¿Quién es?

365 días de expectativas, de ilusiones y desilusiones, de pasividad y superación, de lucha y derrotas, de esperanza y confianza. De sorpresas… de búsqueda. 365 días de encuentros, consigo mismo y con otras personas. Encuentros personales y encuentros “presentados” por terceros.

Al comenzar el 2012 y a lo largo del mismo, si me permites, quiero “presentarte” a una Persona a la que voy conociendo a lo largo de los años. No la descubrí yo solo, me la “presentaron” y siguen presentando otros que la conocieron, en vivo y en directo, o que han sido sus contemporáneos: Mateo, Lucas, Marcos, Juan…

 

¿Quién será o más bien, quién es?

Mirá. No sé cómo identificarlo. Presenta tantos aspectos. Exteriormente es un Hombre común y corriente. Viste, habla, camina como simple hijo de vecino. No resulta fácil distinguirlo de otros. Puede pasar a tu lado sin llamarte la atención. Comentan que es hijo de un tal José, carpintero de Galilea.

¿Su domicilio? La calle. Lo confesó Él mismo a un muchacho que, entusiasmado por su discurso, solicitó incorporarse a su grupo (Lc 9,57). Caminó todo el día, como si no sintiera cansancio. La bici, la 4 x 4, el colectivo, él no los conocía. Sin embargo, recorrió su país de norte a sur, de este a oeste. No caminaba a la bartola. Sabía dónde iba y por qué iba. Como si adivinara que alguien lo estaba esperando.

Una persona optimista. Conversadora. Humorista. En sus conversaciones a menudo recorre al refrán o a expresiones populares: “El vino añejo es mejor…”. Su mirada impresiona. No lastima. Va más allá de la piel. Sabe mirar. Es observador. Su persona es el tipo de persona que inspira confianza. Atrae. Impacta. Sin avasallar. Hay algo en él que te atrapa. Uno siente ganas de permanecer a su lado. De escucharlo. Tiene ideas utópicas y las expresa sin tapujos. Con total libertad. Sin temor a perder algún admirador (a). No tiene pelos en la lengua. Dice lo que tiene que decir y a quien tiene que decir, sin temor de perder popularidad o de escandalizar. ¡Qué diferencia con nuestros políticos en campaña!

El otro día se le ocurrió comentar: “¿De qué le sirve al hombre adueñarse del mundo si a la postre se pierde a si mismo?”; “Felices los pobres… los limpios, los sinceros”; “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. No se le entiende de buenas a primeras. Es su punto de vista, su mensaje. Muy bueno quizás, pero para la mentalidad de hoy… no sé quién se arriesgaría a vivir lo que propone. Aunque en este mundo de Dios, que lo hay, los hay. Abundan, chicos y grandes. También entre nosotros.

En otros aspectos, parece muy piola. Se da con toda clase de personas. Le encantan los niños. Defiende a la mujer. La gente se siente cómoda a su lado. Mantuvo respetuoso trato con gente humilde y no tenida en cuenta por la sociedad culta.

Bueno. No todos están de acuerdo con lo que propone. Hay señores a quienes su Persona y su prédica les cae pesada… indigesta. Tampoco le perdonan haberse rodeado de gente arrabalera, mal vista, inculta.

Lo acusan de político. Aunque en esto la cosa no es tan así. No descubrí en Él actitudes de político arribista, pero es como si sus palabras y su mensaje molestaran cuando reclama justicia, tolerancia, respeto, verdad, libertad. Una tarde abortó un movimiento popular que pretendía proclamarlo rey por la fuerza.

Pasa mucho tiempo con los enfermos, con personas no tan santas que digamos. Con prostitutas, con cobradores de impuestos. En comidas con “pecadores”…

Dotado de poderes sanadores, cura con algún contacto físico. Hasta devuelve la vida. Lo llamativo es que no corre atrás del dinero. Le gusta la fiesta. La otra noche participó de un casamiento y a instancias de su madre se “despachó” con un regalito: 600 litros del mejor vino. ¡Qué tal!

Es tan libre. Vale por lo que es. Hasta hoy no encuentro a nadie que lo iguale. ¿Quién será y cuál será su secreto?, me pregunto con sus colaboradores y sus acérrimos detractores.

¿Cómo terminó Jesús el Nazareno?  Traicionado por un amigo. Juzgado por sus ideas subversivas. Colgado de la Cruz por acreditarse como Hijo de Dios. A partir de la Cruz, su Persona y su Mensaje cobran su real dimensión: “No busquen entre los muertos al que vive”. (Lc 24,5)

A partir de este anuncio celestial y, alentados por un Espíritu fuera de lo común, los que lo acompañaron durante su vida pública -los apóstoles- aún a costa de su propia vida, llevaron adelante el Mandato y la Misión que les había encomendado al despedirse de ellos: “¡Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos!” (Mt 28,19-20)

¿Quién es?
Los Mateos, Marcos, Lucas y Juanes de ayer y también los de hoy y de aquí, te lo seguirán presentando hasta que un día escuches: “Este es mi Hijo predilecto. Escúchenlo”. (Lc 9,35)

P. Mariano Zakowicz SVD