Morir a nuestras superficialidades

¡Yo estoy aquí! (5º Domingo de Cuaresma)

Por Florencia Amalia López

En este 5º domingo de cuaresma, el evangelio de Juan nos permite meditar esta pregunta: ¿cumplir con el culto o hacer lo que Jesús quiere? Muchas veces como los judíos del tiempo de Jesús somos buenos cumplidores, hoy en día cumplimos con la misa, la catequesis y los sacramentos, algunos nos sentimos satisfechos y hasta buenos cristianos con estos cumplimientos, pero Jesús nos da un claro ejemplo con su vida, que es morir para dar vida, y él nos dio la vida eterna.

En el capítulo 12, versículo 24, lo expresa textualmente: “yo les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo, pero si muere dará fruto abundante”. Esto lo expresa en el contexto de la proximidad de su propia muerte, sabiendo lo que tiene que pasar para realizar la misión para la que fue enviado a este mundo. Llega su hora de vencer la muerte para dar paso a la resurrección y con ella vencer nuestra propia muerte para darnos la vida eterna.

Ahora en nuestra propia vida, retomando la pregunta inicial, ¿Qué quiere Jesús que haga con mi vida? ¿Cómo quiere que muera para dar frutos? Y la respuesta está en el versículo siguiente: “quien aprecia su vida terrena, la perderá, en cambio quien sepa desprenderse de ella, la conservará para la vida eterna”. Estas palabras de Jesús marcan la espiritualidad del creyente quien, en lugar de salvar su vida solo con el mero cumplimiento de rituales  debe convencerse de la fecundidad del servicio y la entrega por los demás, de hecho la vocación del cristiano es un permanente esfuerzo por salir de del egocentrismo y movernos en un circulo de vida. Apreciar la vida terrena es vivir en el egoísmo, la comodidad, la mentira, la pereza, la pasividad y el facilismo, entonces de esto debemos desprendernos, a esto también debemos morir porque esto nos impide estar al servicio de nuestra propia familia, en el trabajo, o en la pastoral.

Entonces nos preguntemos: ¿qué actitudes mías impiden que brille la luz de la alegría y la paz en mi hogar o en mi lugar de trabajo? y los que estamos en una pastoral: ¿sólo cumplimos con un servicio, o realmente vivimos la experiencia del amor de Dios, para salir entusiasmados a anunciarlo?

En este tiempo de cuaresma pidamos a Dios padre uno y trino que nos conceda el don de morir a nuestras superficialidades para dejarnos elevar a una vida más plena.