Seguir a Jesús con libertad

YO ESTOY AQUÍ (21º Domingo B, Jn 6,60-69)

Por María Angélica Bejarano

¿En qué consiste el seguimiento de Jesús? Para comenzar me detengo en los versículos Jn.6, “muchos dejaron de seguirlo… ¿ustedes también me van a dejar?”. Esta pregunta resuena en mi mente y corazón. Esta pregunta también es para cada uno de nosotros.

Muchos seguidores no aceptaron la verdad. Quizás Jesús no colmó sus intereses egoístas como hoy también los intereses de poder, dinero, sexo, nuestras, vanidades, etc.

El seguimiento a Jesús es libre, él no obliga a nadie, no atropella, no impone y menos condiciona a nadie, el respeta nuestras libertades y pregunta: abuelo, adulto, joven, mujer… “¿vas a dejarme?” La respuesta es nuestra, de cada uno es una decisión personal.

Si elegimos caminar con él y en él, significa vivir en la verdad. El Espíritu de Dios es como un espejo. Si el espejo de la palabra de Dios y si ese reflejo me muestra una imagen o figura que yo quiero ver entonces voy a seguir a Jesús, pero si la imagen que veo en el espejo metal como mi cuerpo y mi espíritu es y a mí no me gusta, es un reflejo desagradable, aparente, dejo todo y me voy porque me siento frustrado y me alejo de Jesús que es el rostro humano de Dios amoroso, que se hace uno de nosotros él es nuestra medida.

El Evangelio de Juan 6,68-69: “Señor ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros, creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios”. La confesión de Pedro nos invita a leer nuestra vida en la cual tenemos la opción de creer o no creer en Jesús.

Creer en Jesús es recibirlo, orientar nuestra vida con él y en él y su Palabra que es Vida. Es palabra de vida, palabra encarnada, palabra que se mueve, palabra que transforma, palabra de amor, palabra regeneradora, palabra, sanadora, palabra de vida eterna.

Y el no creer, es rechazar a Jesús y sus enseñanzas, y rechazar es lo mismo que andar como muerto, andar en la sequedad, en soledad, es caminar pero desorientados, caminar en un camino que no tiene sentido, andar en la vida en un sin sentido.

Este tema de creer o no creer, es fundamental en nuestras vidas y cada uno hace la opción. Pero si decidimos quedarnos con Jesús y creer en él, en su Palabra, quizás y de seguro viviremos, dificultades que se nos presentan en nuestras vidas, pero debemos tener la certeza de que si creemos en su palabra, en el mismo Jesús, recibimos un plus que él nos regala, la vida plena y en abundancia. Entonces, el creer en la Palabra de Jesús nos da vida eterna.

Recibamos esa palabra de vida en nuestros corazones, en nuestra vida diaria, en nuestra familia, en nuestro trabajo, y la palabra de Jesús, no sólo nos da Vida, sino nos hace hermanos, madres, nos hace familia de él: “mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y las ponen en práctica” (Lc 8,21). Pidamos que la Palabra del Señor, siga generando vida en cada uno de nosotros.

María Angélica Bejarano
Parroquia Ntra. Sra. de Loreto – Jujuy