La universalidad de la misión

YO ESTOY AQUÍ (4º Domingo C – Lc 4,21-30)

Por Esteban Ole Kean svd

El tema trata de la “missio Dei” (Misión de Dios) y los cristianos desde la fe participamos en la misión de Dios. Como dice el Decreto “Ad Gente” del Concilio Vaticano II: “La razón de esta actividad misional se basa en la voluntad de Dios que quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (AG 7). Esta invitación nos brinda dos puntos importantes sobre el tema:

1. El enfoque de la misión de Dios es la persona

Así lo presentan los profetas y Jesús. En el Antiguo Testamento se nos muestra “la imagen de Dios que se conmueve y se mueve ante la vida de las personas”. En la experiencia de los israelitas sobre la misión de Dios, dice: ”He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he escuchado el clamor que le arrancan sus opresores…” (Ex 3,7-10). En el Nuevo Testamento, los evangelistas presentan un rasgo fundamental de Jesús: Él se conmueve y se mueve entre los lugares cotidianos de las personas: llegar a los pueblos; visitar las casas (las familias), caminar junto al lago; cruzar al otra orilla del lago; sanar a los enfermos y resucitar a los muertos; dar pan a los hambrientos, etc.

Así el Dios que Jesús presenta no está atado ni encerrado en los límites sagrados y de determinados lugares. Un Dios que se conmueve frente a la realidad de la vida de los hombres: con ricos y pobres; con sanos y enfermos; con buenos y malos; con justos y pecadores. Un Dios que sale al encuentro. La famosa parábola del Padre misericordioso nos muestra la imagen de un Dios que siempre ofrece su perdón y la posibilidad de un nuevo comienzo (Lc 15,11-37).

2. La misión de la Iglesia es una responsabilidad de todos

La misión de la Iglesia no es responsabilidad de algunos, sino de todos los bautizados. Su enfoque es “las personas” con quien vivimos nuestra misión. Nuestra llamada específica a compartir en la misión de Dios es una llamada Ad gentes, quiere decir, a las gentes. Y esa llamada pone énfasis sobre nuestras relaciones con las gentes. En este sentido deben jugar un papel importante los agentes pastorales. La sintonía con la Iglesia es fundamental para los agentes de pastoral. Ellos aman a la Iglesia y se sienten íntimamente vinculado a ella, y es, en su seno vive su fe, y la comunican en su nombre a los demás. Con esta idea quiero plantear tres preguntas: la primera es ¿La Iglesia local (la diócesis) es el sujeto de la misión ad gentes? Se trata de las relaciones entre agente de pastoral y las comunidades como lugar de misión (las comunidades parroquiales y educativas y sociales); la segunda pregunta es ¿Ser agente de pastoral es misionero? Se trata de la acción pastoral es una acción de toda la comunidad, pero sus miembros participan de diferentes maneras, servicios y ministerios. La tercera es ¿El servicio pastoral es una misión? Se trata de la conciencia y el compromiso del agente pastoral en clave misionero.