Las riquezas del alma

YO ESTOY AQUÍ (6º Domingo C – Lc 6,17.20-26 / Jeremías 17,5-8 / 1Corintios 15,12.16-20)

En este Evangelio de Lucas, podemos destacar tres puntos importantes. En primer lugar, la institución de los doce. Jesús pasa toda la noche orando, y al día siguiente elige a sus doce apóstoles, que eran quienes iban a acompañarlo a lo largo del camino. Qué lindo es sentirnos elegidos por Él, saber que siempre tiene algo preparado para nosotros y que nos cree capaz de lograrlo, de cumplir con la misión para la cual Él nos llamó. Pero muchas veces no estamos atentos a los llamados de Dios, los ruidos del mundo no nos dejan escucharlo con claridad. Pero Él siempre nos llama y nos espera, animémonos a decirle que sí con total seguridad y entrega, ya que el éxito de su obra, de su Reino aquí en la tierra, dependerá de nosotros.

Como segundo y tercer punto, tenemos las bienaventuranzas y la falsa felicidad, respectivamente. Jesús baja y se encuentra con una multitud de gente que estaba allí esperándolo para escucharlo y comienza a enseñarles. Jesús se dirige al pueblo más sufrido y dejado de lado. Felices los pobres, los que tienen hambre y los que lloran –les dice–, y agrega: pobres los ricos, los que están satisfechos y los que ríen. Pero ¿qué significa esto? Si observamos la realidad, podemos darnos cuenta que muchos de nosotros miramos esto de manera contraria a Él.

Seguramente creemos, o la mayoría cree, que el rico lo tiene todo, que nada le puede salir mal, que vive de la mejor manera posible, y que tiene toda la felicidad del mundo porque se puede comprar el auto último modelo que salió, la play más nueva, etc. Y el pobre, ¿qué tiene?… ¿Te respondo? Lo tiene a Dios. Y tener a Dios es tener amor, y si tengo amor, nada me puede faltar porque el mismo Dios es amor.

Qué difícil nos resulta entender que aquel que vemos pobre de cosas materiales, tiene de las riquezas más grandes, pero no en sus manos, sino en su corazón. Poseen una fe inalcanzable, capaz de mover montañas. Son capaces de descubrir la riqueza del compartir, de gozar la alegría de la entrega, de experimentar la paz en medio de las tinieblas.

Cuando aquel que tiene tanto en sus manos, está tan pobre en su corazón; porque muchas veces se olvidan de Dios, y se vuelven impermeables a la gracia de Él, piensan que por tener tanto no lo necesitan, y esto los lleva a ponerse en un lugar donde sienten que lo son todo, que pueden lograr todo sin Dios, y que se pueden olvidar del mundo entero. Y acá nos damos cuenta de lo pobres que son, pobres de alma. Y es por ello que Jesús se dirige a los mismos diciendo “¡pobres de ustedes!”, no seamos de esos pobres, no pongamos al dinero como un “dios”, dejemos de darle tanta importancia a lo material, a lo que tengo o a lo que no, pensemos en cómo estamos interiormente, ¿tenemos riqueza en nuestro corazón? ¿qué tengo en él?

Tomémonos un tiempito para pensar esto, frenemos para ver hacia dónde estamos caminando y cómo. Por otro lado, no tengas miedo de seguir a Jesús, de actuar como Él, de luchar por el Reino y dejarte llevar por el Espíritu del amor, porque Él nos está asegurando que la recompensa será grande. Ese sufrimiento que acá en este mundo nos paraliza, que nos hace muchas veces querer tirar todo y pensar que es mejor no seguir a Jesús ya que no sos odiado por otros, no sufrís malos tratos, indiferencia por las personas que tenemos alrededor y queremos y todo es más fácil, tendrá en el Cielo una grande recompensa, así que ánimo, nunca nos deja solos y tarde o temprano lo que hagas por el Reino dará sus frutos, con alegría. ¡Animate a salir!

Fátima Ayelén Villaverde y Yohanna Jumilla
Parroquia San José, Crespo-Entre Ríos