Las parábolas de la misericordia y los Misioneros del Verbo Divino

Vivir el Jubileo Extraordinario del Año de la Misericordia como Misioneros del Verbo Divino

Por Naveen Rebello svd *

Jesús fue un maestro de la narración. De hecho, antes de todas las historias que se puedan contar sobre él, hay historias que él nos contó: Las parábolas. Mediante la narración de esas historias que trataban sobre la vida humana y representaban situaciones de la vida real, Jesús captaba constantemente la atención de sus oyentes y desafiaba sus vidas, cosa que los obligaba a replantear sus relaciones: con Dios y con otros. La mayoría de sus parábolas provocaban a los oyentes más que los confortaban, los perturbaban en lugar de consolarlos, subvertía la sabiduría convencional, las tradiciones y los mitos establecidos. De ese modo, enseñando de manera gráfica a través de cuentos y refranes, Jesús reflejaba la vida real en sus parábolas y no mostraba interés en conceptos abstractos e ideas.

Las parábolas y el Reino de Dios

¿Por qué Jesús usaba parábolas en sus enseñanzas? Era para ayudar a la gente a entender quién es Dios y cómo es su Reino. En la narración de las parábolas utiliza un “medio” para comunicar el “mensaje”. Las historias en forma de parábolas eran su forma preferida de hablar sobre el mensaje del Reino de Dios con el fin de transformar la vida de los oyentes / lectores. Sus historias llaman a jóvenes y viejos, ricos y pobres, cultos e ignorantes por igual.

Al igual que los rabinos de su tiempo, que hacían uso de las parábolas como una forma especial y extraordinaria de enseñanza, Jesús hacía uso de imágenes y personajes extraídos de la vida cotidiana para dar vida e ilustrar su mensaje. Sin embargo, lo que hacía que su enseñanza fuese radicalmente diferente a la de sus contemporáneos era la centralidad del tema del Reino de Dios. Para él, las historias del Reino de Dios contenían el núcleo de la Buena Nueva y los valores del Reino universal de Dios. Entre esas parábolas, Jesús contó ‘parábolas de la misericordia’ para revelar la tierna misericordia de Dios con las personas, y que las personas imitan al Padre en la misericordia con los demás seres humanos.

A través de esas parábolas, enseñaba a sus oyentes a ser misericordiosos, como dice el Papa Francisco: “En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia”. (Misericordiae Vultus 9)

Las parábolas de la misericordia

¿Cuáles son algunas de las parábolas de la misericordia?

a) En Mt 18,23-35, tenemos la parábola del siervo que no perdona y que pone de relieve la reciprocidad de misericordia: “¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” (18,33). Al comentar esta parábola, el Santo Padre dice: “Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir” (MV 9).

b) En el Evangelio de Lucas, la parábola de los dos deudores y sus acreedores (Lc 7,36-50), que contó en la casa de Simón el fariseo, presenta la unión de la misericordia divina y la miseria humana. La mujer a la que más se le perdona, más ama. Se afirma que sólo la misericordia y el perdón de Dios pueden compensar la deuda que cada uno de nosotros tiene con Dios.

c) La parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37) demuestra que el amor de Dios no puede separarse del amor al prójimo. El prójimo se define por la misericordia y la compasión (“El que tuvo compasión de él” – v.37), que es más que un sentimiento de “simpatía”, es la acción de ‘cuidar’ al que está en necesidad, superando todas las barreras religiosas, sociales, culturales o étnicas.

d) Las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido o el Padre misericordioso (Lc 15,1-32) legítimamente pueden ser llamadas el “Evangelio de la misericordia”. La misericordia se convierte en una búsqueda de algo que se pierde, que culmina en regocijo. Acentuando este ‘regocijo’ en Lc 15, el Santo Padre escribe: “En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón”. (MV 9)

e) La parábola del hombre rico y el mendigo Lázaro (Lc 16,19-31) revela que el que no tiene piedad de los demás cuando todavía está vivo, no hallará misericordia de Dios en la otra vida.

f) La parábola del juez y la viuda (Lc 18,1-8) destaca que la oración perseverante es capaz de hacer cambiar de opinión, y mostrar misericordia a los que abogan por la justicia.

g) La parábola del fariseo y el publicano en el templo (Lc 18,9-14) demuestra que el fariseo no se fue a su casa justificado, pues la piedad, la religiosidad y las buenas obras lo llevaron a juzgar a los demás, mientras que el publicano no juzga a nadie, sólo oraba: “Señor, ten misericordia de mí, que soy un pecador”, y se fue a su casa justificado.

