¿Qué poder tiene la semilla de Dios?

San Arnoldo Janssen, fundador de la Congregación del Verbo Divino

Luis O. Liberti svd

El próximo 8 de septiembre celebraremos un nuevo aniversario del inicio de nuestra Congregación religioso-misionera (137 años). Será una oportunidad para hacer memoria agradecida por los dones dispensados por Dios mediante el carisma promovido por San Arnoldo Janssen y la generación fundadora. También puede ser un momento para desafiarnos a la luz del último Capítulo General para renovar el compartir la missio Dei en “diálogo profético” con nuestros interlocutores y desde las dimensiones características.

Me permito reflexionar nuestro aniversario desde una de las narraciones emblemáticas de los evangelios. Lo iniciado por nuestro santo fundador bajo la inspiración del Espíritu Santo tiene relaciones con la predicación original y originante de Dios por medio de su Hijo (Verbo) Divino durante la vida pública en Galilea y Judea.

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En el capítulo 8 del evangelio según san Lucas se ubica la parábola del sembrador, como ordinariamente se denomina esta narración. También se la podría llamar la parábola de “la distinta suerte de la palabra (semilla) de Dios”. La narración fue valorada singularmente por las primeras comunidades cristianas, pues se halla en los tres evangelios sinópticos (Lc 8; Mc 4 y Mt 8). En el texto que nos interesa, el mismo escritor sagrado ha plasmado también la interpretación que Jesús hace de sus propias palabras. En general la parábola es “demasiado clara” y muchas veces sobran las interpretaciones cuando tenemos que predicarla o interpretarla.

Sin embargo, podríamos preguntarnos por qué la cuenta Jesús, por qué nos dice esto. Podríamos preguntarnos por qué nos dice esta parábola vista desde él mismo. Podemos imaginarnos que esta narración nace del corazón humano de Jesús, brota de su experiencia más íntima. A Jesús le ocupa seriamente la suerte de su propia palabra. Él viene, habla, predica y comunica la palabra de Dios. Estas son fuerza, luz y gracia, provienen del corazón de Jesucristo y se identifica totalmente con lo que dice. Brinda a la vez toda la energía de su corazón, de su amor y de su gracia. Habla desde el único lugar del cual pueden venir las palabras últimas y definitivas, pues Jesús proviene del designio salvífico del Padre y se comunica con un estilo propio y por lo mismo distinto de los otros maestros contemporáneos. Jesús es y tiene “palabras de vida eterna”. Por eso sus palabras son luces para alumbrar el camino hacia lo definitivo y verdadero.

Sin embargo Jesús se da cuenta que sus palabras no llegan a todos, halla oídos sordos y corazones fríos, halla hombres que tienen siempre una respuesta de repulsa, de superioridad, de burla o de escaso entendimiento. Por esto Jesús se pregunta con “dolor humano”, ¿cómo es posible que esta palabra dé tan poco fruto? Y comprueba que aunque todos somos creación de Dios, también tenemos actitudes y comportamientos libres, nadie está programado de ante mano para responder con la misma medida al amor de Dios. Este amor es respetuoso y dialogal. Reconocer esto le brinda al Señor un cierto sosiego y le infunde nuevo ánimo para seguir sembrando, para seguir caminando en los campos del mundo, echando al boleo su semilla infatigable, paciente, constantemente, en todo tiempo y sea el fuere el destino de esta semilla. Sembrar, y todo lo demás dejarlo a la disposición y voluntad del Padre.

Si seguimos preguntándonos por qué dice Jesús esta narración, será porque nos narra también a nosotros lo que es el consuelo de su propio corazón, entonces tenemos que responder con lo que a nosotros mismos nos pasa. Nosotros corremos el riesgo de “escandalizarnos”, somos tentados de creer que la palabra/semilla de Dios sembrada es ineficaz, insegura, inapropiada para el mundo de hoy. A no ser que tengamos cierto miedo, nos podemos preguntar: ¿dónde está el “brazo poderoso de nuestro Dios” en la historia de nuestro tiempo? ¿No tenemos la impresión que la palabra de Dios tendría que ser más poderosa, de que el poder de Dios tendría que ser más eficaz en la historia y que su luz debería brillar clara en nuestros corazones y en el mundo y su consuelo y energía llenar nuestros pobres y pálidos corazones? ¿Cuál es el destino de lo que se dice ser semilla de Dios en el mundo, vida de Dios y destino de Dios mismo? ¿No tiene que dirigirnos Jesús a nosotros esta parábola?

