Reino de amor, justicia y servicio

YO ESTOY AQUÍ (34º Domingo C – Lucas 23,35-43 / 2Samuel 5,1-3 / Colosenses 1,12-20)

 

Hoy celebramos la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Esta celebración vino de la tradición judía en el libro de Deuteronomio 17,18-20, en la cual el rey tiene la responsabilidad de servir con amor, ante todo. Y con esta fiesta de Jesucristo Rey del Universo concluimos el presente Año Litúrgico, para comenzar el próximo domingo con el Adviento, en preparación para la Navidad.

En efecto, Cristo no vino a establecer un reinado temporal, en el que el poder es limitado en el tiempo y en el espacio, por más duradero que sea, por más extenso que sea su territorio o por más influencia que pueda tener en el mundo. Por eso, Él no es rey como los de este mundo, puesto que su autoridad y su poder le vienen del Padre. Y esa autoridad y ese poder se centran y basan en el amor, puesto que Dios es amor. Es decir, su reino es el amor que está en cada uno de nosotros, en nuestros corazones. Esto está claro cuando este rey nació en el pesebre y ha transcurrido su vida en la tienda de un carpintero, no en un palacio, mientras que los reyes que conocimos mandaban y gobernaban en sus palacios. Nuestro Señor, como rey del universo sufrió mucho en la cruz, todo para servicio y amor.

Aquí llegamos a una idea de que su reino no es un lugar, sino que está en las personas que dan los corazones amorosamente y en las personas que estén llevando sus vidas según el deseo del Señor. Su reino no busca aumentar las riquezas, sino promover la paz, no para expandir sus fronteras, sino para esparcir y propagar los Evangelios. No son privilegios y dominaciones, sino un reino de amor, justicia y de servicio. Entonces Él es el rey no para dominar, sino para amarnos, no para gobernarnos, sino para servirnos.

Aún las preguntas, ¿cuál es el desafío? o si ¿ya está pasando su reino?, consideramos que debemos actuar con amor en el servicio, en la familia y comunidad. Las columnas del reino de Cristo son el amor y el servicio y seremos juzgados en el juicio final por el mismo amor y servicio que tengamos a los otros.

P. Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy