Misión de Verano – Selva 2019

La Parroquia de Selva está ubicada en el rincón sureste de Santiago del Estero, donde se unen las líneas fronterizas de otras dos provincias: Santa Fe y Córdoba. Su territorio coincide con la extensión del Departamento Rivadavia y cruza la frontera del Departamento Aguirre, donde uno de sus pueblitos, llamado ‘Argentina’ forma parte de dicha jurisdicción eclesiástica, perteneciente a la diócesis de Santiago del Estero.

Selva, llamada orgullosamente «El Portal del NOA», cumple plenamente con su título porque quienes se dirigen desde el sur y el centro hacia el noroeste del país (y también a Bolivia y Perú) tienen que pasar por la ruta 34 que actualmente divide la creciente ciudad de Selva en dos poblaciones. Por allí pasa también una de las más transitadas vías ferroviarias del país, donde circula el tren de pasajeros «El Tucumano», y largos trenes de carga.

Hay muchos lugares de la parroquia que están ubicados lejos de dichas vías de trasporte y unidos por una densa red de caminos rurales. Allí donde se ve una pequeña agrupación de los edificios, existen las Colonias, que cuentan con sus capillas y pequeñas escuelas rurales.

La misión de verano se llevó a cabo desde el viernes 4 hasta el domingo 13 de enero. Fue un tiempo demasiado corto como para llamarla ‘misión’. Más bien, se trató de una visita misionera, realizada por un Grupo Misionero conformado por los laicos de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Santiago del Estero, acompañado por quien está publicando este relato.

Dios nos permitió, con ayuda de las comunidades locales, recorrer muchos lugares y desarrollar numerosas actividades como por ejemplo encuentros deportivos y ecológicos, visitas a las familias, celebraciones eucarísticas y del sacramento del bautismo, encuentros de oración y formación.

Los misioneros siempre cuentan con el cariño de quienes los reciben. Y así en todas partes pudimos gozar del techo para protegernos y con la mesa abundante para alimentarnos. Los diez días del encuentro pasaron volando. Pero no todo se fue volando. Queda la semilla sembrada en nuestros corazones, pequeñas huellitas marcadas en algunos lugares y sobre todo la alegría y paz que inundan nuestros corazones. La misión sigue, movida por el Espíritu Santo a través de la Familias, y los grupos pastorales de las comunidades.

Esperamos que dentro de un año el Señor nos permita reencontrarnos para seguir la belleza de la Iglesia que sale a los caminos, que celebra alegremente su vida y crece al compartir los carismas recibidos de Dios, dado que todos somos «bautizados y enviados» a hacer presente su Reino.

P. Jorge Faliszek svd
Director de Obras Misionales Pontificias-Argentina