Pero también podemos vernos y repreguntarnos, los corazones de piedra, el duro terreno, los cardos y espinas de este mundo y los endurecidos caminos de esta historia, ¿no es todo ello abarcado, querido, permitido, “engendrado” por Dios mismo? Así pudiéramos sentirnos tentados a echar la responsabilidad sobre Dios mismo de la suerte de su palabra en el mundo.

Si sentimos esta tentación, es cuando nos hace falta oír una vez la parábola… para comprender cómo Jesús ha vivido y reflexionado esta tentación. ¿Cómo? debemos conquistar en nuestro corazón una tierra buena para la semilla de Dios, y si lo hacemos no preguntarnos nada más, esta semilla de Dios dará en nosotros, treinta, sesenta o el ciento por uno. Si meditamos sobre nuestra responsabilidad y la aceptamos, advertiremos que Dios, en su gracia, nos da además, que seamos terreno que responde a la semilla. Todo es gracia, todo es realmente misericordia de Dios, que da la semilla y el crecimiento.

Sólo cuando aceptamos que somos “socios” en la misión de Dios (y sus dueños) y nos esforzamos para optar que la vida y la misión de Jesús sea la nuestra, descubrimos la “perla” y el “tesoro escondido”: la gracia intransferible e inexcusable de remover una y otra vez el suelo de nuestro corazón y no dejar que se torne camino duro dónde se alimenten los pájaros, o crezcan las espinas o no encuentren profundidad las raíces.

Celebrar este nuevo aniversario es aproximarnos al espíritu “humilde” de San Arnoldo Janssen con cual inició la siembra de la Buena Noticia mediante la SVD. Nos decía el P. Heinz Kulüke SVD al ser elegido Superior General el 3 de julio pasado: “Hace algunos años me encontré con el P. Alt, el autor de la biografía de Arnoldo Janssen. Hace ya tiempo que deseaba preguntarle, luego de décadas de estudio sobre la vida de Arnoldo Janssen, cuál era la parte de la vida del fundador que a él mismo más le había tocado. Su respuesta fue muy simple. Lo que más le había tocado era la simplicidad de vida de Arnoldo Janssen, su profunda fe y confianza en Dios. Todo lo demás era secundario”.

En esta conmemoración del Nacimiento de la Virgen María y de nuestra Congregación, volvamos a roturar el terreno de nuestro corazón para que la Palabra de Dios al alimentar nuestra fe, acreciente nuestra esperanza y caridad en bien de todos los hombres y mujeres con quienes compartimos vida y misión.

A modo de conclusión, vuelvo sobre otros párrafos de la homilía del P. Heinz Kulüke: “Fue, es y será importante no dejar que nuestra fe permanezca en el nivel de reflexiones y rituales religiosos; dar lugar a nuestra consciencia, ver las cosas de forma diferente, especialmente desde la perspectiva de los pobres y marginados, y luego actuar de forma nueva junto a otros, incluyendo a cohermanos y laicos, que a menudo conocen las cosas mucho mejor que nosotros».

«Fue, es y será importante no perder el valor, no rendirse fácilmente aún cuando los problemas parezcan crecer en forma constante e imposible de resolver, cuando los que toman las decisiones en el gobierno y en la Iglesia tienen dificultades con reformas que son urgentes y necesarias; y luego, permanecer siendo portadores de esperanza para todos aquellos que viven en situaciones desesperantes, quienes necesitan la compañía de personas valerosas».

«Fue, es y será importante, que haya gente en todo el mundo que ‘hace propia’ la necesidad del compromiso con los pobres, para resistir a la tentación de volverse indiferentes, de no hacer nada o de hacer las cosas solo; de caminar junto con la gente que no tiene miedo de hacer preguntas y que no se conformarán con respuestas falsas, quienes permanecen siendo buscadores en el camino, acompañados por Quien (el Señor) ha recorrido ya este camino, con el objetivo de realizar una vida nueva y mejor”.

¡Viva el corazón de Jesús en los corazones de toda la humanidad!