No hacer oídos sordos a la Palabra

YO ESTOY AQUÍ (23º Domingo B, Mc 7,31-37)

Por Luis R. Salas svd

La Iglesia nos invita a meditar el Evangelio de San Marcos, la curación de un sordo mudo, más que nada tartamudo, que no podía hablar bien, quiero sobre todo rescatar la fe, esa figura de la fe sobrenatural, que nos quiere mostrar Jesús en este Evangelio, que este hombre le costaba hablar normalmente.

Pero es renovar esos «gestos» que Cristo hizo y que la Iglesia incorporó a nuestro Bautismo, cuando fuimos bautizados, también se pronunció esta palabra de Jesús. «Efata» cuando el ministro que nos bautizó, nos hizo la señal de la cruz en los oídos y en la boca, para poder escuchar y proclamar esa Palabra de Dios.

Hay algunos gestos importantes en este Evangelio, que cuando Jesús llega, a este Pueblo:

Lo aparta a este hombre de la muchedumbre, un poco como queriéndonos decir que nos quiere llevar aparte del ruido de la mundanidad, porque a veces estamos sordos por el ruido que tenemos en la cabeza; un ruido simplemente nos puede volver sordos.

También Jesús levanta los ojos al cielo, porque esa Fe que nos quiere regalar Jesús, es algo que viene del Padre Dios y es una Gracia.

También, Jesús da un gemido, antes de devolver el sentido de los oídos y el habla a este hombre. Jesús, pide, con ese gemido a Dios esta gracia, que nos es dada desde lo alto, esta gracia sobrenatural.

Luego, Jesús moja los dedos con saliva y los pone en la lengua del mudo, significa la predicación de la Palabra de Dios puesta en la boca del hombre, para que pueda anunciarla y proclamarla.

Luego dice que Jesús con los dos índices de sus manos toca los oídos del sordo, significa que la fe entra por los oídos… “no podemos callar los que hemos oído”.

Y luego Jesús pronuncia una palabra extraña «Efata», probablemente en idioma Caldeo, porque la Fe es extraña a nosotros, no es un idioma que hablamos normalmente, es un idioma que se nos es dado: “la Fe”, nuestro idioma natal es la lengua que aprendemos, pero la fe se nos es dada como “una Gracia”. Y luego, el hombre podía hablar y oír bien, una vez que el hombre se abre a la Gracia de Dios, desde la Fe, puede hablar y conocer a  Dios, quizás antes también lo podía hacer, pero como este hombre también, no plenamente… porque así también los conocieron los filósofos, pero cuando uno se abre a la Fe, puede conocer a Dios de una manera mucho más cercana, y de una manera más experiencial.

Entonces, también Hoy Dios nos sigue hablando a través de acontecimientos, de hechos, de situaciones, no nos hagamos sordos, a la Palabra de Dios, que nos habla desde su Palabra, también de diferentes medios, familia, sociedad, para que también nosotros podamos hablar con claridad, a la sociedad, al mundo, a la familia y no tener miedo de ser profetas, que anuncien y denuncien. También este Evangelio, es de sanación, ya que Jesús nos sana y esa sanación que viene del Padre. La gente que quería a este enfermo lo acercó a Jesús, ¿por qué? porque quería ser sanado. Es Jesús quien nos sana y sana de verdad, los demás somos simplemente instrumentos, pero es él quien arranca con ese gemido al Padre Dios, este milagro de sanación, pero hay que acercarse o dejarse acercar a Jesús, y Jesús te lleva a un lugar aparte.

Nadie le va a decir a Jesús, qué tiene que hacer, como le dicen «impone las manos», no. Jesús lo llevó y tuvo actitudes y gestos concretos para con este hombre que lo apartó, le tocó los oídos, la lengua, algo que él necesitaba, y que le hacía bien y ese suspiro que arranca este milagro para este hombre, así también nosotros tenemos que suspirar a Dios, por nuestra sanación física, psíquica, emocional, no como a veces los mendigos hacen como una “fracesita” «una ayudita por favor… una ayudita por favor», sino con ese gemido interior que sale con el deseo de ser sanado, porque Dios Sana y sana de verdad, por eso, no busquemos “sanadores”, Dios es el que sana, en la medida en que nos dejemos sanar y en la medida que nos abramos a Dios, a su Palabra.

Luis Rafael Salas, SVD