Pidan, busquen y llamen

YO ESTOY AQUÍ (17º Domingo C – Lucas 11,1-13 / Génesis 18,20-32 / Colosenses 2,12-14)

En el Evangelio de hoy, Jesús nos enseña a orar, pero para poder lograr que su Padre nos escuche, tenemos que entablar un diálogo con él, a través de la oración diaria. Esta oración tiene que ser constante y verdadera, para que podamos ser escuchados por Dios. Todos los días tenemos que orar para agradecer todas las cosas que Dios nos hace vivir, no sirve solamente asistir a misa dominical creyendo que ya cumplí con Dios. En realidad, la oración es necesaria y debe formar parte de nuestra vida cristiana, cuando estemos por realizar alguna actividad, proyecto, en situaciones difíciles y también en los buenos momentos, para que Dios nos guie y podamos realizar la mejor elección.

También es necesario reconocer que somos pecadores y que estamos dispuestos a que nuestros pecados sean perdonados, porque es así como él va a perdonarnos. Nosotros tenemos que tener la capacidad para perdonar a nuestro prójimo, aún cuando nos ofendan, y ser capaces de tener la fortaleza suficiente para evitar la tentación de volver a pecar. No podemos culpar a Dios por nuestros fracasos o porque nos pasó algo malo. Esto es fruto de nuestras acciones.

Si nosotros que somos seres imperfectos damos cosas buenas a nuestros hijos, nuestro padre celestial que es tan bueno, lo mejor que nos puede dar es el don del Espíritu Santo que nos hace ser hermanos de Jesús. No es el Dios que castiga, sino el Dios que perdona si en nuestro corazón existe el verdadero arrepentimiento.

Raúl Oscar Vilca
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy, Argentina