Las parábolas anteriores ilustran que la misericordia tiene diferentes caras: El perdón, el cuidado, la compasión, la búsqueda del que está perdido, la alegría, etc. Además, si prestamos atención a la trama narrativa, una característica llamativa de estas parábolas es la “inversión” de la situación.

Por la misericordia de Dios se invierte la situación, se solucionan las tensiones iniciales con conclusiones sorprendentes, al contrario de lo que cabría esperar el oyente. Demuestran que la acción de Dios, movido por la misericordia, es capaz de superar todo el hacer humano. Como resultado, se vuelve del revés el mundo de los oyentes de Jesús, desafiando con sus conclusiones. ¿No es la lógica divina diferente de la lógica humana?

Las parábolas de la misericordia y los Misioneros del Verbo Divino

Las parábolas de la misericordia continúan desafiándonos como verbitas, donde quiera que estemos y hagamos lo que hagamos. Muy a menudo predicamos sobre estas parábolas o hacemos uso de ellas para compartir la Biblia en nuestra comunidad. También las interpretamos de acuerdo al contexto en el que nos encontramos, para que sean relevantes y significativas para nuestras vidas.

Sin embargo, apenas reconocemos que estas parábolas, a su vez, interpelan nuestras vidas y nos obligan a ser misericordiosos. Sin duda alguna vez hablamos de la tierna misericordia de Dios, pero nosotros mismos no somos capaces de reconocer y experimentar que ese encuentro con la misericordia significa el encuentro con Dios. Por lo tanto no nos afecta. De esta manera, el primer desafío para nosotros los SVD es ser “misioneros de la misericordia”, en palabras y hechos.

En segundo lugar, Jesús hizo uso de estas parábolas para transmitir una verdad sobre quién es Dios y cómo es su Reino. Como evangelizadores, ¿Hacemos uso de parábolas modernas de misericordia, de historias con brillantes ejemplos de la misericordia y la compasión en nuestras propias provincias, países, sociedades o culturas para invitar a la gente a reconsiderar su relación con Dios y con los demás? Por lo tanto, el segundo desafío en nuestro anuncio de la Palabra es ser los evangelizadores ‘de la misericordia’.

Por último, nuestra vida misionera puede ser el compendio de las parábolas de la misericordia para los que leen nuestras vidas. Muy a menudo no compartimos con los demás cómo Dios ha tenido misericordia de nosotros y cómo nos ha utilizado como instrumentos de su misericordia en nuestros ministerios. En este sentido, podemos seguir el ejemplo del Papa Francisco, que ha hecho de la ‘misericordia’ el lema de su pontificado, “Miserando atque eligendo” (mostrando misericordia y eligiendo). Por lo tanto, el tercer desafío es ser los testigos de la misericordia.

Como seguidores del Verbo encarnado, que este año jubilar nos ayude a leer, entender y vivir las parábolas de la misericordia, para convertirnos en misericordiosos como nuestro Padre del cielo (Lc 6,36).

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* El P. Naveen Rebello svd, pertenece a la Provincia INM. El año pasado, terminó su licenciatura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Se ha unido al profesorado del Jnana Deepa Vidyapeeth (Ateneo Pontificio) en Pune en el campo de los estudios bíblicos. En este artículo, el P. Rebello establece que las parábolas de la misericordia continúan desafiándonos como verbitas, donde quiera que estemos y hagamos lo que hagamos.

Fuente: Arnoldus Nota, marzo 2016