Misioneros en el recuerdo

Antonio Griss SVD y Francisco Vogel SVD, cumplieron 50 años de consagración sacerdotal. Dos personalidades, unidos para amar a Dios y evangelizar. Nacieron en la misma colonia, Capioviciño, a tres kilómetros al norte de Capioví (Misiones). Juntos fueron ordenados. Uno fue destinado a Roma el otro a España.

El 23 de marzo, en la capilla del Colegio de Fátima, de la congregación de los Misioneros del Verbo Divino, se ofició una misa en acción de gracias a las 11 hs. Tuvo lugar con motivo del quincuagésimo aniversario de Antonio Griss y Francisco Vogel, conmemorando la fecha de cuando cumplieron con los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia. Ambos recibieron el mismo día los sacramentos que permiten ejercer a todo consagrado, la noble misión sacerdotal, como manda la iglesia.

Es que por esas cosas que tiene el destino, Francisco y Antonio se conocen, diríamos, desde la cuna, cuando allá en ese lugar de selva casi impenetrable, la hermosa Capioví, sus padres se instalaron en la colonia, en chacras separadas pero a poca distancia.

El mas parlanchín, inquieto, que anda a «150 kilómetros por hora» o sea a toda velocidad, sin lugar a dudas es el extravertido Francisco Vogel (77). Antagónico a su par, detalle que se detecta en el acto. Antonio Griss (78), es tímido, metódico y con gran profundidad en sus dichos pausados, serenos. Posee gran fuerza interior, para exteriorizar sus sentimientos, poco a poco.

Los brasileños alemanes

El padre Francisco Vogel enfatizó que hace 75 años se conocen. Desde los dos años ya se peleaban como vecinitos y amigos, pero eran inseparables, no conocían mas que la chacra y la selva misionera. En la zona de Capiovicito o Capioviciño, se instaló la mayoría de los agricultores alemanes venidos del Brasil como sus antepasados y algunos de sus hermanos. Los padres de Francisco tuvieron 14 hijos (dos muertos de pequeños). Él nació en la colonia Capioviciño o Capiovisito el 22 de Enero de 1925. Se ayudaban entre vecinos para abrir picadas en la selva virgen y extraer maderas para las construcción de sus casas. Su padre hizo el pozo de agua. Primero fue con roldana, después a bomba y ahora a motor, que todavía se conserva. De chico le gustaba jugar al fútbol en un potrero cerca de la chacra, al lado d el arroyo Capioviciño.

En tanto, el padre Antonio Griss, también nació en Capioví, en zona chacrera, el 29 de Mayo de 1924. Sus padres y dos hermanos eran oriundos de Alemania, y otros dos naciern en la Argentina. A él le gustaba cazar animalitos del monte con su rifle y honda. Había comadrejas, coatí y, en el arroyo, cangrejos. Comentaron que iban a la escuela descalzos, caminaban costeando el monte 3 kilómetros. Francisco se asustaba de las yararás, caminaban entre culebras, según su imaginación. Antonio siempre asombrado y con una actitud pensativa. El extravertido de Francisco indicó que no había sacerdotes en la capilla San José de la chacra. Sólo venían una vez por mes. Su padre celebraba la palabra, dirigía el coro. Cuando él y Antonio se «tentaban de la risa», «cobrábamos una suave y dolorosa cachetada y se nos iba la risa», señaló Francisco. Pescaban en el arroyo e iban a la escuela N° 93 que era de madera. Apenas o «agatas» hablaban el castellano, les costaba. Eran maestros Medardo Alsina y señora, Juan Russo y señora Sara Brígida Ferrari. A la tarde asistían a la escuela alemana. Memoran su disciplina rígida, allí enseñaban catecismo y corregían con una varilla de membrillo.

Entusiasmos de niños

Nos imaginamos a Francisco y Antonio quienes nunca habían salido de su entorno familiar, entusiasmados con los relatos de los chicos de 10 u 11 años que regresaban a visitar a sus padres, del seminario de la congregación Misioneros del Verbo Divino, de Azara. Contaban «maravillas», lo bien que la pasaban, los deportes, paseos a lugares desconocidos. Todo era nuevo, casi irreal, lejos de las faenas rudas con materiales caseros de los colonos.

Antonio escuchaba los comentarios de su padre sobre la Guerra del Chaco paraguayo en 1934. La revolución del 6 de septiembre de 1930, cuando cayó Hipólito Yrigoyen y gobernó el general Uriburu. Él también quiso entrar en la escuela de seminaristas de Azara. No conocía el río Paraná, sólo una vez fue en carro con su padre llevando hojas de tabaco, hasta la orilla del río en Puerto Rico. Tampoco tuvo bicicleta, la primera vez que vio una fue en la chacra y su padre subió en ella. Más tarde, vino a Posadas, vio unos chicos dando la vuelta alrededor de la plaza «Y qué envidia me dio, soñaba con tener una», dijo risueño.

