La vida tiene mucho que enseñarme todavía

Llegando al fin de mi experiencia pastoral y misionera (OTP), en la provincia Argentina Sur (ARS), los sentimientos que me animan son los de gratitud, a Dios en primer lugar, y a todos los que han formado parte de esta experiencia, especialmente a los cohermanos que me han acompañado en Argentina y a los parroquianos de Godoy Cruz (Mendoza). Este tiempo me ha ofrecido una buena oportunidad para crecer en diferentes aspectos de mi vida, dado que he sido puesto al frente en diversas realidades. Como todos los procesos de crecimiento, he encontrado algunas frustraciones y decepciones que me ensañaron a relativizar mis expectativas.

Después de unas estadías en Buenos Aires y Esperanza, fui a la comunidad Jorge Novak en Córdoba, donde estuve por el curso de idioma. Esta comunidad me ha ofrecido un lugar privilegiado y muy propicio para el estudio del español, con cohermanos que me han brindado una ayuda enorme.

Después de una enriquecedora y corta estadía en Jujuy, durante el verano y del curso, fui trasladado a la comunidad de Mendoza. En los primeros días de mi experiencia ahí, me concentré más observando y acostumbrándome a la nueva comunidad religiosa y parroquial. La vida comunitaria siempre es un desafío, la comunidad me ha recibido bien y a lo largo de mi estadía los cohermanos han confiado en mí y me han dado la oportunidad de participar activamente en la vida de la comunidad y de la parroquia. Es para mí un privilegio y a la vez una responsabilidad, conduciéndome a ofrecer un servicio y a aprender mucho sobre la vida en la parroquia y a enriquecerme.

Debo reconocer que me costó al principio aceptar la realidad de las comunidades, sin embargo, con el tiempo, compartiendo más con los parroquianos y por la gracia del Señor llegué a adaptarme y especialmente a ser más flexible y tolerante con mí mismo y con los demás. De allí impulsado por los cohermanos, especialmente el párroco, tomé unas iniciativas al nivel pastoral y ofrecí mi servicio donde me lo habían pedido. Mi compromiso y el compartir con los parroquianos me hicieron ver cómo todavía en una sociedad, en la que la iglesia como una institución estructurada es cada vez más cuestionada, aún hay una necesidad reconocida o anhelada de manera inconsciente de religiosos con estabilidad humana y emocional, que sean realmente puentes entre Dios y su pueblo.

En este sentido, busqué consolidar mi propia vida espiritual y a crecer más en la madurez humana y en mi relación con los demás. Llegué acá con la mente abierta, para aprender mucho y discernir y me voy también con esta consciencia que la vida tiene mucho que enseñarme todavía.

Justin Komlan Gbedjeha
Estudiante SVD de Togo