La plenitud de la Paz

YO ESTOY AQUÍ (6º Pascua C – Jn 14,23-29)

Por Miguel Armada svd

Antes de ser detenido, Jesús se reúne con su Comunidad en una Casa. El evangelio de este domingo está tomado del “testamento de Jesús o libro de la Comunidad”, en Juan 13-18. Es interesante que esta instrucción intensa de Jesús la realiza en una Casa y en una sola noche: ¡son cinco capítulos!

Después de lavarles los pies (13,1ss), Jesús invita a que todos los miembros de la Comunidad ejerzan el mismo servicio a los hermanos (“ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado este ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” (13,14-15) y practiquen el mandamiento central: “ámense unos a los otros como yo los he amado” (13,34).

En esta cena de despedida Jesús promete que no dejará “huérfana a la Comunidad” (14,18):

“El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho” (14,26): El Espíritu del amor del Padre y el Hijo es el Paráclito, “el Defensor” que acompaña la Comunidad, instruye a la Comunidad cuando se reúne en su Nombre y mantiene la Memoria de Jesús y su proyecto de vida.

“El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él” (14,23): Cuando una Comunidad ama y es fiel a la palabra de Jesús, en ella se hace presente no solamente Jesús, sino la Trinidad (iremos y habitaremos en él). Cada persona, cada ser de la Creación (1,1-18) y cada Comunidad es invitada a ser lugar donde habite la Trinidad… Allí “vemos-contemplamos” el rostro de Dios… Por ello es que todo atentado contra las personas y la naturaleza sea un atentado contra Dios: “¿Cómo puedes amar a Dios a quien no ves, si no amas a tu hermano a quien ves? (1 Jn 4,20)… ¿Cómo puedes decir que amas a Dios si explotas, depredas y contaminas su Creación por la adicción al dinero?

En este testamento de despedida, Jesús anima y fortalece su Comunidad comunicándole su Paz: “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni tengan miedo!” (Jn 14,27). La paz que ofrece Jesús es “la plenitud de la vida para todos los seres de la Creación”… Una paz que es diferente a la falsa paz ofrecida por el sistema del mundo capitalista. Como nos recordaba el obispo, profeta y mártir Enrique Angelelli en 1975:

“La PAZ no se construye ni con la aparente tranquilidad de quienes son indiferentes al dolor ajeno; ni con arreglos superficiales que evitan las imprescindibles soluciones de fondo ante los grandes problemas; ni con la mera represión; ni con el silencio de un pueblo alcanzado por el miedo; ni con una actitud fatalista ante los grandes obstáculos de la liberación que Cristo nos trajo con su cruz y su pascua; ni con un orden y una aparente tranquilidad impuesta a los más débiles por los más fuertes; ni por medio de sistemas que matan la creatividad de los dirigentes sociales y los corrompen moralmente por el clientelismo; ni con el estancamiento de los más postergados de nuestra patria; ni con esquemas políticos prefabricados que impiden a nuestro pueblo ser protagonista verdadero de su propio destino; ni con el mal uso de la propia responsabilidad en la construcción de una sociedad mejor, más feliz y más justa; ni con el silenciamiento de la crítica en la marcha común; ni con la abundancia ofensiva de unos pocos y la miseria criminal de muchos, ni con la negación de los verdaderos valores que construyen la auténtica paz social. Porque la paz no es indolencia comprada ni represión; no es fruto del miedo ni de las componendas o la corrupción; no se realiza sin el hombre y es imposible de conseguir sin justicia. La paz no se encuentra: se construye con una dolorosa maduración de la fraternidad verdadera. La paz se construye recuperando la inminente dignidad de los pobres y arriesgando su propia vida en el amor, hasta entregar la vida en el amor para que los demás sean felices”.

En este día 1º de mayo, día de las trabajadoras y trabajadores, donde muchas familias han perdido su trabajo como consecuencia de políticas económicas que colocan el capital y el dinero por encima de los seres humanos, del trabajo y la Tierra… la obtención del lucro y la concentración de riquezas por encima del bien común del país, recordemos las palabras del papa Francisco: “las famosas tres T: tierra, techo y trabajo, son derechos sagrados. Vale la pena luchar por ellos”.

Contribuyamos como Iglesia de Jesús, junto con otras organizaciones y movimientos populares, a defender y luchar para que estos derechos sagrados sean una realidad en nuestro país, para que “la plenitud de la Paz” crezca en nuestra Tierra junto a todos sus habitantes.

P. Miguel Armada svd
Parroquia Cristo Rey – Córdoba