En el seminario

Y fueron al seminario a los 11 y 12 años . Los llevó hasta Puerto Rico un camión con ponchadas de yerba verde. Iban sentados arriba con sus valijitas y con temor de caerse. En Azara hacían buenos paseos, hasta el arroyo Chimiray, cerca del establecimiento La Cachuera. El arroyo cristalino y caudaloso que va hacia el Uruguay. No había rutas. A Posadas vinieron en barco. Todo era asombro al llegar a la «gran ciudad». A Francisco le impactó la luz eléctrica que no conocía. A los dos, la bañadera, ese colectivo de paseo al que en las tardes de verano le quitaban la capota. Antonio miraba todo con deleite, era increíble ver a los chicos andar en bicicleta ¿quién podría tenerla?, se decía.

En Posadas en 1936, se instalaron en la casa ex escuela San Miguel, hoy colegio Roque González. Estaban contentos, como adolescentes seminaristas tenían libertad pero extrañaban a los suyos. A los 16 uno y 17 el otro, desde Apóstoles tomaron el tren hacia Buenos Aires. Francisco «se asustó » cuando la vio por primera vez. Antonio no salía de su asombro.

Hicieron el noviciado en el Seminario de Rafael Calzada, provincia de Buenos Aires. Todo cambió, ya era tipo cuartel. Después, en Esperanza, Santa Fe. A los 27 y 28 años, se consagraron.

En 1953, Antonio llegó a Zamora, España, estuvo 17 años. Enseñaba latín y griego. Volvió en 1970 y se hizo cargo como capellán de la parroquia Santa Catalina y de su ampliación edilicia. Fue superior provincial de los verbitas de Misiones. Estuvo en la parroquia de Villa Urquiza, y con vecinos del barrio Belgrano construyó la capilla Virgen del Rosario. Fue capellán del hospital local y cooperó en el Hogar de Tránsito «Madre de Calcuta» fundado por el padre Jaime Vorwerk. Vive en Fátima.

Curas de alma con espíritu de poetas

Los sacerdotes que se conocen de pequeños, escriben también sus poemas. Vogel dice «Sólo Dios: que sondea indefectible los secretos del corazón humano y contempla inefable los impulsos recónditos del espíritu, divino orfebre de mi alma, puede comprender cuánto alberga de gozo, de dolor, de incertidumbre y esperanza el corazón de su hijo, en 50 años de vida sacerdotal y misionera. Con la libertad de un pájaro y la sencillez de un niño le digo, en nombre de Jesús, ¡Gracias Padre Dios!”

Griss reflexionó. «¿Por qué no te muestras, no te manifiestas, no te haces oír?. Te oigo en la lejanía, en el titilar de las estrellas, en todo lo que me rodea, en el susurro del viento. Siento el suave aroma que trae el viento del jardín del edén. Hacia allá me encamino. Es largo el trayecto. Dura toda la vida. A ratos es duro, escabroso. Un desierto que me cansa y me aburre. Pero, cuando llegue ¡ Y llegaré! Entonces te veré tal cual eres. Y será un solo grito. Unísono y simultáneo. Tuyo y mío: ¡Ahora sí que te tengo!”

Francisco en 1952, estudió en Roma derecho canónico eclesiástico. Enseñó en el colegio de Rafael Calzada. En Catamarca, enseñó en el seminario regional, derecho, música y dirigía un coro. Desde 1992 está en el colegio Roque González, es capellán voluntario del Hospital Madariaga y coopera con la entrega de pañales y rosarios en la sala de maternidad del Hospital Madariaga. Ayuda en la Catedral y la capilla Virgen de Fátima de la Bajada Vieja. Tiene los micros Cinco minutos con Dios, que van por Canal 12 y Cable Visión.

Griss y Vogel seguirán celebrando sus 50 años de ordenación. Entre otros festejos, Antonio oficiará misa en acción de gracias, en la capilla Virgen del Rosario donde colabora. Francisco en la Catedral y en la Bajada Vieja, entre otros actos. Para el padre Antonio todo fue maravillosamente difícil, pero si pudiera, volvería a hacerlo. Y Francisco agradece a Dios y a la gente que lo empujaron a seguir.

Mercedes “Mecha” Villalba

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Fuente: Diario «El Territorio», 24/03/02, Posadas – Misiones.


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