Renuncia y seguimiento

YO ESTOY AQUÍ (12º Domingo C – Lc 9,18-24)

170616Por Ian Nercua svd

En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice que ser sus discípulos implica renunciar a sí mismo, tomando la cruz con confianza y seguir sus pasos a través del cerro del Calvario. Nos dijo, “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

¿Qué significa renunciar a sí mismo?

1. Para renunciar a si mismo significa confiar en el poder del Señor y en su presencia y no depender de cosas mundanas. Porque cuando nuestra vida está conducida por lo que el mundo nos dice:

Primero, no podremos atestiguar la paz, porque estaremos ocupados haciendo las cosas para contestar nuestros sueños y deseos que nos presenta el mundo y nuestros intereses personales.

Segundo, no podremos aceptar lo que Jesús nos ofrece cada día, porque seguramente no podremos escuchar su voz por el ruido del mundo. Además, porque esperamos otras cosas que deseamos y como consecuencia, no valoramos lo que Jesús nos hace y nos regala cada día.

Tercero, no podremos saber cómo dar la vida al otro, porque no tenemos tiempo para darnos al otro.

2. Renunciar a si mismo significa aceptar las dificultades y los sufrimientos de la vida, como parte de nuestro camino. El Señor tuvo más sufrimientos de los que tenemos. Aprendamos de Pedro, que encontró difícil aceptar la misión de Jesús que terminaría con la cruz y la crucifixión. Él no vio por qué el dolor y el sufrimiento fueron necesarios para ser discípulos. Pedro pensó que formar parte del Reino de Dios era una cuestión de poder y éxito, de esplendor y gloria, de prosperidad y privilegio.

Hoy observemos que la mayor parte de nosotros, generalmente preguntamos por qué sufrimos. A veces estamos como Pedro, fallamos al comprender el papel del sufrimiento en el plan de Dios. Cuando las cosas fallan o nos equivocamos en nuestras decisiones, y las aflicciones vienen a nuestras vidas (falta de trabajo, problemas familiares, pérdida de un ser querido…), nuestra reacción primera es gritar a Dios, enojarnos con él, ¿Por qué? Cuando estamos enojados hasta cuestionamos a Dios, lo culpamos por todas las cosas ingratas que nos suceden. Para evitar eso, el evangelio nos desafía a aceptar las dificultades y para abrazar los dolores y los sufrimientos personales.

En el mundo, en el que existe la avaricia, la crueldad y la enfermedad, nuestro camino nunca está libre del sufrimiento y de dificultad. Es una realidad de la vida humana que debemos asumir con fe. Nuestra peregrinación terrenal es siempre un proceso con tribulación, pero Jesús nos ha mostrado cómo podríamos vencerlas. El las experimentó y las venció. Es por eso que hoy Jesús nos enseña a aceptar nuestras dificultades y nuestros sufrimientos de la vida como parte de nuestro camino. Porque escaparnos de estas y fingir que no están, no nos ayuda en nada y nos complica más nuestras vidas. Así, debemos renunciar a nosotros mismos y confiar en el poder del Señor y en su presencia, especialmente cuando los corazones son tentados a buscar el consuelo en cosas materiales o vicios como la droga y el alcohol, para evitar las dificultades y sufrimientos.

Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá – Jujuy