Padre Marx: “No se va a poder borrar lo que en 40 años escribí”

Tras su muerte, en junio de 2009, las personas que siempre trabajaron con él siguieron con su labor y llevan adelante la Fundación que lleva su nombre.

CAPIOVÍ (Enviados especiales). El 22 de junio se cumplieron dos años de la desaparición física del sacerdote José Marx SVD, pero tal como le dijo alguna vez al hoy secretario de la fundación que lleva su nombre, Silvestre Strieder, “no se va a poder borrar lo que en cuarenta años yo escribí”, en referencia a sus obras.

Y el sacerdote acertó en sus palabras, ya que la fundación impulsa nuevos proyectos de ayuda y además sigue dando empuje a las obras ya comenzadas por Marx.

“Cuando él (el padre José) muere, comenzamos con la fundación. Hoy día, la mayor parte las obras son educativas: hay veinte Escuelas de la Familia Agrícola (EFA) y pronto se inaugurarán dos más, con 3.600 egresados, 2.700 alumnos regulares y 550 docentes. Un 50% de la provincia está cubierta por escuelas EFA. También tenemos seis escuelas primarias bilingües mbya guaraní: una escuela cabecera y cinco anexas, cada una en su comunidad, de forma que los chicos no tienen que trasladarse, porque inicialmente se formó con un régimen de permanencia, se hizo para adultos, pero cuando se cubrió un poco eso se replanteó lo de permanencia, porque a los chicos no los podés dejar una semana internados con siete u ocho años, entonces se optó por hacerlas en cada comunidad. A esto se suma una secundaria con sistema de alternancia (una semana adentro y otra afuera) que está en Yacutinga. Después tenemos el Profesorado en Ciencias Agrarias, donde está al frente Celso Limberger, que su a vez tiene dos tecnicaturas, y la radio Guadalupe Internacional en Capioví, que para el interior -más allá de que no se subvenciona por sí misma y tenemos que sostenerla- es una radio modelo por la infraestructura y el funcionamiento”, enumeró a PRIMERA EDICIÓN Strieder, quien trabajó junto al padre Marx desde el comienzo y hoy continúa fielmente con su obra.

Más allá de los proyectos educativos que impulsó el sacerdote y mantuvo la fundación, tienen proyectos sociales “que van apareciendo y que tratamos de cumplir, como el hospital de Colonia Aurora, que se hizo con el financiamiento de Europa y vino un arquitecto, hizo los planos, trabajó con Salud Pública en la funcionalidad y acompañó hasta la entrega de llaves del hospital que hoy en día funciona”, indicó.

Aunque los proyectos educativos están subvencionados y se autogestionan, la Fundación sigue aportando lo suyo, por ejemplo, en el caso de las escuelas bilingües, que -con vehículos donados- hacen el traslado de los niños para que asistan a clases.

Por medio de la Fundación Padre José Marx se gestionan y llevan a cabo distintos proyectos, todo “con ayuda de los benefactores que son principalmente alemanes y suizos que colaboran con la obra, entre otros. Por ejemplo, a través de dos fundaciones -Bemberg y Pérez Companc- se hizo en San Alberto Puerto (Puerto Rico) un trabajo muy grande, con un inversión de 140 mil pesos, y en una aldea -Oro Verde- se hizo una mejora en la parte habitacional, es decir, que salen de forma espontánea las obras y se van dando respuestas”, explicó.

 

Dedicado a ayudar

Hablar del padre José Marx es sinónimo de solidaridad. Miembro de la Congregación del Verbo Divino, el sacerdote dejó su huella por donde anduvo. “Amar es construir para los demás todos los días”, era su frase de cabecera y su guía de acción. Entre sus primeras obras se encuentra la compra de artesanía guaraní: “Él, junto a mi madre, organizaba las compras para ubicar las artesanías en distintos puntos del país. Hoy lo seguimos haciendo y llegamos a Puerto Iguazú, Neuquén, Buenos Aires, San Luis… Todos los meses invertimos entre 6.000 y 7.000 pesos, compramos las artesanías y las reubicamos”, explica Strieder, quien describe al padre Marx como un hombre “capaz de soportar la presión, una persona con un liderazgo increíble. Sabía perdonar y pedir perdón, trabajar para los demás; era una persona que mostró y enseñó mucho, con una sabiduría y una capacidad de brindarse a los demás increíbles”.

Su partida dejó un vacío, pero también un ejemplo de vida. Para ejemplificar cómo era, Strieder contó que “recibía muchas cartas donde le pedían ayuda y él mismo se encargaba de juntar y dar respuesta al pedido. Su casa estaba llena de cosas para entregar y de libros, porque trabajaba todo el día, pero siempre tenía tiempo para leer”.

Fuente: Diario “Primera Edición”, 04/08/2011