Las tentaciones de la vida

YO ESTOY AQUÍ (1º Cuaresma C – Lc 4,1-13 / Deuteronomio 26,4-10 / Romanos 10,8-13)

La lucha contra los espíritus malignos es un combate espiritual, pero no por ser espiritual deja de ser real. Por el contrario, es una real batalla la que se libra entre las fuerzas del Mal (de Satanás) y las fuerzas del Bien (de Dios). Y en ese combate estamos incluidos todos los seres humanos, cada uno en su respectivo grupo, según estemos en amistad con Dios o en amistad con el Demonio. A toda esa batalla siempre empieza de una tentación. Porque el Demonio, como en el Paraíso, sigue presentando la tentación como algo llamativo, apetitoso y aparentemente bueno. Solo para recordarnos que la tentación y pecado no es lo mismo. Porque la tentación es anterior del pecado. El pecado es cuando caemos en la tentación. El pecado es el consentimiento de la tentación. Así que no es lo mismo ser tentado que pecar. Así, podemos decir que todo pecado viene de una tentación, pero no toda tentación termina en pecado.

¿Cómo es el proceso de la tentación? vayamos a evaluar las tentaciones de Jesús en evangelio de hoy. Primero, el demonio lo tienta, primero, con el poder (Haz que estas piedras se conviertan en pan), Jesús lo podía haber escogido, pero no porque sabe que no solo de pan vive el hombre. Por esto la respuesta de Jesús, sugiere que el alimento no es su prioridad, sino que es el cumplimiento de la Palabra, la cual es la voluntad del Padre. Segundo con el triunfo (Lánzate hacia abajo que Dios mandará a sus Ángeles a que te cuiden). La repuesta de Jesús, es que no está interesado en utilizar los dones de Dios para satisfacer proyectos personales de éxito y de triunfo humano. Es decir, utilizar los dones de Dios para que lo admiren y aplaudan. Finalmente, con el tema de la avaricia (Te daré todos los reinos de la tierra, si me adoras). Lo podía haber escogido, pero no y su repuesta es sólo el Padre es absoluto y que sólo él debe ser adorado.

Notemos que las tres tentaciones aquí presentadas son tentaciones de poder, triunfo y avaricia que están relacionados con el camino del egoísmo, de orgullo y de autosuficiencia, y rebeldía contra las propuestas de Dios. Pero, para Jesús, ser “Hijo de Dios” significa vivir en comunión con el Padre, escuchar su voz, realizar sus proyectos, cumplir obedientemente sus planes. Cierro con estas preguntas para nuestra reflexión, ¿nos damos cuenta de todos los engaños que se nos presentan en nuestros días, tan parecidos a los del paraíso terrenal y las tentaciones de Jesús en el desierto? ¿Nos damos cuenta que las tentaciones del paraíso terrenal y las de Jesús en el desierto, siguen vigente o dominante hoy por hoy en nuestras vidas? Y ¿nos damos cuenta que hay muchos de nosotros hoy en día, que seguimos cayendo al mismo pozo?

Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy