva humedece aquella lengua paralizada para dar fluidez a su palabra. Tocar suavemente su lengua con su propia saliva, como muestra de amor, de intimidad y de preocupación por este anónimo ser de la multitud, para permitirle expresarse verbalmente y alabar al Creador.

¿Conocemos la lengua-lenguaje del otro para ayudar y animar a decir lo que no dice, para comprender sus silencios y temores? ¿Intentamos estrategias para crear condiciones de diálogo y comunicación que nos saquen del monólogo y pensamiento único? ¿Reconocemos las mordazas que nos auto-imponemos o nos aplican otros/as?

La curación del oído y del habla nos ayudan para cultivar una escucha desprejuiciada y para promover un lenguaje dialogante, tan necesario en estos tiempos, para hablar con verdad, con amor, evitando herir y subestimar, siendo auténticos y generosos.

c- Mirar para arriba

– Jesús mira al cielo y suspira, abre hacia el espacio de Dios, devuelve una relación primordial, hay aliento y soplo, hay respiración y aire nuevo que entra y sale. Hay deseos y anhelos. Respira profundamente, lanza un fuerte suspiro mirando al cielo en busca de la fuerza de Dios. Levantar los ojos al cielo, nos dice que la sanación viene de lo alto, de Dios, el suspiro es un gemido de compasión. Lo humano mira a lo divino, la trascendencia empapa lo humano.

¿Nos ayudamos a abrirnos a la trascendencia? ¿Somos capaces de ayudar en esta experiencia de leer e interpretar la vida desde la clave de la fe? ¿Pedimos la gracia como auxilio en nuestra debilidad? ¿Somos conscientes de las actitudes omnipotentes y autorreferenciales que nos dejan rehenes en el egocentrismo?

En tiempos de mesianismos, idealización e idolatrización de personas, proyectos, discursos, confesar y anunciar al Dios Vivo es una denuncia contra todo lo que reclama pretensión de absolutez y situación de endiosamiento. La dimensión religiosa, bien entendida, más que alienación o ideologización recupera hoy su fuerza liberadora y humanizadora.

d- Pronunciar palabras “aberturadoras”

– Jesús pronuncia una palabra viva y eficaz, una palabra para la vida y una orden de apertura, lo que se cierra se muere y asfixia, la vida es apertura y movimiento, lo atado e inmóvil se desata y desencadena nueva acciones.

¡Ábrete del todo! Sería también hoy el grito que nos lanzaría Jesús. El mensaje de Jesús tendría que operar en nosotros los mismos efectos que tuvieron su saliva y su dedo en el sordomudo. Todos tenemos de algún modo los oídos cerrados y la lengua atada. Escuchar es la clave para ponernos en marcha y descubrir cuál debe ser mi trayectoria en la vida y mi compromiso con los demás.

¿Qué pronunciamos con nuestras palabras, gestos, actitudes? ¿Qué aporte hacemos desde la educación para “abrir” caminos, horizontes, mentes y corazones para un buen vivir? ¿Nos aliamos a una educación “emancipadora”, que interpela y plantea cambios y transformaciones o, más bien, nos adaptamos y adoptamos un modelo de “conservación”, reproducción y mantenimiento del orden establecido? En definitiva: ¿educamos desde y para la vida?

La curación se realiza como desprendimiento y liberación, se destapan los oídos y se desata la lengua, se despejan obstáculos y dificultades, lo que tapona y traba se quita, hay un acto emancipador, un llamado a la libertad y a la plenitud, hay una oferta de nueva vida, nuevas oportunidades y posibilidades. Jesús siempre opta por existencias plenificadas y recompuestas, recreadas y dignificadas, no quiere vidas recortadas y mutiladas, cerradas y sesgadas. Como seguidores de Jesús nuestra misión es continuar su obra para no dejar que se clausuren existencias en el pesimismo – fatalismo y desencanto del “ya nada nuevo se puede hacer” o “nada cambia”.

3. Situación desanudada y nuevas tramas

LA APERTURA QUE DEVUELVE A LA COMUNIDAD, NUEVO PUNTO DE PARTIDA

Aquel hombre sale de su aislamiento y, por vez primera, descubre lo que es vivir escuchando a los demás y conversando abiertamente con todos. La gente queda admirada. Jesús lo hace todo bien, como el Creador: “hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

– El orden y sentido deseado por Dios se reproduce en esta nueva creación, hace todo bien, ve que es bueno, una nueva audición que hace posible una buena comunicación (hablar, alabar, predicar). La acción sobre uno tiene su impacto en los demás, en la comunidad, se propaga y difunde, el sanado sana a los otros en su capacidad de admiración y sorpresa, de apertura a la novedad y de acoger una nueva vida, capacidad de comprender y entender de una manera diferente.

La educación encierra esa extraordinaria fuerza curativa y poder creador, capacidad de humanizar Vivir con mentalidad “abierta” o “cerrada” puede ser una cuestión de actitud mental o de posición práctica, fruto casi siempre de la propia estructura sicológica o de la formación recibida. Pero cuando se trata de “abrirse” o “cerrarse” a la humanidad y al Evangelio, el asunto es de vida o muerte.

Encerrados en el pasado o en el presente nos amputamos, nos imposibilitamos de comunicaciones saludables y solidarias, encerrados en el propio rollo nos empobrecemos, encerrados en el propio frasco terminaremos creyendo que el mundo termina en las paredes y el cielo es como una tapa…

Si vivimos sordos al mensaje de Jesús, si no entendemos su proyecto, ni captamos su amor a los que sufren, nos encerraremos en nuestros problemas y no escucharemos los de la gente, los de los padres , alumnos, docentes y personal. Y, entonces, no sabremos anunciar ninguna noticia buena. Deformaremos el mensaje de Jesús, seremos “dis-vangelio”; pidamos la gracia de la apertura, oídos abiertos y buena comunicación para educar evangelizando y evangelizar educando.

* Reflexión bíblica del P. José Luis Corral SVD, en ocasión del III Encuentro del Equipo de Coordinación Pedagógica de Colegios SVD-ARS (Pilar, 13 y 14 Feb. 2014)